- Indonesia, 26/12/2004 -
El desastre del Índico.
A las 07:59 (00:59 GMT) del 26 de diciembre de 2004, en el norte de Indonesia ocurrió un terremoto, producido por una violenta ruptura en una falla de unos 1.000 kilómetros de extensión. Este sismo envío grandes masas de agua contra las costas del sur y este de Asia. Indonesia se localiza, como ya hemos mencionado, dentro del Cinturón de Fuego del Pacífico, en el cual chocan las placas tectónicas y numerosos volcanes se encuentran en actividad, constituyendo una zona muy sísmica y propensa a los terremotos. En concreto, el seísmo se produjo debido a que dos placas tectónicas, la Australiana y la de Eurasia, chocaron, lo que envío temblores a toda la región.
El terremoto del Índico, fue un seísmo submarino con una magnitud de 9.2 que hizo temblar el este del Océano Índico el 26 de diciembre de 2004 a las 00:58 UTC, o 07:58 en el tiempo local de la región. En el terremoto, que se originó en el mar cerca de la costa norteña de la isla indonesia de Sumatra, el fondo marino fue desplazado unos 10 metros en forma vertical a lo largo de toda la falla. Este movimiento desplazó a su vez a cientos de metros cúbicos de agua y generó el tsunami. La onda luego se expandió por todo el Océano Índico con una velocidad enorme y provocó varios tsunamis masivos que afectaron a áreas costeras de ocho países asiáticos y causaron la muerte de aproximadamente 288.000 personas. Este fue el quinto terremoto más fuerte de la historia moderna (desde que se registran con sismógrafos).
Múltiples tsunamis golpearon las regiones costeras del Océano Índico, devastando regiones enteras, incluida la isla de Phuket en Tailandia, Phi Phi y los establecimientos costeros de Phang Nga y Krabi; Aceh en Indonesia, la costa este de Sri Lanka (desde Jaffna en el norte hasta las populares playas en el sur, fue devastado, así como los distritos de Muttur y Trincomalee, que fueron arrasados por las aguas con olas de hasta seis metros de alto), zonas costeras de la India en el estado de Tamil Nadu, e incluso en lugares lejanos como Somalia, a 4.100 km al oeste del epicentro.
Tanto gobiernos como organizaciones no gubernamentales temieron que el número de víctimas se duplicara debido a la posibilidad de epidemias de enfermedades relacionadas con la contaminación del agua, tales como el cólera y la disentería, si bien no se llegó a este extremo. Organizaciones de ayuda humanitaria reportaron que cerca de un tercio de las víctimas mortales fueron niños. Esto fue consecuencia de la alta proporción de menores en las poblaciones de las zonas afectadas, y también del hecho de que los niños pudieron oponer menos resistencia para evitar ser arrastrados por las aguas.
La cifra de muertos fue particularmente alta, ya que era la primera vez en más de 100 años que un tsunami en el Océano Índico afectó a sus costas, con lo cual los países afectados estaban poco preparados para ello e incluso sus pobladores no supieron reconocer las señales de advenimiento del maremoto. El último tsunami que tuvo lugar en la zona se debió a la erupción del Krakatoa en 1883.
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La actuación internacional frente a la catástrofe.
A pesar de que la zona es especialmente sensible a este tipo de fenómenos y de que la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) perteneciente a la UNESCO, creó un sistema de alerta contra los tsunamis en el Pacífico, los sistemas en la zona afectada no eran precisamente de lo más moderno (por no decir inexistentes), si bien, gracias a los datos proporcionados por las estaciones sísmicas y los mareógrafos, se pudo intuir la gravedad de lo que acababa de suceder. Pero la previsión fue inexistente.
Por ello, un día después de la catástrofe que afectó a los países ribereños del Índico, la UNESCO propuso la puesta en marcha de un sistema transitorio de alerta en el Índico, que podría funcionar a partir de junio de 2006 a la espera de que se cree un sistema mundial, un año más tarde. Pero las posibilidades de éxito y la eficacia del sistema dependen también de los esfuerzos que cada país haga en el largo plazo. Porque existe el riesgo de que la prevención de los tsunamis, fenómenos poco frecuentes, deje pronto de ser una prioridad. De ahí la necesidad de desarrollar una cultura de prevención que permita recordar siempre que el riesgo existe.
La ayuda internacional fue apabullante. En dos días comenzó la distribución de suministros de socorro, vacunas contra el sarampión, medicamentos antipalúdicos, agua salubre y saneamiento básico a los supervivientes. Y gracias a los esfuerzos coordinados de los gobiernos, UNICEF, otros organismos de Naciones Unidas y numerosas organizaciones no gubernamentales, fue posible proteger la salud general de cientos de miles de personas y evitar brotes de enfermedad importantes.
Para el 31 de diciembre de 2005, un año después, los donantes particulares y gobiernos habían aportado 660 millones de dólares a las labores de asistencia y recuperación de UNICEF; 215 millones se invirtieron de inmediato, el 96% en labores de asistencia directa a las zonas afectadas por el tsunami y en actividades de recuperación en ocho países, y el 4% restante a las oficinas centrales y regionales para actividades relacionadas con el tsunami. Los 445 millones restantes se emplearán en las labores de reconstrucción en marcha, que se terminarán a finales de 2007.
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