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El placer de deslizarse sobre las olas.

Mientras Freeth se encontraba en California, Duke Kahanamoku, un surfero hawaiano, creó, junto a otros surferos amigos suyos, el club de surf "Hui Nalu" en Waikiki, siendo en esas fechas el primero en su género. También Duke fué invitado a visitar otro país: Australia, concretamente Fresh Water, una playa al norte de Sydney, para dar clases de surf y construcción de una tabla. Corría el año 1.915. El motivo de la invitación era debido a su reciente fama conseguida en 1.912 como campeón olímpico de natación. Duke hizo famosa en Australia la tabla fabricada en madera de sequoia, que ayudó al nacimiento del surf moderno.

Cartel de la película The endless summer, traducida en España como El gran miércoles.
Cartel de una de las películas más importantes sobre el surf y su estilo de vida "The endless summer".
El padre del windsurf, Tom Blake, propició el que sería el cambio más importante en las tablas de surf: las quillas. Desde el momento en que se probó en una tabla, ya nada volvió a ser igual.

Llega el momento de los cambios.
Siempre se quiere más, mejorar, progresar, y estaba claro que con las tablas que se empleaban, los problemas se multiplicaban al intentar maniobrar, o simplemente cuando las olas superaban el metro de altura.
A base de caídas, los grandes surfers de la época (los hawaianos John Kelly, Fran Heath, o Wally Froiseth, y los californianos Lorrin Harrison, Pete Peterson, etc.,...) vieron la necesidad de modificar las tablas. La primera conclusión fue clara: reducir la longitud.
Así pues, llegan los primeros grandes cambios: la cola de las tablas se estrecha con la intención de facilitar los giros, la tabla se acorta para ser más maniobrable, se cambia la posición del surfer sobre la tabla...

En este momento de evolución, un norteamericano de Wisconsin pero residente en California, llamado Tom Blake, que había conocido a Duke Kahanamoku en unas competiciones de natación en el año 1.924 y partiendo de los consejos de Duke, comenzó a fabricar sus propias tablas. Trabajaba, como no, en madera de sequoia, pero al darle forma, dejaba amplios huecos que daban como resultado tablas algo más cortas (4,5 metros) y bastante más ligeras (45 kilos frente a los 65 kilos iniciales). Los cambios son inmediatamente palpables, ya que se gana en maniobrabilidad y velocidad.

El afán investigador de Blake no cesaría: muchas pruebas, prototipos, quebraderos de cabeza... todo con el único objeto de conseguir tablas más rápidas, maniobrables y seguras. Y así, en 1.935 daría con un "invento" clave para la historia del surf: las quillas.

Después de no pocas pruebas, decide colocar una quilla en la parte trasera central de la tabla: aparece el basculamiento, se pierde en equilibrio.. pero los resultados en cuestión de maniobrabilidad dejan claro que era la antesala de grandes cosas. Cabe mencionar que Tom Blake era todo un inventor, ya que años después sería el osado en acoplar una vela a una tabla de surf (si, si, él inventó el windsurf!!!) o fabricar una carcasa estanca para realizar fotos dentro del agua...

Un estilo de vida.
Los años 40 vendrían marcados por la aparición de un nuevo tipo de madera en la construcción de las tablas. Se trataba de la madera de balsa, con la que el primer gran logro fue el de aligerar enormemente el peso. Todo parece indicar que fueron los californianos Harrison y Peterson los primeros que mezclaron la madera de balsa con la de sequoia. El trabajo no era nada sencillo y la figura del shaper (el diseñador y creador de la tabla) comienza a adquirir gran protagonismo. Las tablas se componían de diferentes piezas a las que había que dar forma antes de ensamblarlas. Mientras tanto, se inicia en las playas de Malibú la idealización del modo de vida surfer: por ejemplo, Bob Simons era un surfero que se quedaba a dormir en la playa en su coche esperando a que entraran las olas. Éste se convirtió en una de las leyendas del surf californiano, incrementando su aureola de fama cuando desapareció entre las olas a mediados de los años 50.

En la década de los 60, época dorada en la historia del surf, asistimos a la aparición de las maniobras que hoy denominamos clásicas. Fue una época en la que la madera de balsa pierde protagonismo para dar paso a una combinación de foam (espuma) de poliuretano con resina de poliester. Es aquí donde aparece la figura de Gordon Clark (alias Clark Foam), un químico que gracias a la textura que proporciona el foam, permite dar forma a las tablas con facilidad. Aparecen los canales, el rocker, diferentes tipos de colas...

En esta década, la emigración de surfers californianos a Hawaii se hace masiva. Allí estaban las olas más desafiantes, los mayores retos. Pero esas olas enormes de paredes casi verticales exigían unas características especiales en las tablas. Es así como asistimos al nacimiento de los gun, tablas con punta afilada en lugar de redondeada y de forma más estrecha que permitía enfrentarse con más garantías a las potentes y grandes olas hawaianas.

Curiosamente el cambio más espectacular y decisivo para la evolución del surf, iba a llegar desde el otro lado del mundo, de Australia. Desde allí Nat Young aportará un nuevo estilo al surf, lleno de virajes, aéreos, cambios de dirección, y todo gracias a una tabla bastante más corta. Llegábamos a los años 70 y los giros pasan a convertirse en la obsesión de surfers y shapers. Ya lo más importante no era recorrer una distancia enorme, sino permanecer el mayor tiempo posible próximo a la espuma en la zona de mayor velocidad de la ola.

Los 70 y 80 siguieron viendo una evolución que no cesaba, llena de carismáticas figuras. De las tablas de una quilla, se pasaría a las de dos quillas que el australiano Mark Richards (4 veces campeón del mundo) se encargaría de hacer populares. Poco después llegarían las tres quillas, obra de otro australiano, Simon Anderson, que hoy en día siguen siendo las más populares.

Y así y hasta la fecha, el surf ha ido, como cualquier otro deporte, progresando gracias la aportación de cientos de personajes anónimos que con sus impresiones, sus pruebas y sus cada vez más radicales impresiones y percepciones sobre la manera de surfear, han convertido a aquel deporte en el que uno se sentía hopupu, en el estilo de vida de millones de practicantes en todo el mundo, necesitados de esa sensación que sólo te pueden proporcionar las olas.

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