Seguramente la batalla naval más decisiva de la denominada Guerra Ruso-Japonesa, Tsushima representó la puntilla a las ambiciones imperialistas rusas y la reafirmación del auge de una nueva potencia económica, política y militar en Asia: Japón.
Ciertamente este conflicto ruso-japonés había significado algo más que un mero conflicto de intereses por el dominio de la península de Corea y Manchuria: era un relevante indicador del inicio de una época turbulenta y claramente militarizada a nivel global, donde la carrera armamentística llevaría de forma inexorable a la Primera Guerra Mundial y sentaría las bases para que imperios como el japonés, decidiera expandirse en aquellas áreas de influencia que le rodeaban.
Sin embargo las bases de dicho conflicto se hunden en el siglo XIX, cuando Japón decide abandonar su régimen feudal e iniciar una época de aperturismo que le llevaría a modernizarse de forma extraordinaria.
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Meiji Tenno Mutsuhito, el Emperador Meiji (1.852 - 1.912), fue el verdadero impulsor de la modernización de Japón. |
Qué aspectos incidieron en el conflicto.
El 3 de febrero de 1.867 asciende al trono de Japón Mutsuhito, quien inicia una nueva época denominada Meiji (Culto a la regla). Tan solo un año después desarrolla lo que se denominó Restauración Meiji, un proceso por el cual se dan fin a los 256 años de shogunato y que describe una serie de eventos que condujeron a un cambio en la estructura política y social de Japón: el feudalismo desaparecía y se abría al país a una nueva era de cambios.
La ascensión japonesa a potencia de carácter mundial, se forjó durante este período, en diferentes fases y hasta el fallecimiento del emperador Mutsuhito en 1.912. Este largo proceso, recién iniciado, implicó que, por una parte, los dirigentes japoneses tuvieran que adquirir los conocimientos necesarios de la moderna diplomacia y negociaciones internacionales. Por otro lado, era necesario aprender cómo se debía establecer un sistema de defensa nacional.
Una de sus primeras acciones renovadoras en este sentido, consistió en la creación en Kyoto, el año 1.868, del Colegio de Entrenamiento Naval (a partir de 1.874 se pasó a denominar Escuela Naval Imperial de Japón). En 1.871, un total de doce cadetes de dicha Escuela, entre ellos Heihachiro Togo, el almirante que posteriormente lideraría a su escuadra en Tsushima, fueron enviados al Colegio Naval Inglés, donde durante siete años se les formaría en aspectos militares navales (recordemos que en esa época, Gran Bretaña era la potencia naval más poderosa del Mundo). Además, como parte del proyecto de modernización de las fuerzas armadas niponas, se demandó a expertos asesores navales británicos la creación de una armada moderna, adquiriéndose, con ese fin, varios acorazados y cruceros británicos.
La clase dirigente japonesa tenía claros los dos objetivos principales que debía afianzar para lograr el aperturismo deseado en condiciones de igualdad con las grandes potencias mundiales: por un lado la clara definición de su posición en el concierto internacional y por otro la revisión de lo que se denominó Tratados Desiguales, un término que hacía referencia a las condiciones en que fueron firmados, hacia mediados del S.XIX, ciertos tratados entre varios países asiáticos (entre ellos Japón) y diversas potencias extranjeras, como Gran Bretaña o Estados Unidos. Y es que en el período en que se firmaron dichos acuerdos, los países asiáticos no eran capaces de resistir las presiones militares y económicas de las potencias occidentales, con lo que, ciertamente, eran claramente poco ventajosos para los asiáticos. Japón tenía impuestos el Tratado de Kanagawa (con EE.UU.) de 1.854, el Tratado de Amistad Anglo-Japonés (Reino Unido) de 1.854, el Tratado de Amistad y Comercio - Tratado de Harris (EE.UU.) de 1.858 y el Tratado de Amistad y Comercio Anglo-Japonés (Gran Bretaña) también de 1.858.
Respecto a los objetivos planteados por las autoridades japonesas para afianzar el aperturismo deseado, el primero de ellos se logró de forma óptima mediante la intervención del Ministerio de Negocios Extranjeros: por ejemplo se firmó un tratado comercial con China o se reconoció la soberanía japonesa sobre las islas Riu-Kiu. A Rusia se le arrebató las Islas Kuriles, mediante un tratado que fijaba además la frontera entre ambos países en Siberia.
Pero respecto al segundo de los objetivos, Japón aprovechó su supremacía sobre Corea para imponer el que se denominó Tratado Kanghwa, en febrero de 1.876, a los coreanos. Dicho tratado obligaba al aperturismo comercial coreano para con Japón, de forma similar a como los estadounidenses impusieron a los japoneses, con sus famosos Barcos Negros del comodoro Matthew Perry en 1.853, el aperturismo comercial entre Japón y EE.UU. Así, los japoneses se garantizaron la apertura de tres puertos coreanos para el comercio, los mismos derechos en Corea que los occidentales tenían en Japón y quizás lo más importante: la independencia de Corea respecto del poder chino, como estado tributario de la dinastía Qing.
De este modo, los japoneses desplazaron y acuartelaron a un poderoso ejército en Seúl: era un claro desafío a las dos potencias en la zona, China y Rusia, avisando de que ellos también querían ser influyentes en el continente.
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Almirante Heihachiro Togo (1.847 - 1.934) en una foto tomada en 1.911 con motivo de la coronación del rey Jorge V de Gran Bretaña. |
Todos estos progresos diplomáticos e imperialistas en la década de los años setenta y ochenta del S.XIX. tuvieron su contrapunto en la decepción japonesa de revisión de los Tratados Desiguales, que continuaron siendo un verdadero problema político de primer orden, ya que fue del todo imposible negociar su revisión con las potencias occidentales. Pero todas estas desavenencias tuvieron un inesperado cambio al reaccionar las potencias extranjeras y tomar conciencia de que estaba surgiendo un nuevo Japón. Y así, la resistencia que tenían ante la demanda japonesa respecto a la abolición de la extraterritorialidad, finalizó en 1.894 al llegar a un acuerdo el ministro japonés de Asuntos Exteriores con el secretario del Foreign Office británico: la extraterritorialidad desaparecería en 1.899. Ante el paso dado por los británicos, el resto de potencias poco tardaron en secundarlos.
En este momento, Japón entró en una nueva fase en sus relaciones internacionales, que se inició con la guerra contra China (1.894-1.895), y terminó en 1.905 con su victoria militar sobre Rusia. Desde luego, parece incuestionable que la guerra contra China marcó el punto de inflexión de Japón ante los ojos del mundo: este conflicto puso de manifiesto que Japón era una verdadera potencia en el Extremo Oriente y una posible amenaza para las potencias occidentales en la zona.
En todo caso, los japoneses habían vencido a los chinos y firmaron la denominada Paz de Shimonoseki (17 de abril de 1.895). Por una parte, este tratado ponía fin a la guerra entre chinos y japoneses, declarándose vencedores a estos últimos. Las principales consecuencias del tratado fueron el reconocimiento de China a la independencia de Corea y renunciaba a cualquier reivindicación territorial sobre ese país que, en la práctica, quedaba bajo influencia japonesa. China cedía a Japón también la península de Liaotung (y con ella Port Arthur, estratégico puerto ruso situado en China), Jinzhou, extremo sur de la provincia de Liaoning, así como la isla de Taiwán y el archipiélago de las Islas Pescadores (en chino Penghu, en el estrecho de Taiwán). Además de las pérdidas territoriales, China se comprometía a pagar a Japón 200 millones de taeles (150 millones de dólares de esa época) y aceptaba abrir diversos puertos y ríos al comercio internacional.
Ante el alarmismo provocado por tan espectacular avance, Rusia, Alemania y Francia tratan de evitar la expansión japonesa en la zona y llevan a cabo la Triple Intervención el 23 de abril de 1.895 para poner freno al expansionismo japonés. Bloquean la península de Liaotung y obligan a Japón a devolver Port Arthur y Manchuria a China, algo que no sentó bien a las altas instancias políticas y militares niponas. Se estableció una tensa paz en la zona. Pero los rusos, aprovechando la denominada Revuelta de los Bóxers (1.898) e incumpliendo la promesa hecha a Japón, negocian con China el arrendamiento durante 25 años de la base naval de Port Arthur para el uso de su flota de Extremo Oriente. Además, soldados rusos iniciaban la ocupación de Manchuria y el norte de Corea, amenazando la influencia japonesa en Corea, cuyo gobierno seguía siendo controlado en la sombra por China, pese a la independencia que le otorgara Japón.
El gobierno coreano concedió a Rusia una base naval próxima a las costas japonesas, intentando una jugada que podría salirle mal: la doble amenaza a Japón de Rusia y China. Rusia aprovechó la desestabilización de la zona y firmó un acuerdo con China para el libre acceso ruso a todos los puertos chinos. El desafío a Japón estaba servido y provocó, además, la airada desaprobación de Gran Bretaña, que veía al gigante ruso como una amenaza para sus posesiones británicas y su provechoso comercio asiático. La clara consolidación militar de Rusia en la región provocó la alianza de Gran Bretaña con Japón en 1.902, entre cuyas cláusulas figuraba la construcción de unidades navales que se entregarían a Japón, así como la aceleración en la entrega de las unidades que se hubieran encargado con anterioridad.
Inmediatamente se aprobó un plan de rearme naval de 200.000 toneladas denominado "Esperanza y determinación" y se encargaron a Gran Bretaña seis acorazados, cuatro cruceros armados, dos cruceros ligeros, dieciséis destructores y diez torpederos. Otras unidades fueron encargadas a Francia, Italia e incluso Alemania y EE.UU. Por su parte, Japón comenzó la construcción acelerada de diez torpederos y ocho destructores e inició un programa de adiestramiento del personal de la marina de 15.100 hombres hasta incrementarse a 40.800 marineros y oficiales.
Considerando la penetración rusa en Corea y Manchuria un riesgo a su seguridad nacional, Japón exige a Rusia que abandone Manchuria, en cumplimiento de los acuerdos de 1.900. Pero Rusia dilata las conversaciones diplomáticas durante más de dos años y Japón, con la paciencia totalmente colmada, rompe relaciones diplomáticas el 06 de febrero de 1.904.
Las semillas de la guerra ruso-japonesa estaban a punto de germinar.
- Jukes, Geoffry, The Russo-Japanese War 1904–1905, Osprey Essential Histories, 2002.
- Nish, Ian, The Origins of the Russo-Japanese War, Ed. Longman, 1985.
- Semenov, Vladimir, Capt, The Battle of Tsushima, Ed. Dutton & Co, 1912.
- Corbett, Sir Julian, Maritime Operations In The Russo-Japanese War 1904-1905, George Allen & Unwin Ltd, London, 1994.
- Walder, David, The short victorious war: The Russo-Japanese conflict, Biblioteca Virtual de la Russo Japanese War Research Society.
- Okamoto, Shumpei, The Japanese Oligarchy and the Russo-Japanese War, Columbia University Press, 1993. |