| La importancia de la Inteligencia Naval. |
Pero la sorpresa del ataque, se vendría abajo antes incluso de que este se produjera. La Inteligencia Naval de los EE.UU., en cooperación con los británicos y los holandeses, había estado descifrando los códigos de la Armada Imperial Japonesa, denominados JN-25, durante un tiempo, habiendo realizado progresos considerables sobretodo en su última versión, aparecida poco antes del ataque a Peal Harbour. Así, a primeros de mayo de 1.942, los americanos ya sabían que los japoneses estaban preparando un ataque masivo sobre un objetivo, identificado como AF a primeros de junio. Las unidades de análisis de Nimitz en Pearl Harbour, estaban convencidas de que AF era Midway. Sin embargo, el superior de Nimitz en Washington, el Almirante Ernest King, así como la Unidad de Señales de la Inteligencia Naval, creían que AF era el código cifrado para las Aleutianas.
El tiempo apremiaba y no se sabía que hacer al respecto: ¿proteger Midway o las Aleutianas?.
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Comandante Joseph J. Rochefort, el autor de la estratagema que permitiría determinar el punto de ataque japonés. |
La solución vino de mano de un miembro de la Estación Hypo de escucha de radio, el Comandante Joseph J. Rochefort. Este propuso a Nimitz la siguiente estrategia para averiguar cual era el objetivo: mediante un canal seguro, al comandante de la base de Midway se le dijo que enviara un mensaje cifrado, pero que sabían que era conocido por los japoneses, en el que informara de la carencia de agua corriente en la isla debido al fallo de una de las plantas de agua. Poco tiempo después de que el comandante de la base de Midway enviara el mensaje, la Inteligencia Naval descifró un mensaje japonés en el que se informaba que “AF tiene problemas con el agua potable. El ataque continuará según lo acordado”. De ese modo, se confirmó que AF era Midway.
Mucha otra información de las transcripciones del JN-25 fue llegando de forma escalonada, en parte debido a la apresurada naturaleza de los preparativos japoneses, y no fue hasta el último momento que el Almirante Chester Nimitz tuvo en su poder suficiente información para poder determinar la fuerza de ataque a Midway y prepararse al respecto.
Por otro lado, el reconocimiento a Rochefort por su genial idea para confirmar el objetivo del ataque japonés, no se hizo más que de forma póstuma, cuando se le distinguió con la Medalla de Servicios Distinguidos, en 1.985 y con la Medalla Presidencial de la Libertad en 1.986. No se le premió antes debido a las políticas al respecto de la Armada.
Los preparativos de la batalla.
Una vez que el Comando Estratégico de la Marina de los EE.UU. tuvo en su poder toda la información necesaria, llegó a la conclusión de que la pérdida de Midway era prácticamente como perder Pearl Harbour, debido a su carácter estratégico en el Pacífico. El perder las Aleutianas, objetivo confirmado como el de distracción, no suponía ningún problema.
Para poder enfrentarse a una fuerza enemiga, que se sabía de forma anticipada estaba compuesta con unos 4 ó 5 portaviones, Nimitz necesitaba todas las cubiertas de vuelo disponibles. Ya disponía de los dos portaviones del Vicealmirante William Halsey (que no pudo participar en la batalla debido a una soriasis, por lo que fue reemplazado por el Contralmirante Raymond A. Spruance), y ordenó de forma precipitada la urgente presencia del Contralmirante Frank Jack Fletcher y su Task Force de Pacífico Suroeste, que llegó a Pearl Harbour con el tiempo justo para reaprovisionarse y zarpar a la batalla.
El USS Saratoga se encontraba aún en el dique seco, reparándose, y el USS Yorktown, que fue seriamente dañado el la Batalla del Mar de Coral, estaba también en reparación en los muelles de Pearl Harbour, donde tuvo que ser reparado en el asombroso tiempo de tres días, gracias a unos al duro esfuerzo de 1.600 obreros de los arsenales de la Marina que trabajaron día y noche para dejar operativo al portaaviones, si bien la cubierta de vuelo estaba totalmente parcheada, secciones enteras de la sala de máquinas se extrajeron y se acoplaron otras nuevas o por ejemplo, se le dotó con nuevos escuadrones de combate, traídos del USS Saratoga. Nimitz se mostró horrorizado y en total desacuerdo en el procedimiento empleado para dejar listo al Yorktown, ya que los consideraba “poco fiables”. Y es que el mismo día que zarpó al combate, miembros del buque de reparaciones Vestal, continuaban las reparaciones a bordo…
La consigna de Nimitz era sencilla: había que "interceptar e inflingir al enemigo el máximo daño posible con una vigorosa táctica de castigo". Pero lo cierto es que las esperanzas de una victoria no eran halagüeñas, y solo contaban con que el enemigo no se enterara del envío de estas unidades al escenario de Midway.
Y es que los norteamericanos sólo disponían de los portaviones Enterprise, Hornet y Yorktown, 8 cruceros, 15 destructores y una patrulla de 20 submarinos. Indudablemente, la exigua fuerza que enviaba Nimitz rayaba en lo absurdo, en comparación con la gigantesca fuerza operativa japonesa, que lo superaba en número de aparatos aéreos, cañones y calidad de buques. Nimitz se jugaba todas las cartas en este ataque, que de fracasar dejaría a las Hawai y toda la costa oeste americana a merced de los cañones de Yamamoto. Sabiendo de la importancia del combate, sentenció: “Lo único que se interpone entre la costa americana y la flota japonesa, son solo estos tres portaaviones".
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El USS Yorktown en el dique seco de Pearl Harbour en mayo de 1.942. Las obras de reparación del portaaviones norteamericano se llevaron a cabo en un brevísimo espacio de tiempo (click para ampliar). |
Por otro lado, en el bando japonés, como resultado de su participación en el Mar de Coral, el portaviones japonés Zuikaku se encontraba en el puerto de Kure (cerca de Hiroshima) a la espera de un grupo aéreo que transportar, en sustitución de los que se perdieron. El Shokaku, seriamente dañado por el impacto de tres bombas en el Mar de Coral, estaba en reparaciones que iban a durar meses. De ese modo, en lugar de llevar a la batalla seis portaviones, Nagumo dispondría sólo de cuatro y encima una parte de ellos (sus tripulaciones) se encontraban al borde de la baja por fatiga, ya que desde el 7 de diciembre de 1.941, cuando atacaron Pearl Harbour, habían estado constantemente participando en operaciones de combate.
Además, la preparación estratégica japonesa previa a la batalla estaba siendo un verdadero desastre. Por una parte, toda una flotilla de submarinos que debía controlar la partida de los norteamericanos, llegó tarde a su posición (debido a la precipitación de Yamamoto), lo que permitió a los portaviones norteamericanos dirigirse a su punto de encuentro, situado al noreste de Midway (conocido como Point Luck) sin ser detectados. Un segundo intento, llamado Operación K, en el que se emplearon hidroaviones de reconocimiento que se debían dirigir a Pearl Harbour para determinar, previamente a la batalla, si los portaviones seguían allí o no, se vio frustrado cuando los submarinos japoneses asignados para el reabastecimiento de los hidroaviones descubrieron que en el punto de encuentro con éstos, una bahía desierta de un atolón denominado French Frigate Shoals, bautizada así en honor del explorador Jean François de Lapèrouse, que pasó por el lugar (cuya expedición narramos en Amarre) y que se encuentra a unas 560 millas al noroeste de Honolulu, estaba ocupado por buques de guerra americanos. Y es que los previsibles japoneses habían llevado a cabo hacía tan solo unos meses una misión exactamente igual, con lo que se supuso que volvieran a hacerlo…
Así, los japoneses se vieron privados de conocer cualquier información al respecto de los movimientos de los portaviones americanos inmediatamente antes de la batalla. Y sabían que algo pasaba, porque los interceptadotes de radio detectaron y avisaron de un sustancial incremento de la actividad submarina americana y de los mensajes de radio. Toda esta información, se encontraba en poder de Nagumo y Yamamoto previamente a la batalla. Sin embargo, los planes operacionales japoneses no se cambiaron, a pesar de los inquietantes augurios. Nimitz, por su parte, tenía una meridiana idea de por dónde aparecería Nagumo, gracias a la aportación de su Inteligencia Naval.
El 1 de junio, la fuerza de portaaviones japonesa navegaba hacia el noroeste en medio de una mar gruesa, con intensa lluvia y niebla muy densa. Cuando estuvieran a 1.000 millas de Midway, virarían el rumbo hacia el suroeste en dirección a estas islas, alcanzando el punto de reunión el día 2 de junio. Los americanos, por su parte, lanzaron desde el 3 de junio, una serie de reconocimientos aéreos en abanico, realizados por 23 PBY Catalina, que se disponían en un radio de 700 millas cubriendo el sector oriental de Midway. De este modo, cualquier buque que viniera por el noroeste, sería detectado.
El 3 de junio, a las 14:00 horas, la fuerza de combate de Nagumo se posicionó a 250 millas de la isla: tenían previsto lanzar el ataque desde el punto en que estuvieran a 150 millas.
- Fuchida, Mitsuo, Masatake Okumiya, Midway: The Battle that Doomed Japan, the Japanese Navy's Story, United States Naval Institute Press, 1955.
- Hanson, Victor D., Carnage and Culture: Landmark Battles in the Rise of Western Power , Ed. Doubleday, 2001.
- Kahn, David, The Codebreakers: The Comprehensive History of Secret Communication from Ancient Times to the Internet, Ed. Scribner, New York, 2002.
- Kernan, Alvin, The Unknown Battle of Midway, Yale University Press, 2005.
- Lundstrom, John B., Pacific Naval Air Combat from Pearl Harbor to Midway, United States Naval Institute Press, 2001.
- Parshall, Jonathan; Tully, Anthony, The Untold Story of the Battle of Midway, Ed. Potomac Books, 2005.
- E. P. Forrestel, Admiral Raymond A. Spruance, USN: A Study in Command, Military Affairs, Vol. 3, 1966.
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