La ola asesina. Un tsunami o maremoto, se genera a causa (por lo general) de un terremoto submarino, en el que el fondo marino es movido abruptamente en sentido vertical, de modo que el océano es impulsado fuera de su equilibrio normal, lo que genera las olas, más grandes cuanto mayor sea la deformación vertical del fondo marino. No todos los terremotos generan tsunamis, sino sólo aquellos de magnitud considerable (a partir una magnitud 6.4 en la escala Richter el tsunami es apreciable y son realmente destructivos a partir de una magnitud 7. El terremoto de 2004 en el Índico fue de una magnitud 9), que ocurren bajo el lecho marino y que son capaces de deformarlo.
Se calcula que el 90% de ellos son provocados por terremotos, en cuyo caso reciben el nombre de tsunamis tectónicos. La energía de un tsunami depende de su altura (amplitud de la onda) y velocidad. La energía total descargada sobre una zona costera también dependerá de la cantidad de picos que lleve el tren de ondas (en el que nos ocupa, hubo 7 picos). Esta palabra fue adoptada en un congreso de 1963, y proviene de los términos japoneses “tsu”, que significa puerto o bahía, y “nami”, que significa ola. Antiguamente se les llamaba “marejadas”, “maremotos” u “ondas sísmicas marinas”, pero estos términos ya no se utilizan porque no describen adecuadamente este fenómeno.
Simulación en la que vemos cómo se produce y las consecuencias que provoca un tsunami (cortesía de Eroski / Consumer ).
Este tipo de olas remueven una cantidad de agua muy superior a las olas superficiales producidas por el viento. Un tsunami tectónico producido en un fondo oceánico de 5 km de profundidad, removerá toda la columna de agua desde el fondo hasta la superficie. El desplazamiento vertical puede ser tan solo de centímetros pero si se produce a la suficiente profundidad la velocidad será muy alta y la energía transmitida a la onda será enorme. Aun así, en alta mar la ola pasa casi desapercibida ya que queda camuflada entre las olas superficiales. Sin embargo, destacan en la quietud del fondo marino, el cual se agita en toda su profundidad.
La mayoría de los tsunamis se originan a lo largo del denominado Círculo de Fuego, una zona de volcanes con importante actividad sísmica de 32.500 km de longitud que rodea el océano Pacífico, si bien se pueden producir en otros lugares, como en España, donde la mayor mortandad asociada a un tsunami tuvo lugar el 1 de noviembre de 1755 en la región del cabo San Vicente y barrió las costas del golfo de Cádiz. Las ondas creadas por el llamado terremoto de Lisboa destruyeron las murallas gaditanas, desplazando bloques de piedra de diez toneladas más de cincuenta metros. Y es que un tsunami puede viajar cientos de kilómetros por alta mar y alcanzar velocidades en torno a los 725 u 800 km/h. La ola, que en el mar puede tener una altura de solo un metro, se convierte súbitamente en un muro de agua de decenas de metros al llegar a las aguas poco profundas de la costa, y es capaz de destruir cuanto encuentre en ella.
No debemos confundir un tsunami con las olas provocadas por huracanes o temporales que, al igual que los tsunamis, entran en tierra. Sin embargo, son olas provocadas por el viento (si, un viento muy fuerte, pero viento al fin y al cabo). Tampoco se debe confundir con las denominadas “olas de marea” (como las conocidas rissagas) ya que estas están relacionadas con un desajuste oceánico producido por la atracción gravitacional.
El interior de un monstruo.
Pero, ¿qué lleva a que esa alteración del fondo marino provoque un tsunami?. La teoría lineal predice que las olas conservarán su energía mientras no rompan en la costa, y la disipación de la energía cerca de la costa, dependerá de las características del relieve marino. La manera como se disipa dicha energía antes de romper depende de la relación entre la altura de la cresta de la ola y de la profundidad en que se produjo el seísmo. Una vez llega a tierra la forma en que la ola rompe depende de esta relación. Como la longitud entre los picos de las olas (longitud de onda) siempre es mucho mayor que la altura de la cresta, las olas romperán como lo hacen las olas bajas y planas. Esta forma de disipar la energía es poco eficiente y lleva a la ola a adentrarse tierra adentro como una gran marea.
Esta es la zona denominada el Anillo de Fuego, que como se puede apreciar, abarca gran parte del Pacífico.
Cuanto más abrupta sea la costa, más altura alcanzará pero seguirá teniendo forma de onda plana. Se puede decir que hay un trasvase de energía de velocidad a amplitud. La ola se frena pero gana altura. Pero la amplitud no es suficiente para explicar el poder destructor de la ola. Incluso en un tsunami de menos de 5 m los efectos pueden ser devastadores. La ola es mucho más de lo que se ve. Arrastra una masa de agua mucho mayor que cualquier ola convencional, por lo que el primer impacto del frente de la onda viene seguido del empuje del resto de la masa de agua perturbada que presiona haciendo que el mar se adentre más y más en tierra. Por ello, la mayoría de tsunamis tectónicos son vistos más como una poderosa riada, en la cual es el mar el que inunda a la tierra, y lo hace a gran velocidad.
Antes de su llegada, normalmente el mar acostumbra a retirarse varios centenares de metros, como una rápida marea baja. Desde entonces hasta que llega la ola principal pueden pasar de 5 a 10 minutos. A veces, antes de llegar la cadena principal de tsunamis, los que realmente arrasarán la zona, pueden aparecer "microtsunamis" de aviso. Esto fue lo que ocurrió el 26 de diciembre del 2004 en las costas de Sri Lanka, donde, minutos antes de la llegada de la ola fuerte, pequeños tsunamis entraron unos cincuenta metros playa adentro provocando el desconcierto entre los bañistas antes de que se les echara encima la ola mayor. Según los testimonios se vieron rápidas y sucesivas mareas bajas y altas, luego el mar se retiró por completo y solo se sintió el estruendo atronador de la gran ola que venía.
Debido a que la energía de los tsunamis tectónicos es casi constante, pueden llegar a cruzar océanos y afectar a costas muy alejadas del lugar del suceso. La trayectoria de las ondas puede modificarse por las variaciones del relieve abisal, fenómeno que no ocurre con las olas superficiales. Los tsunamis tectónicos, al producirlos el desplazamiento vertical de una falla, la onda que generan suele ser un tanto especial. Su frente de onda es recto en casi toda su extensión y sólo en los extremos se va diluyendo la energía al curvarse. La energía se concentra, pues, en un frente de onda recto, lo que provoca que las zonas situadas justo en la dirección de la falla se vean relativamente poco afectadas, en contraste con las zonas que quedan barridas de lleno por la ola, aunque éstas se sitúen mucho más lejos. El fenómeno es parecido a una onda encajonada en un canal o río. La onda, al no poder dispersarse, mantiene constante su energía. En un tsunami sí existe, de hecho, cierta dispersión pero, sobre todo, se concentra en las zonas más alejadas del centro del frente de onda recto.
Detalle del epicentro del terremoto que sacudió Indonesia en 2004 y de las placas téctonicas que entraron en colisión.
Diferentes tipos de tsunami.
Existen otros causas, menos corrientes, que también pueden producir tsunamis, como erupciones volcánicas, deslizamientos de tierra, meteoritos o explosiones submarinas. Estos fenómenos pueden producir olas descomunales, mucho más altas que las de los tsunamis corrientes. Ese tipo de tsunamis son los llamados megatsunamis, y aunque este término no es científico, puede usarse de forma poco rigurosa para referirse a los tsunamis generados por causas no tectónicas. De todas estas causas alternativas, la más común es la de los deslizamientos de tierra producidos por erupciones volcánicas explosivas que pueden hundir islas o montañas enteras en el mar en cuestión de segundos. También existe la posibilidad de desprendimientos naturales tanto en superficie como bajo ella. Este tipo de tsunamis tiene diferencias bastante drásticas con los tsunamis tectónicos. El único megatsunami registrado, tuvo lugar en en Lituya Bay (Alaska) en 1958 y provocó una ola que alcanzó los 518 metros de altura, mientras que el último megatsunami que golpeó una zona poblada se cree que tuvo lugar hace 4.000 años. Según los geólogos, suelen estar causados por deslizamientos de tierras en amplias extensiones de agua, como el derrumbe de islas en mares y océanos.
De hecho, los estudios científicos indican que la isla canaria de La Palma, será la próxima en sufrir un derrumbamiento. Dicha isla posee dos focos volcánicos estando sólo el volcán de Cumbre Vieja (al sur de la isla) activo en la actualidad. Los volcanes de La Palma poseen una característica poco común: en su interior albergan agua de lluvia almacenada durante miles de años, dándoles la característica de ser inestables. La última erupción ocurrió en 1949 y provocó un deslizamiento de tierra que abrió una zanja de 2 km de largo entre el este y oeste de la zona sur de La Palma. Los científicos prevén que Cerro Viejo tardará varias decenas de años en volver a entrar en actividad y necesitaría al menos 5 o 6 erupciones más para provocar la caída de la plataforma este del volcán al mar, lo que llevaría a crear una ola de más de 600 m de altura que cruzaría el Océano Atlántico en varias horas, alcanzando la costa este estadounidense y arrasando ciudades como Nueva York o Miami, además de la costa europea, provocando la mayor catástrofe natural que haya sido registrada.