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Las hostilidades entre franceses y británicos.


Con el establecimiento de la Triple Alianza (entre Gran Bretaña, Austria y Rusia) la prioridad de Napoleón pasó de ser la de derrotar a los británicos a evitar su propia derrota por los nuevos aliados. En lugar de cubrir su fuerza de invasión, su marina fue requerida en el Mediterráneo para proteger sus fuerzas en Italia en previsión de ataques británicos y el ataque de los rusos en su retaguardia.
 
Pierre Charles Jean Baptiste Silvestre de Villeneuve, Almirante en jefe de la escuadra combinada franco - española.

El 14 de septiembre de 1805, ordenó al Almirante Villeneuve pasar por el Estrecho de Gibraltar, junto con la escuadra española de Cartagena, y dirigirse a Nápoles para bloquear cualquier tentativa por parte de los británicos de invadir Malta.

Los británicos habían mantenido a las flotas francesas y españolas separadas, que se habían mantenido encerradas en puerto. De los navíos de línea disponibles por Napoleón, 35 eran franceses y 25 españoles; aproximadamente un tercio de estos estaban en el Mediterráneo.

En 1803, los británicos tenían 111 navíos, de los que 60 podrían ser usados en aguas británicas y en el Mediterráneo. El resto de la flota fue desperdigada en las Antillas, Norteamérica, India y las Indias Orientales para proteger los intereses británicos. Del resto, muchos fueron dispersados para utilizarlos en los bloqueos. En 1805, 12 fueron colocados de Brest, 6 en Ferrol, 11 en Tolón y cinco en Texel para vigilar a los holandeses. Había una reserva adicional de 6 en Kent y 5 en Plymouth. Podríamos decir que las embarcaciones francesas y españolas estaban mejor construídas y que el calibre de sus armas era más grande que las de los británicos, pero estos buques fueron bloqueados en puerto, acabando muchos de ellos inmaniobrables por la inactividad.

El estado de las flotas contendientes.
La revolución francesa había diezmado el cuerpo de oficiales de la marina francesa. La mayor parte de los oficiales eran personas asignadas por los revolucionarios, inexpertos en el mando y que carecían de capacidad de lucha, mientras que las tripulaciones no eran mucho mejores. En 1793, el Cuerpo de marineros había sido disuelto y los soldados del ejército de tierra tuvieron que acostumbrarse a luchar a bordo de los barcos. Por otro lado, los españoles tenían grandes oficiales, expertos en navegación, pero debido a la escasez de tripulaciones expertas debido a la fiebre amarilla que asoló las costas españoles (la fiebre amarilla mató en España entre 1802 y 1804 a casi 60.000 personas; era originaria de las zonas tropicales y fueron traídas a España por los barcos que venían del Caribe), y que se cebó especialmente en el entorno marinero, se perdieron muchos buenos marinos profesionales. Por esta razón se "reclutaban" mendigos, campesinos y demás gentes del interior, con nula experiencia ya no sólo en el manejo de armas si no en navegación. De hecho, la gran mayoría de ellos jamás había visto el mar.

Por otro lado tenemos que la España de aquel entonces era un país poco poblado: con apenas 10 millones de habitantes (frente a los 20 millones de Francia y 15 millones de Gran Bretaña), que continuamente emigraban a las colonias de ultramar, existía una enorme carencia de mano de obra que hacía muy difícil el reclutamiento masivo que la Armada requería. En un informe del Almirante Mazarredo al primer ministro Godoy, este le informa de que aunque hubiera dinero para poder mantener una flota tan grande como la británica, sería imposible encontrar gente para tripularla. Por cierto, este informe le costó el cargo a un almirante que era de los pocos competentes que existía en la Armada española.

Quizás ante todas estas carencias, se debería haber creado una flota más reducida en el número de embarcaciones pero más profesionalizada y preparada, con menos requerimientos en cuanto al número de hombres pero bien entrenados y con medios modernos, tal y como hicieran los norteamericanos más adelante, basando su creciente poderío naval en fragatas fuertemente armadas y tripuladas por expertos marinos.

Las levas de tripulaciones se llevaban a cabo en tiempo de guerra, cuando era necesaria una ingente cantidad de marineros, puesto que se armaban todos los navíos disponibles, ya que armar y preparar un buque de guerra era muy costoso, por lo que si no era necesario no se preparaban los buques. Por ejemplo: a finales del reinado de Carlos III la Real Armada contaba con una magnifica flota de 78 navíos de línea, más de 50 fragatas y un sin fin de buques menores, pero de toda esta flota muchos de ellos estaban en reserva, fondeados en sus bases sin armamento, arboladura, ni provisiones, a la espera de que algún día se los necesitase y se los acondicionase para el servicio.

Así, de todos los navíos que existían, a duras penas pudieron armarse de la escuadra de Cádiz 12 de ellos. En el Extracto del estado de los navíos de la escuadra de Cádiz, firmado por D. Honorato Bouyon el 19 de febrero de 1805 se decía:

"Trinidad": completo de arboladura y embarcaciones menores, estanco y en buen estado.
 "Santa Ana": listo de arboladura, estanco y en buen estado.

"Argonauta": completo de arboladura y embarcaciones menores, estanco y en buen estado.
"Terrible": completo de arboladura y embarcaciones menores, estanco y en buen estado.
 "Firme": completo de arboladura y falto de botes. Estanco y en buen estado.
"Bahama": estanco y completo de arboladura. En buen estado.
"Glorioso": se están construyendo los cuatro palos principales y embarcaciones. Estanco.
"España": se esta terminando su arboladura. Estanco.
"San leandro": le faltan alguna menudencias en su arboladura, que se están haciendo. Estanco y en buen estado.
"América": completo de arboladura y embarcaciones menores, estanco y en buen estado.
"Castilla": están haciendo las ligeras obras que necesita su arboladura. Falto del tercer bote. Estanco y en buen estado.
"San Rafael": estanco y completo de arboladura. En buen estado.


Este estado general de la escuadra de Cádiz parece bueno en cuanto a armamento y material, sin embargo, la escasez de pertrechos en los arsenales y la dificultad de abastecerlos, como ocurrió con la falta de llaves para el servicio de artillería, hicieron difícil la completa habilitación de los navíos. Aunque lo que más afectó fue la falta de gente para las tripulaciones, tanto de maestranza como marinería. Según el estado de fuerza firmado por Escaño el 9 de abril, al "Glorioso" le faltaban 236 hombres de los que le correspondían por Reglamento. A la fragata "Magdalena" le pasó otro tanto, por lo que no pudieron hacerse a la mar. La escuadra del Cantábrico pasaba por las mismas dificultades y el "San Fulgencio" y el "Terrible" a pesar de estar en buen estado para la navegación, tuvieron que trasvasar sus dotaciones al "Santa Ana" y al "Rayo" respectivamente, mientras que el "Castilla" fue desarmado al encontrarse en pésimas condiciones.



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Bibliografía.


- Manuel Marliani, Combate de trafalgar : vindicación de la armada española, Imprenta y librería de Matute, 1850.
- Arturo Pérez Reverte, Cabo Trafalgar : un relato naval, Editorial Alfaguara (1ª edición), 2004.
- William Hamilton Drummond, Battle of Trafalgar: an heroic poem, Cambridge : Chadwyck-Healey (a Bell & Howell Information and Learning company), 2000.
- Benito Pérez Galdós, Episodios nacionales. Trafalgar ( edición de Julio Rodríguez Puértolas), Cátedra, 1992.
- Benito Pérez Galdós, Trafalgar ; la Corte de Carlos IV; edición, prólogo y notas de Dolores Troncoso ; con un estudio preliminar de Geoffrey Ribbans, Crítica, 1995.


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