| Los alemanes plantan cara. |
Scheer, dándose cuenta de las intenciones de la maniobra de Jellicoe y pudiendo intuir su peligrosidad, decide cambiar rumbo y ordena en el momento justo a su flota una “virada a un tiempo 180º a estribor”, con lo que viran al norte: en apenas siete minutos los alemanes habían desaparecido. Jellicoe, temiéndose que este súbito cambio de posición en la flota alemana se debiera a una estratagema de Scheer para dirigirle a un campo de minas o a una trampa con submarinos, ordenó a sus barcos que no siguieran a los alemanes. Pero se percató de que la maniobra era para regresar a Alemania. Decidió dirigirse al sureste y luego virar al sur tratando de interceptar el viaje de regreso a casa de la flota de Scheer.
A las 19:10 las dos flotas se encuentran de nuevo y Scheer ataca tratando de romper la línea británica con el objetivo de dirigirse de vuelta a Alemania definitivamente. Scheer ordena a Hipper que su escuadra ataque al grueso de la Gran Fleet mientras el resto de la Hochseenflotte rehusaría el combate.
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De este modo, los cruceros de batalla, ahora al mando del capitán de navío Hartog, del Derfflinger, se pusieron en marcha: el Derfflinger, el Moltke, el Seydlitz y el Von der Tann, lanzados a toda máquina, avanzaron contra la Grand Fleet atrayendo sobre ellos todo el fuego enemigo para dar tiempo a los acorazados a escapar de la trampa. A las 19:18 Scheer volvió a invertir la marcha y sus unidades pudieron dirigirse a Alemania antes de que se cerrara la trampa. Los cruceros de batalla sufrieron un castigo inimaginable, pero gracias al valor de los contratorpederos alemanes que rociaron de torpedos la línea inglesa, lograron salir de aquel infierno.
Beatty, que se había lanzado a la persecución de los alemanes, avistó a los castigados cruceros navegando a popa de los acorazados a las 20:18 e inmediatamente atacó con su habitual arrojo. Los alemanes, en lugar de amilanarse, plantaron cara, si bien el Lützow fue hundido y el Seydlitz y el Derfflinger fueron seriamente dañados antes de que Beatty se retirara a las 20:35, momento en que Scheer aprovechó para zafarse por completo de la Grand Fleet.
El Almirante Reinhardt von Scheer y la Hochseenflotte inmediatamente reclamaron la victoria, basándose en el número de buques destruidos: mientras que ellos perdieron 1 acorazado, 1 crucero pesado, 4 cruceros ligeros y 3 destructores (2550 bajas), los británicos habían perdido 3 acorazados, 3 cruceros pesados y 8 destructores (6100 bajas).
El Almirante Sir John Jellicoe fue duramente criticado en su país por ser excesivamente cauto en el combate, si bien argumentó que era de vital importancia mantener la cantidad de buques que tenía la Gran Fleet, refiriéndose a la necesidad de mantener su superioridad numérica. Por otro lado, Jellicoe informó el 2 de junio al gobierno británico de que la armada estaba en condiciones de hacerse a la mar ese mismo día mientras que el castigo al que habían sometido a los alemanes obligaba a que realizaran serias reparaciones en la mayoría de sus buques de combate y les impedía un nuevo combate en mar abierto.
Ciertamente y con la objetividad que da el tiempo, la victoria táctica correspondió a los alemanes. Eran menos y además de escapar de la trampa que habían planteado, consiguieron hundir mayor cantidad de embarcaciones enemigas. Sin embargo la victoria estratégica correspondió a los británicos, que aunque fracasaron en su intento de acabar con la Hochseeflotte, cerraron definitivamente el camino de Alemania al mar.
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El SMS Seydlitz fue duramente castigado siendo alcanzado por treinta y dos andanadas y un torpedo. Perdió a 98 hombres y 55 resultaron heridos. |
LA BATALLA DE JUTLANDIA (unidades mayores)
Acorazados________________24 Británicos_______16 Alemanes
Cruceros de batalla__________9 Británicos________5 Alemanes
Cruceros acorazados_________8 Británicos________6 Alemanes
Cruceros ligeros____________23 Británicos________9 Alemanes
- Geoff Bennett, The battle of Jutland , Ed. Wordsworth Military Library, mayo 1999.
- John Brooks, Dreadnought gunnery and the battle of Jutland, Ed. Routledge, 2005.
- Robert K. Massie, Castles of Steel: Britain, Germany, and the winning of the Great War at sea, Ed. Random House, 2003
- Nigel Steel and Peter Hart, Jutland 1916: death in the Grey Wastes, Ed. Cassell, 2000. |