| Llegada a Montevideo y decisión final. |
Una vez en Montevideo, los alemanes liberaron a 61 tripulantes de diferentes mercantes británicos hundidos que se encontraban a bordo. Posteriormente, Langsdorff solicitó al Gobierno uruguayo permiso de dos semanas para realizar reparaciones en el buque. Inicialmente, los diplomáticos británicos, y en especial Eugen Millington Drake, presionaron para que se obligara a zarpar inmediatamente al Graf Spee. Tras consultar con Londres, que estaba al corriente de que no disponía de fuerzas significativas en la zona, se reafirmaron en su postura y secretamente instaron a los mercantes británicos a zarpar de Montevideo en intervalos de 24 horas a pesar de que lo tuvieran programado o no. El motivo de esta solicitud se debía a que existía una estricta normativa internacional, vigente en el puerto, que obligaba a bloquear la salida de cualquier buque beligerante que deseara zarpar de un puerto neutral antes de 24 horas de la última salida de cualquier mercante del bando contrario. De este modo, se estaba obligando al Graf Spee a permanecer anclado mientras zarpaban todos los mercantes y permitía ganar tiempo a las fuerzas británicas que pretendían alcanzar el lugar.
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Mapa de la situación en el estuario del Río de la Plata. |
Al mismo tiempo, la inteligencia británica estaba haciendo considerables esfuerzos por pasar información falsa a los alemanes a través de su red de espías, sobredimensionando el número de efectivos que se estaban desplazando a la zona. Entre otros, y según el bulo, se encontraban el portaaviones HMS Ark Royal y el crucero HMS Renown, cuando de hecho, sólo estaba en los alrededores el crucero HMS Cumberland, que recordemos había zarpado de las Islas Malvinas. Este era algo más potente que el Exeter, con dos cañones más de 203 mm, si bien no se podía considerar comparable a la extraordinaria potencia de fuego del acorazado alemán, que disponía de un armamento más pesado y de mayor alcance.
El Cumberland arribó a las 22:00 del 14 de diciembre, tras navegar a toda máquina durante 36 horas. A pesar de que otros muchos buques se desplazaban al lugar a todo lo que daban de si sus máquinas, no pasarían menos de varios días antes de su llegada, con lo que los efectivos reales para hacer frente al acorazado alemán se compuso, finalmente, de los tocados Ajax y Achilles y del recién llegado. Sin embargo, los alemanes estaban completamente convencidos de que una fuerza mucho mayor los estaba esperando en la desembocadura del Río de la Plata.
Mientras que el Graf Spee fue prevenido para que no abandonara el puerto, el capitán Langsdorff consultó qué hacer con su comandancia en Alemania. Recibió al respecto varias opciones y finalmente escogió hundir su buque en el estuario el 17 de diciembre, a fin de evitar la pérdida innecesaria de vidas humanas, ya que pensaba que se enfrentaba a una fuerza que superaba con creces su capacidad.
Previamente al hundimiento, la tripulación del Graf Spee fue trasladada al mercante alemán Tacoma, llevada a mar abierto y embarcada en diferentes unidades pequeñas que se encargaron trasladar al total de 1050 marineros a Buenos Aires, donde el capitán Langsdorff se suicidó el 19 de diciembre, apesadumbrado por su decisión y por temor a las represalias de su propio gobierno. Fue enterrado con honores militares y a su sepelio acudieron numerosos oficiales británicos.
El destino que corrieron los marineros alemanes que llegaron a Buenos Aires, ha dado pie a numerosas historias sobre la suerte que corrieron, entre las que se encuentran las de aquellos que volvieron a Alemania para continuar luchando por su país y las de espías que apoyaron en secreto la causa alemana desde Sudamérica.
Lo que si sabemos es que todos fueron internados a su llegada y al menos 92 de ellos fueron transferidos durante 1940 a un campo en Rosario. La isla Martín García fue el lugar al que fueron a parar unos trescientos oficiales y suboficiales, que después serían trasladados a otros destinos. Se tiene constancia de que a la ciudad de Mendoza fueron a parar cien marineros más, en la ciudad de Córdoba hallaron cobijo otros doscientos cincuenta y en Santa Fe terminaron doscientos tripulantes del acorazado. Otro grupo fue trasladado a Capilla Vieja, cerca de Villa General Belgrano, un pequeño pueblecito fundado por inmigrantes alemanes en 1932.
Consecuencias inmediatas y actuales.
La maquinaria de propaganda alemana se encargó de comunicar que el Graf Spee había hundido un crucero pesado británico y dañado seriamente a dos cruceros ligeros, mientras que él mismo sólo había sufrido daños ligeros. Si nos atenemos a la realidad, ciertamente el Exeter había sido dañado tan seriamente que fue puesto fuera de combate en breve, con lo que se podría considerar que su aportación fue prácticamente nula, mientras que los daños que padeció el Graf Spee fueron más superficiales que estructurales. Sin embargo, para la propaganda alemana narrar que sucedió con su otrora buque insignia, fue más complicado…
La Batalla del Río de la Plata no hizo más que reafirmar a Hitler la ya de por si baja credibilidad que le propiciaba la flota de superficie de su Armada. Él siempre había apostado por los submarinos como azote de los mares y esa apuesta se incrementó a raíz de los acontecimientos narrados: las conocidas cacerías de los U Boot alemanes, liderados por el Almirante Doenitz, acababan de recibir un espaldarazo fundamental.
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El Graf Spee al poco de sufrir la explosión autoinflingida por su propia tripulación. Dos días después, el capitán Hans Langsdorff, se suicidaba. |
El Exeter finalmente llegó a las Malvinas, donde le fueron practicadas una serie de reparaciones que emergencia que le permitieron zarpar de nuevo y dirigirse a Devonport, donde permanecería 13 meses para “curarle” del todo las heridas.
Ya en la actualidad, en 1997 una de las torretas de fuego de 150 mm del Graf Spee, fue rescatada del pecio y restaurada, siendo posible visitarla actualmente en los exteriores del Museo Marítimo Naval Nacional de Montevideo.
En febrero de 2004, un equipo de rescate inició los trabajos de recuperación del pecio, puesto que constituía un serio peligro para la navegación marítima en la zona. La operación fue financiada en parte por el gobierno uruguayo y por capital privado. La sección principal, de 27 toneladas de peso y que corresponde a la estación de control de tiro, salió a flote el 25 de febrero de 2004. Se espera que durante estos años se pueda reflotar el pecio entero con la intención de restaurarlo y ponerlo a disposición del Museo Marítimo Naval Nacional de Montevideo.
La parte quizá más significativa del buque, la figura del águila ubicada en la proa del Graf Spee, fue recuperada el 10 de febrero de 2006 y para evitar herir cualquier sensibilidad, la esvástica sobre la que reposa el águila, fue tapada nada más emerger del fondo de las aguas.
Lo cierto es que 67 años después de su hundimiento (en el momento de redactar estas líneas corre el año 2006) la aureola del mítico acorazado alemán, lejos de haber languidecido a lo largo de estos años, sigue provocando expectación entre todos aquellos que han conocido su historia.
- Captain Patrick Dove, I Was Graf Spee's Prisoner, Cherry Tree Books, London & Manchester, 1940.
- Siegfried Breyer, Battleships and Battlecruisers 1905-1970, Doubleday and Company; Garden City, New York, 1973.
- Jak P. Malmann Showell, The The German Navy in World War Two, Naval Institute Press, Annapolis, 1979.
- Dudley Pope, The Battle of the River Plate, William Kimber & Co, 1956; Republished Pan Books 1974.
- Eric J Grove, The price of disobedience, UK 2000, Londres 2002.
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