Son heridas ocasionadas por los dientes de un animal o por el hombre. Se caracterizan por ser laceradas y punzantes, presentar hemorragias y a veces shock.
Una persona mordida corre alto riesgo de infección (entre ellas el tétano) porque la boca de los animales está llena de bacterias.
Mordeduras de animales potencialmente rabiosos.
En el manejo de las mordeduras existen unas normas generales de actuación que incluyen la limpieza antiséptica, el desbridamiento de los bordes de la herida sin suturar y la prevención de posibles infecciones. Sin embargo, dependiendo del tipo de agresor, se pueden plantear distintos problemas clínicos: rabia, intoxicaciones por veneno y otros como a continuación se expone:
Exploración de la herida y tejidos lesionados.
Limpieza y antisepsia.
Desbridar la herida. NUNCA SUTURAR UNA LESIÓN PRODUCIDA POR MORDEDURA.
Aproximadamente dos millones de personas son mordidas anualmente por animales, y 500.000 corresponden a heridas por perros. La incidencia de la rabia en humanos ha disminuido considerablemente en las últimas décadas gracias a la efectividad de un programa de vacunación intensiva en cachorros, fundamentalmente perros y gatos. En este país, actualmente, el origen más frecuente de la infección por rabia es el grupo de animales carnívoros de especies silvestres. Son animales potencialmente rabiosos:
Salvajes (lobos, zorros, mofetas, linces, murciélagos).
Domésticos (gatos y perros, principalmente cachorros sin vacunación).
Roedores raramente.
El tratamiento de las mordeduras por animales potencialmente rabiosos incluye los principios quirúrgicos básicos en el cuidado de las lesiones de tejidos blandos (limpieza, antisepsia, desbridamiento y antibioterapia si procede). La decisión médica más apremiante en estos casos radica en definir si debe o no administrarse tratamiento antirrábico en el paciente mordido, en función del tipo y estado del animal agresor, y de la exposición que ha recibido la víctima. Cuando el animal es conocido y aislado, puede diferirse la terapia durante un periodo de observación en el que el animal puede morir afecto de rabia. Si el animal no es capturado ha de tomarse una decisión basándose en la incidencia de rabia en la región, y del comportamiento del animal al atacar.
Mordeduras humanas.
En el ámbito clínico son relativamente poco frecuentes las mordeduras por humanos, pero pueden plantear problemas graves. Se conocen tres tipos:
Genuina: El agresor clava sus dientes en la víctima pudiendo producir heridas por punción, desgarros o desprendimiento de tejidos, particularmente en el lóbulo de la oreja, lengua o pirámide nasal.
Automordeduras: generalmente de lengua o labios, que suelen acontecer en caídas o crisis convulsivas.
Lesiones por puñetazos (deben ser consideradas como mordeduras), con abrasión y laceración de los nudillos y la mano.
El problema clínico más grave que se presenta en las mordeduras humanas es la infección. La flora del hombre contiene más gérmenes patógenos que cualquier animal. Procede, por tanto, considerar la probabilidad de contaminación masiva de la herida y tratar consecuentemente.
El tratamiento de la lesión pasa por los siguiente puntos:
Limpieza cuidadosa con abundante suero y jabón o solución antiséptica.
Examen de daños.
Desbridar la herida.
Nunca suturar primariamente la herida abierta, incluyendo tendones o nervios seccionados
|