| Los buques empleados en la batalla (viene de la página anterior). |
A continuación, tenemos a la galeota, más pequeña que la galera y que tenía 18 bancos de remeros. Las galeras comunes tenían 24 bancos en la época y las más grandes, denominadas bastardas, podían llegar a tener 35 bancos. Más rápida, más maniobrable que la galera, la galeota estaba ligeramente armada. Al ser más bajas, estaban en desventaja en un combate de líneas enfrentadas en el que se iban soltando andanadas hasta desarbolar o llevar a pique al adversario. Sin embargo, las galeotas eran ideales para las meleés y para incursiones a tierra. Mencionar también, que ambos bandos emplearon buques aún más pequeños, las fragatas y bergantines, que constituirían los refuerzos en la línea de batalla así como para escrutar y proteger los flancos y popas descubiertos de las galeras de la línea de batalla.
Una vez detalladas las categorías de los buques de guerra participantes en la batalla, nos centraremos en la importancia de las variaciones regionales en el diseño y armamento de éstos, siempre teniendo como referencia la galera, el más común de los que existían.
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Galera Real de don Juan de Austria en la Batalla de Lepanto. |
De este modo, las galeras mediterráneas de guerra se dividen en, según sus características de diseño, en tres categorías básicas:
- galeras españolas (y estados sometidos).
- galeras venecianas.
- galeras musulmanas.
La galera española, maltesa, siciliana, genovesa o papal, era un vehículo de asalto de infantería. Entre 1520 y 1530, las galeras españolas habían sido como cualquier otra, pero a medida que el trabajo asalariado se imponía de oeste a este del Mediterráneo, los españoles se vieron forzados progresivamente a dejar de pagar a los remeros profesionales en favor de los, por supuesto, más baratos esclavos y convictos. Esto implicó un descenso en la efectividad en combate y eficiencia en la propulsión de los buques, que se contrarrestó embarcando infantería regular. Los estados vasallos, siguieron idéntico ejemplo sencillamente por las mismas razones económicas.
La postura estratégica española en el Mediterráneo era básicamente defensiva. Los musulmanes atacaban sus ciudades portuarias y asaltaban sus costas, a lo que España reaccionó. El gran gasto de mantener una galera bien armada constantemente y en orden de combate durante el período de campañas, que iba de finales de marzo a mediados de octubre, para hacer frente a los elusivos e impredecibles musulmanes, les obligó a mantener una flota pequeña: el total de galeras españolas listas para el combate en el Mediterráneo nunca sobrepasó las 60.
Las galeras españolas llevaban a bordo más hombres y más especializados en combate que cualquier otros. El peso de los hombres, hacia de las galeras españolas más difíciles de manejar, problema que se acentuaba con el hecho de que los cañones eran, como ya hemos mencionado, más largos y pesados. Por otro lado, las diferencias estructurales del buque, también eran considerables: las galeras españolas tenían una estructura elevada situada sobre la artillería denominada arrumbada. Ésta no era más que un corredor situado en la parte de proa, a una y otra banda donde se colocaban los soldados para abrir fuego. Era altamente efectiva, tácticamente hablando. Pero añadía más peso al buque y como comprenderemos, añadir peso es la antítesis de velocidad en la navegación a remo.
Estas posibles deficiencias, eran totalmente aceptadas por los españoles y se trataron de aliviar en Lepanto disponiendo 200 remeros en 24 bancos, con lo que la aceleración y velocidad de ataque se mantuvieron, aunque a costa de la velocidad de remo, en la que los buques españoles eran sustancialmente inferiores a los de sus aliados y enemigos.
Entre los remeros, se distinguían los esclavos, galeotes y buenas boyas. Los esclavos solían ser prisioneros de guerra; los segundos eran en su mayoría personajes que habían sido condenados a pagar una deuda con la sociedad, ya sea por asesinato o deudas de juego. Los últimos, los buenas boyas, eran sin embargo profesionales a sueldo, personas que se embarcaban para ganarse la vida dándole al remo. A los dos primeros grupos, los esclavos y los galeotes, se les denominaba chusma, que según el Diccionario de la Real Academia eran el conjunto de galeotes que servían en las galeras reales. Las condiciones de vida de la chusma eran penosas y a su pobre diera de potaje de habas o garbanzos, en los que se encontraban las proteínas de chinches, gorgojos y larvas, se le añadía una durísima sesión diaria de azotes. Amén de que vivían encadenados a sus remos, con lo que las condiciones higiénicas eran todavía peores. Condiciones de vida diametralmente opuestas a la del resto de remeros aliados o musulmanes.
La postura estratégica veneciana, como la de España, era defensiva. Y aquí acababa cualquier similitud. Venecia dependía más de la diplomacia y en una extensa cadena de puertos fortificados para defender su comercio más que en sus pequeños escuadrones de galeras. A diferencia de España, no disponía de una extensa fuerza de infantería regular que pudiera ser empleada indistintamente embarcada o en tierra. De lo que si disponía Venecia era de una pequeña pero adecuada clase de marineros mercantes y pescadores que podían ser llamados a coger el remo en cualquier momento que fuera necesario. Éstos eran habilidosos y por supuesto, sabían cuidar de si mismos en combate. Estos reservistas, a pesar de ser casi analfabetos y con nulo contacto con el mundo profesional de la guerra, a diferencia de los españoles, lo que podría suponer un problema táctico, se veía compensados por el excelente desarrollo técnico del arsenal veneciano.
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Estandarte real en las galeras españolas que participaron en Lepanto. |
Empleando una pequeña, pero altamente cualificada fuerza de trabajo, el arsenal construyó, almacenó y mantuvo una gran flota de galeras, esperando el momento en que se pudieran desatar las hostilidades. Como resultado de su previsión y buen hacer, la pequeña flota de mercadeo en tiempo de paz veneciana, podía convertirse de la noche al día en una formidable fuerza, desproporcionada para sus modestos recursos demográficos. Mientras que la galera española era poco más que un transporte de asalto para la infantería, la veneciana era un transporte de asalto y combate, diseñado para llevar hombres y recursos a cualquier puerto sitiado.
Se enfatizó la velocidad a remo, convertida en realidad por el mero hecho de que se empleaba a remeros libres y asalariados. Otro factor importante era la ligera y excelente artillería veneciana. Mientras que el abordaje era la forma de lucha preferida por los españoles, este era el último de los recursos para los venecianos, algo que se refleja en los detalles de construcción: mientras que las galeras españolas tenían la mencionada arrumbada, las venecianas tenían una mucho más ligera y desmontable. Y no es que los venecianos fueran cobardes o rechazaran el abordaje: es que sencillamente sabían de las limitaciones de su fuerza de fuego y preferían la táctica para acabar con sus enemigos.
Así que, mientras los españoles y venecianos andaban a la defensiva en aquel S.XVI por el Mediterráneo, los turcos todo lo contrario. Esto y el hecho de que la revolución salarial que sacudía el Mediterráneo estaba menos avanzada por aquellas tierras, dio a las galeras turcas sus características únicas. A diferencia de las de sus enemigos, éstas eran transportes armados estratégicos de desembarco.
No tan rápida a remo como las venecianas, quizás algo más maniobrable, la galera turca era mejor buque a vela, y no por casualidad. Si la función táctica de la galera veneciana era reabastecer las ciudades asediadas, la de las turcas era transportar hombres, municiones, armas y cualquier recurso al lugar en que estaban llevando a cabo el asedio, así como proteger el lugar en que se encontraba. Diseñada con un puro papel estratégico, que era claramente ofensivo, su función táctica era sin embargo puramente defensiva. Muchos de sus puntos ofensivos, y casi de forma accidental, se debe a características de la sociedad otomana. Los turcos y norteafricanos, eran únicos entre los estamentos militares europeos, ya que estaban en posesión de eficientes cuerpos de arqueros que manejaban con destreza sus arcos compuestos, especialmente en las meleés, cuando los flancos de las naves enemigas quedaban expuestos.
Al igual que los venecianos, los turcos empleaban remeros profesionales y a pesar de que un pobre granjero turco no se podría comparar con un duro infante español, al menos no necesitaba que se le cuidara en combate. Las capitanas musulmanas estaban gobernadas, al parecer, por voluntarios árabes, infantería ligera de toda confianza a la que se le podía dar un razonable voto de buen hacer en combate cerrado: los jenízaros, de los cuales había un gran número en Lepanto, eran fieros y disciplinados.
Las galeras turcas, a diferencia de la arrumbada española o la plataforma desmontable veneciana, tenían una plataforma permanente, baja, que cubría sólo las posiciones delanteras de la línea de fuego, dejando numerosas brechas expuestas. Más bajas en el agua que las galeras cristianas, las turcas tenían mejor velocidad sostenida a remo y eran considerablemente más maniobrables, desplazando menos volumen de agua que sus enemigas, hecho a considerar en Lepanto.
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