| La batalla entre Oriente y Occidente. |
Una consideración a tener en cuenta y que nos gustaría aclarar. Realmente, la confrontación, batalla o como queramos llamarlo, no tuvo lugar en Lepanto, como históricamente (y debido al nombre con que la conocemos) se nos ha inculcado. Los hechos que narraremos a continuación y que se conocen como La batalla de Lepanto, tuvieron lugar en el golfo de Patras. El por qué de este error, es un tema que no trataremos en este documento.
Es incuestionable que en ambos bandos planeaba la certeza de que si los cristianos eran capaces de mantener sólidas sus líneas durante el combate, repelerían cualquier agresión musulmana. Estaba claro por el mero hecho, ya expuesto, de las características inherentes en las fuerzas enfrentadas: la gran experiencia de los cristianos en combate, sus corazas y sus plataformas especiales, ubicadas en buques más altos, permitían provocar una lluvia de plomo sobre las cubiertas musulmanas, más bajas y expuestas, protegidas únicamente por arqueros.
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Fanal de la galera capitana turca en Lepanto. Casa de la marquesa de Santa Cruz, Madrid. |
Para los musulmanes, el problema era casi insuperable. Una meleé, sin embargo, era su fuerte. Si tenían la oportunidad de coger a la armada de la Liga en desorden, literalmente se la podían merendar, al igual que sucedió en Preveza en 1538, cuando el gran Barbarroja superó a Andrea Doria en un brillante combate. A pesar de todo, Ali Pashá prefería un combate frontal, sabiendo que su centro lucharía en una seria desventaja. Pero, por supuesto, harían todo lo posible por superar los flancos del centro cristiano, momento en el que se casi se podrían dar por vencedores. Pero eso era algo con lo que no podían contar.
Para alcanzar el centro cristiano, Alí Pashá debería primero aniquilar las alas de la flota enemiga. Para ello, tendría que atraerlos fuera de su posición para rodear su flanco o bien hacerles maniobrar mal, a fin de que destruyeran su integridad táctica y provocar una meleé, logrando un equilibrio táctico que les permitiera eliminar rápidamente una de las alas cristianas, ya que no esperaba que su centro resistiera mucho tiempo.
Con esto en mente, su plan estaba claro. Sabía que sufriría severas pérdidas en el centro, aunque debía dar a sus alas una base sólida sobre la que maniobrar. Además él tenía una ventaja sobre Don Juan de Austria y es que podía permitir a sus alas dar rienda suelta a sus maniobras, en cierta manera, ya que no dependía tanto del mantenimiento del equilibrio táctico de sus líneas.
Los musulmanes no se quedaron a la zaga en cuanto a tropas y material desplegado. Consiguieron reunir un total de 231 galeras, 54 galeotas y un total de 92.000 hombres, siendo 34.000 de ellos soldados o mercenarios, 13.000 miembros de tripulación y 45.000 galeotes que, no podía ser menos, se trataba de cristianos apresados en diferentes enfrentamientos previos.
El total de piezas de artillería se estima en unas 800, sin embargo de menor calibre y por tanto, potencia de fuego que las cristianas. La flota dispuesta en cuatro cuerpos, en forma de media luna se organizó:
- El primero, ala derecha, al mando de Mehmet Suluk, estaba formado por 54 galeras y 1 galeota.
- El segundo, centro, dirigido por Alí Pashá, general en jefe, con 95 galeras y 5 galeotas.
- El tercero, ala izquierda, lo comanda Uluch Ali con 77 galeras y 27 galeotas.
- El cuarto, o escuadra de reserva o socorro lo manda Murat Dragut, y tiene 8 galeras y 21 galeotas y fustas.
A las siete de la mañana del 7 de octubre de 1571, las dos escuadras se divisan. En el lado cristiano, Barbarigo, al mando del ala izquierda, recibe órdenes de acercarse al máximo a la costa, a fin de evitar que las galeras turcas lo sobrepasen y hagan una maniobra envolvente. El centro se coloca a su lado, pero el ala derecha, al mando de Juan Andrea Doria, tarda en incorporarse a la formación, dejando un espacio libre entre el centro y el ala derecha. Las galeazas, fuertemente armadas, están situadas una milla por delante de la formación cristiana.
Al inicio de la batalla, los turcos tienen el viento en popa, pero, cuando están aproximándose, rola el viento, obligándoles al empleo de remos. Al llegar las primeras galeras turcas a la altura de las galeazas, estas abrieron un nutrido fuego de artillería y fusilería, lo que hizo que algunas naves turcas empezasen a hacer ciaboga (vuelta que se le da a una embarcación bogando avante los remos de una banda y al revés o hacia atrás los de la otra). Alí aceleró su ritmo de boga, para así estar menos tiempo sometido al castigo, y los demás le imitaron.
Pero al acelerar la boga, el ala derecha turca se adelantó sobre el resto de la formación, por lo que entabla el combate contra el ala izquierda cristiana. Algunas galeras turcas consiguen pasar entre las fuerzas de Barbarigo y la costa, y la galera de Barbarigo, la capitana del ala izquierda cristiana, es atacada por varias galeras turcas. Barbarigo fallece en el combate de un flechazo en un ojo, y, cuando su nave está a punto de ser apresada, todas las demás galeras de su grupo acuden en su auxilio, dando la vuelta a la situación y haciendo que los turcos se retiren. Varias galeras turcas varan en la costa, y sus tripulaciones huyen por tierra.
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La nave Capitana Real de Don Juan de Austria, tal y como se exhibe en la actualidad en el Museo Marítimo Drassanes Reials de Barcelona. |
En el centro, la capitana de Alí (la Sultana) embiste, proa con proa, a la de Don Juan (la Real), dejando unidas a las dos embarcaciones en una plataforma de 110 metros. Al embicar con el golpe, recibe en su cubierta todo el fuego de artillería y fusilería de que es capaz la galera de Don Juan, lo que le produce muchas bajas, repuestas inmediatamente desde otras galeras. Las galeras de Colonna, Veniero, el Duque de Parma y Urbino se ponen al costado de la de Don Juan, con lo que se forma una piña de galeras cristianas y turcas en las que se lucha cuerpo a cuerpo. Álvaro de Bazán, con sus naves de socorro, interviene impidiendo que otras galeras turcas puedan unirse a esa piña, y envía 200 hombres de apoyo a la galera de Don Juan. Cae rendida la galera capitana turca y los cristianos se apoderan de su estandarte. La lucha duró una hora y media. Con esto, el centro de la flota turca queda desecho, al igual que antes su flanco derecho. Alí Pashá fue abatido por siete disparos de arcabuz y un soldado de los Tercios, Andrés Becerra descolgó el estandarte otomano y un galeote cortó la cabeza de Alí ofreciéndosela a Juan de Austria. Este la despreció con gesto de asco y ordenó que la arrojase al mar.
En el ala izquierda turca, Uluch Alí ve que hay un hueco entre el centro y el ala izquierda cristianos, por lo que hace ademán de apartarse del centro turco, para que Juan Andrea Doria le siga y así aumentar la brecha. Cuando ve que esta es suficiente, se lanza contra el costado derecho del centro cristiano, con sus 94 buques y la gente fresca, produciendo grandes daños a la capitana de Malta, a diez galeras venecianas, a dos del Papa y a otra de Saboya. Juan de Cardona acude con ocho galeras y Álvaro de Bazán con la escuadra de reserva, consiguiendo detener el ímpetu del ataque turco, que estuvo a punto de cambiar la suerte del combate.
Uluch Alí, viendo que todo el centro cristiano se dirige a atacarle, y que las galeras de Doria están a punto de llegar, corta los remolques de las galeras que había apresado y consigue huir con cerca de 30 galeras, el mayor contingente musulmán que consiguió escapar de aquella batalla.
Hasta la puesta del sol continua el combate a base de escaramuzas entre galeras sueltas, y, al anunciarse mal tiempo, ordena Don Juan reunirse y marchar con las presas al puerto de Petala.
En Petala se efectúa el recuento de bajas, contabilizándose la pérdida de 12 galeras cristianas (aunque luego ascendieron a 40 por los graves daños sufridos) y de 7.600 hombres, de los que 2.000 eran españoles, 880 de la escuadra del Papa y el resto venecianos. 4.000 fueron heridos. Se contabilizaron 190 galeras turcas apresadas, de las que solo 130 estaba útiles, quemándose las otras 60. Se hicieron 5.000 prisioneros y se liberaron 12.000 cautivos cristianos. Se estimaron entre 20.000 y 30.000 los muertos del enemigo.
De este modo finalizó la batalla de Lepanto. Don Juan había ganado porque había realizado un mejor uso de las características y capacidades de los buques y hombres bajo su mando.
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