| La Kriegsmarine y su guerra en la superficie. |
Pero no sólo los submarinos alemanes participaron de esta cacería. La Armada del gobierno del III Riech también se mostró muy efectiva a partir del momento en que quedó liberada de sus operaciones de invasión de Noruega, y así, a partir del verano de 1.940, inició sus actividades en el Atlántico. El poder de la Kriegsmarine de superficie, quedó demostrado con el desastre que provocó en el convoy HX-84, que fue localizado por el acorazado Admiral Scheer en 5 de noviembre de 1.940. En apenas unos instantes, éste mandó a pique a cinco mercantes y dañó a otros tantos antes de que el convoy pudiera ponerse a salvo gracias al sacrificio del escolta, un mercante armado, el HMS Jervis Bay.
En ese momento, la máxima prioridad de la Royal Navy pasó a ser la interceptación del Admiral Scheer, con lo que suspendió momentáneamente los convoyes. Pero esta operación fracasó, ya que el acorazado alemán desapareció en el Atlántico Sur y no fue localizado de nuevo hasta el mes siguiente en el Océano Índico. De todos modos, otros cazadores de superficie alemanes sustituyeron al momentáneamente desaparecido Admiral Scheer. El día de Navidad de 1.940, el crucero Admiral Hipper, atacó al convoy de tropas WS-5A, si bien fue rechazado por los escoltas. Tuvo más suerte dos meses después, en concreto el 12 de febrero de 1.941, cuando encontró al convoy SLS-64, que carecía de escolta. De los 19 buques que lo conformaban, hundió 7 de ellos. En enero de 1.941, los formidables acorazados alemanes Scharnhorst y Gneisenau, mucho más potentes que cualquier otro buque aliado, zarparon de Alemania al mando del almirante Gunther Lutjens, para dedicarse a interceptar buques Aliados en la que se denominó Operación Berlín. En total, navegaron alrededor de 18.000 millas en 60 días y destruyeron o capturaron 22 buques.
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Una patrulla de dos U-boot, a la caza de un convoy en el Atlántico Norte, en la primavera de 1.941. |
En mayo, los alemanes montaron el más ambicioso dispositivo de caza de todos: la Operación Rheinübung, en la que participaron el acorazado Bismarck y el crucero Prinz Eugen. Sin embargo, puestos sobre aviso por la inteligencia británica de las intenciones de estos dos colosos del mar, un escuadrón interceptó a ambos en las cercanías de Islandia. Se desencadenó entonces la denominada Batalla del Estrecho de Dinamarca, que resultó inicialmente desastrosa para los británicos, ya que perdieron al crucero HMS Hood. El único hecho positivo de este enfrentamiento fue que un torpedo británico alcanzó los timones del Bismarck, lo que permitió su captura y hundimiento tres días después. De este modo, se acababan las incursiones de caza de los cruceros alemanes, ya que poco después del hundimiento del Bismarck, tanto el Scharnhorst, como el Gneisenau y el Prinz Eugen regresaron a sus bases en Alemania (febrero de 1.942): la pérdida del Bismarck, los convoyes árticos y la percepción de una posible invasión aliada en Noruega, persuadieron a Hitler de mantener en el agua a su flota de superficie.
Y es que la guerra había llegado demasiado pronto para que el denominado Plan Z alemán, estuviera finalizado. Éste, tenía por una parte como objetivo primario, la finalización de dos cruceros que se encontraban en construcción en el momento en que se inició la confrontación mundial (el Bismarck y el Tirpitz) y de los cruceros pesados Admiral Hipper, Blücher y Prinz Eugen y con la intención era dejar listos antes de 1.945 cuatro portaviones, seis cruceros Clase H, tres cruceros Clase O, doce cruceros panzerschiffe Clase P, dos cruceros pesados Clase Hipper (el Seydlitz y el Lützow), cuatro cruceros ligeros Clase M, dos cruceros ligeros de Clase M mejorados, y seis grandes destructores Clase Spähkreuzer. Una potentísima flota que debía, y ese era el segundo objetivo del Plan Z, obtener la supremacía marítima sobre los enemigos de Alemania, especialmente Gran Bretaña.
El concepto de este Plan Z basaba, como hemos podido ver, la superioridad naval alemana, en los cruceros y acorazados capaces de aniquilar simultáneamente a la escolta y al convoy entero. Como sabemos, estos planes no llegaron a ver la luz, pero los daños causados por los U-boot, las minas y las incursiones aéreas alemanas, además de la corta campaña de su flota de superficie, redujeron dramáticamente las importaciones británicas y pusieron en duda el sistema de transporte mediante convoyes. Si no se tomaban cartas en el asunto, se podría producir el colapso de Gran Bretaña. Y eso significaba perder la guerra.
Los escoltas reaccionan.
Las desastrosas batallas de octubre de 1.940, forzaron a los británicos a cambiar sus tácticas. Quizá la más importante de todas fue la introducción de grupos de escolta permanentes con el objeto de mejorar la coordinación y efectividad de las tripulaciones en la batalla. Los esfuerzos Aliados se vieron respaldados por el gradual incremento de buques escolta cedidos por los norteamericanos y por la llegada de nuevos elementos, tanto británicos como canadienses, de corbetas de tipo Flower Class. La mayoría de estos buques, formaban parte de la extensa expansión que tenía en marcha la Royal Canadian Navy. Es significativo mencionar que muchos de estos nuevos buques, eran tripulados y/o dirigidos por franceses, noruegos u holandeses, con lo que la campaña se tornó, cada vez más, en una cuestión Aliada que puramente británica.
Inicialmente, los nuevos grupos de escolta consistían en dos o tres destructores y media docena de corbetas, si bien generalmente dos o tres de estas unidades (era rotatorio y en base a las circunstancias) se solían encontrar en dique seco (reparaciones, daños en una batalla…), con lo que el número real de escoltas no sobrepasaba las seis unidades. El entrenamiento de los escoltas también se mejoró, adaptándose a las necesidades en combate. Se creó una nueva base en Tobermory, en las Islas Hébridas, a fin de preparar estos nuevos grupos de escolta y sus tripulaciones. Estaban bajo el estricto mando del vicealmirante Gilbert O. Stephenson.
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Convoy canadiense defendiéndose, con cargas de profundidad, del acecho de una Jauría alemana. En los primeros compases de la guerra, esta era la única posibilidad de que disponían para sobrevivir los convoyes atlánticos. |
Para febrero de 1.941, el Almirantazgo decidió desplazar el cuartel general del Western Approaches Command desde Plymouth a Liverpool, con la intención de estar más en contacto y controlar mejor los convoyes del Atlántico. La gran cooperación ya existente con las fuerzas de apoyo aéreo, se mejoró. En abril, el Almirantazgo tomó el control de los aviones del Comando de Costas y se introdujo un importante elemento de detección de los U-boot alemanes: un nuevo radar de onda corta que permitía detectar a los submarinos germanos en superficie.
El impacto de este cambio de estrategia, se dejó sentir en las escaramuzas y batallas que tuvieron lugar en la primavera de 1.941. A principios de marzo, Günther Prien no consiguió volver de una patrulla. Dos semanas después, en la batalla del convoy HX-112, el recién formado Tercer Grupo de Escolta, que contaba con cinco destructores y dos corbetas, desarboló el ataque de una Jauría alemana. El U-100 fue detectado por el primitivo radar del destructor Vanoc y hundido. Poco después, el U-99 fue también localizado y hundido, si bien se capturó previamente a su tripulación. Dönitz había perdido a sus tres principales ases: Prien, Kretschmer y Schepke.
La reacción de Dönitz fue ordenar que sus Jaurías se desplazaran más hacia el oeste, con la intención de atacar los convoyes antes de que se les unieran las escoltas. La nueva estrategia alemana pronto obtuvo sus frutos y en abril una Jauría localizó el convoy SC-26 antes de que se le uniera su escolta, logrando hundir un total de diez buques mercantes, si bien se los alemanes perdieron un U-boot.
El 9 de mayo se produjo un hecho trascendental en el curso de la guerra. El HMS Bulldog capturó el U-110 y recuperó, intacta, una máquina de codificación Enigma. En combinación con otro par de capturas, este se convirtió en un momento crucial para los esfuerzos Aliados en el desciframiento de los códigos secretos alemanes. La máquina fue inmediatamente enviada a Bletchley Park (centro neurálgico de la Inteligencia británica) donde se trabajó intensamente para lograr descifrar estos códigos. El duro trabajo, dio sus frutos y los códigos navales alemanes pudieron ser descifrados, con lo que los Aliados se pusieron un paso por delante en la guerra.
- Dönitz, Karl, Diez años y veinte días, Ed. La Esfera de los libros, Madrid, 2005.
- Rayner, Denys, Escort: The Battle of the Atlantic, Ed. William Kymber, London, 1955.
- Robertson, Terence, The Golden Horseshoe, London, 1997.
- Blair, Clay, Hitler's U-boat War. Comprehensive history of the campaign , London, 2000.
- Gannon, Michael, Operation Drumbeat, Ed. Harper and Row, London, 1998.
- Rohwer, Dr. Jürgen, The Critical Convoy Battles of March 1943, Ed. Ian Allan, London, 1977.
- Woodman, Richard, The Real Cruel Sea; The Merchant Navy in the Battle of the Atlantic, 1939-1943, Ed. Harper and Row, London, 2004.
- Williams, Andrew, The Battle of the Atlantic: Hitler's Gray Wolves of the Sea and the Allies' Desperate Struggle to Defeat Them , Ed. HarperCollins, Canada, 1997.
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