En la noche del 26 al 27 de mayo de 1.905 la flota rusa avanzaba a una velocidad de unos 9 nudos cuando finalmente se adentró en el Estrecho de Tsushima, con las luces atenuadas y rebasando, sin ser avistados, las unidades navales niponas que patrullaban la zona. Pero para desgracia de los rusos, el buque hospital Orel, situado a la retaguardia de la flota, decidió llevar todas las luces de navegación sin ningún tipo de atenuación, a fin de cumplir las leyes internacionales de navegación. En aquella situación era como un resplandeciente árbol de Navidad en medio del desierto y enseguida llamó la atención del crucero auxiliar japonés Shinano Maru, que volvía a su base tras realizar su patrulla. El capitán Morikawa, comandante del buque japonés, identificó inmediatamente el buque hospital y radió su hallazgo al resto de la flota a eso de las 04:55h.
Poco después, a las 06:30h, el buque insignia del Almirante Togo, el Mikasa, se unía al resto de la flota, amarrada en la Cala Douglas, tras haber zarpado de la cuenca del Sylvia, donde se hallaba anclado a la espera de noticias. Unos minutos después de alcanzar al resto de sus hombres, recibía noticias del Idzumi, que había estado siguiendo en la penumbra a los rusos: estos se dirigían hacia el Canal Oriental. Togo dirigió entonces a todos sus buques a mar abierto, poniendo rumbo al norte de la Isla de Tsushima para posteriormente virar al sureste, hacia Okinoshima, el lugar donde hacia aproximadamente una año los rusos hundieran unos transportes militares japoneses. La idea de Togo era interceptar a los rusos en el punto en que los espíritus de sus compañeros fallecidos, un año antes, infundirían sin lugar a dudas, un ápice extra de ganas de venganza por ellos a sus hombres.
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Nikolai Ivanovich Nebogatov (1849-1922), Contra Almirante de la Escuadra Rusa y a la postre, quien se vio obligado a rendir a su flota. |
Alrededor de las 09:05h, el Almirante Kataoka, liderando la Quinta División, que había estado navegando sin descanso durante mucho tiempo en pos de la flota rusa, aparecía de forma sutil y gradual de entre la bruma en lo que parecería ser una mera docena de embarcaciones de combate en línea de a dos. De forma gradual y a tan solo cinco millas, paralelamente al Almirante Kataoka, fue surgiendo la Sexta División de Togo.
A las 10:15h, el Almirante Kataoka visualiza a la flota rusa y enarbola sus banderas de combate, iniciando una maniobra de atracción que llevaría a los rusos hacia el grueso de la línea de batalla de la flota de Togo. Al llegar al punto de encuentro la Tercera División del Almirante Dewa, hacia las 11:14h, se acercó lo suficiente a los rusos como para que Rozhdestvenski, que inicialmente había formado a su flota en una única línea de combate, decidiera dividir su Primera División en un fallido intento por prevenir lo que él asumía como un ataque.
Rozhdestvenski había intentando llevar a su Primera División a estribor de la línea principal y formar una línea que se mantuviera en el orden correcto para poder mantener una confrontación frontal con los cruceros japoneses que venían por el lado de babor. Sin embargo, la paupérrima maniobrabilidad de sus buques o bien las inexistentes señales entre ellos, llevaron a su División a total confusión y dieron al traste con su plan, forzando a la División a volver a su posición inicial a toda prisa. Y mientras todo esto sucedía, ya había buques rusos abriendo fuego contra los cruceros de Dewa, que decidió regresar a puerto, dejando atrás a los rusos y confundiéndose con la espesa bruma.
A las 12:47h, el Almirante Togo se encontraba a 10 millas al noroeste de Okinoshima, sin haber sido informado aún de que Rozhdestvenski había formado a parte de su escuadra en línea de a uno y por tanto, actuando bajo la falsa presunción de que si viraba primero al oeste y posteriormente al sur, sería capaz de liquidar con facilidad la parte más débil de la flota rusa. Y fue a causa de la incapacidad de los marineros rusos que cuando se encontraron las dos flotas, estaban formados en línea de a dos, tal y como pensaba Togo.
Éste también pensaba que los rusos se encontraban bastante más al este y que aparecerían a proa de su posición. Entonces, a las 13:39h, con la bruma levantándose, vio aparecer a la flota enemiga, solo que se encontraban al suroeste de donde les pensaba encontrar, completamente a estribor de su posición.
De la sorpresa inicial, Togo pasó rápidamente a la acción y reaccionó en consecuencia, ordenando a sus buques maniobrar a estribor para cruzar la línea rusa. De ese modo se exponía a una peligrosa maniobra en la que sus buques, durante unos momentos, formarían una U, hasta haber corregido el rumbo, en la que hubieron sido presa fácil para la artillería rusa. Sin embargo, la posterior formación no iba a ser menos arriesgada, ya que implicaba lo que en el argot se denomina “cruzar la T”, o lo que es lo mismo, presentarse al combate perpendicularmente a la línea formada por los buques enemigos, donde la línea del navío atacado es el cuerpo de la letra mientras que el atacante representa la barra horizontal.
Cuando ambas flotas se encontraban a poco más de 6.000 metros, se inició el intercambio de artillería que se prolongaría poco más de una hora, ya que para entonces la batalla estaba decidida. Cuatro buques rusos, el Knyaz Suvorov, el Emperador Alexander III, el Borodino y el Oslyabya, fueron llevados a pique debido al intenso fuego concentrado que llevaron a cabo las divisiones de Togo y Kamimura. Esta dramática situación, abocó a los rusos a combatir sin orden ni concierto en una meleé que duró hasta las 19:20h, momento en que Togo ordenó a su flota rematar a los buques rusos que aún podían quedar operativos.
Tras el cese del fuego de la artillería pesada, las tripulaciones de los buques supervivientes de la flota rusa se encontraron, de repente, sumidos en un profundo desánimo y completamente exhaustos que llevó a muchos marineros a sumirse en un profundo sueño, olvidando por completo el peligro, lejos de haber pasado, estaba a punto de cobrar otro significado arropado por la penumbra de la noche.
El mando de lo que quedaba de flota rusa, fue asumido por el Almirante Nebogatov, quien a bordo del Emperador Nikolai I dirigía los destinos de aquellos que habían sobrevivido al arrasador ataque japonés. Su asunción del cargo no fue voluntaria, sino que se vio obligado a ello porque en plena acción, un trozo de metralla hirió en el cráneo a Rozhestvensky, que fue trasladado a un destructor que sería capturado por los japoneses.
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Detalle de la acción (clic sobre la imagen para ampliar). |
La primera decisión de Nebogatov fue poner orden en el caos reinante que era su flota. Para ello decidió poner un rumbo de 225º, alejándose de ese modo de los japoneses y dando tiempo a los remanentes de la flota rusa a rearmarse y reforzarse (en la medida de lo posible) en su camino de regreso a Vladivostok. Y es que la esperanza que suponían las ocho o nueve horas de oscuridad que tenían por delante, en mar abierto, infundían alguna posibilidad de regresar sanos y salvos a casa. Pero claro, siempre y cuando no se toparan con el cinturón de barcos nipones que estaban buscándolos para darles caza.
La mala fortuna, una vez más, se alió en con el bando ruso y cuando el Almirante Nebogatov izó la señal de “Seguidme” e inició el viraje al norte, los torpederos y destructores japoneses les daban alcance. Así, hacia las 20:00h, se inició una larga serie de ataques de nipones que duró, aproximadamente, tres horas sin interrupción, si bien un fuerte viento del suroeste arreciaba de forma constante, lo que en cierta manera alivió el sufrimiento ruso, ya que según los informes oficiales redactados por Togo “la mar de fondo impedía, de forma significativa, la eficacia de los torpederos”.
A medida que se cerraba la noche, el tiempo iba mejorando. Los rusos navegaban a una velocidad de 9 nudos, lo máximo que podían a esas alturas dar de sí sus embarcaciones, con lo que el hostigamiento japonés fue cada vez más intenso. Tal era la determinación de los japoneses que en su afán por acabar con los rusos, que se produjeron numerosas colisiones entre sus propios buques.
El resultado de tan feroz ofensiva fue desastroso para los rusos. El Navarin fue alcanzado por cuatro impactos de torpedo antes de irse a pique con sus 622 hombres, de los cuales únicamente tres fueron rescatados con vida dieciséis horas después por una patrulla japonesa que buscaba supervivientes. El Sisoi Veliki fue torpedeado a popa y se empezó a hundir muy lentamente; quiso la fatalidad (una vez más) que en su errático rumbo, se dirigiera hacia la parte meridional de la isla de Tsushima y apareciera, a primera hora de la mañana, en el justo momento en que los cruceros auxiliares japoneses se encontraban desembarcando a los infantes de marina para tomar posesión de la isla.
El Almirante Nakimov fue torpedeado a proa, aguantando su estructura las toneladas de agua que entraban a raudales, hasta el momento en que la tripulación avistó a los cruceros japoneses que les intentaban dar caza para abrir todas las válvulas Kingston (se trata de una doble válvula situada en la carena del buque y empleada para la entrada de agua del mar en el interior del casco) a fin de hundir el buque para que no fuera capturado. El Vladimir Monomakh fue torpedeado por un destructor y fue tan seriamente dañado, que la tripulación lo abandonó a su suerte tras abrir todas las válvulas Kingston del buque.
La noche fue de verdadera pesadilla para los rusos, a cuyo nefasto balance de bajas hay que añadir dos acorazados hundidos y dos cruceros tan dañados que fueron presa fácil a la mañana siguiente. Únicamente escaparon a tamaño desastre los cinco buques capitanes de Nebogatov, que pudieron salir indemnes de semejante avalancha de ataques.
Como contrapunto, entre los japoneses, el número de pérdidas fue ínfimo, ya que únicamente se perdieron dos torpederos en combate mientras que un tercero se fue a pique tras colisionar violentamente con el Akatsuki II. El Yugiri, el Harasume y el Sagi también colisionaron, pero sus daños no revistieron gravedad y otros cinco destructores y torpederos fueron dañados, apartándolos temporalmente del servicio activo.
La rendición.
Los ataques sufridos durante la noche habían puesto a prueba la paciencia de las tripulaciones rusas supervivientes. Los artilleros de la Flota Rusa llevaban, en la mayoría de casos, más de veintidós horas en sus puestos, de las cuales más de seis habían sido de combate en una de las más feroces batallas navales de la historia.
El Almirante Togo, por el contrario, se pudo permitir el lujo de dar descanso a los hombres de sus buques pesados, mientras se dirigían al norte, navegando a 15 nudos, en pos del norte de Matsushima, donde se iba a producir la capitulación rusa. Arribó a la zona al romper el alba y no avistó un solo buque enemigo, si bien se le informó, desde la Sexta División, de que un grupo de barcos rusos había sido detectado a unas dieciséis millas al sur de su posición. Se acercaba el final.
El Almirante Nebogatov había aceptado la situación en la que se encontraba. Había dudado incluso, si rehuir aquel mal trago tratando de escapar con su destartalado buque de la rápida aproximación de Togo a su posición. Pero llegó a la conclusión de que eso no iba a ser posible.
Al amanecer, con un cielo claro y una mar completamente en calma, navegaba en dirección a Vladivostok y durante una hora pensó que podía salir airoso de aquello. Pero sus esperanzas fueron breves: a primera hora de la mañana, avistaron a algunos de los cruceros de Togo que inmediatamente se les echaron encima.
Las divisiones de cruceros de Kataoka y Uriu les estuvieron siguiendo mientras Togo y Kamimura surcaban el mar prestos a la caza. Ante tales perspectivas, el buque ruso Izumrud solicitó ser dispensado, ya que su escuadra le forzaba a navegar a su velocidad mínima, para poner rumbo en solitario hacia Vladivostok y al menos tener la oportunidad de escapar. Nebogatov se negó rotundamente a tal solicitud.
El Almirante Togo alcanzó a los rusos y se acercó lo necesario para mantenerlos a una distancia en que estuvieran al alcance de sus poderosos cañones pero sin que hubiera posibilidad de que las piezas rusas más potentes les pudieran alcanzar.
Cuando se encontraban a poco más de nueve mil metros, el crucero japonés Kasuga abrió fuego sobre el buque capitán ruso Nikolai I, que fue alcanzado en el tercer disparo, destrozándole gran parte de la proa.
Esta acción acabó con la moral rusa, que se vio imposibilitada para responder al fuego enemigo, ya que su potencia de fuego no podía alcanzar a los japoneses y su mermada velocidad, le imposibilitaba la huida.
Ante tal situación, a Nebogatov se le planteó la que, seguramente, era la decisión más difícil de su vida: ¿debía intentar, a pesar de todo, plantar cara y ver como lo que quedaba de la flota era destrozada o bien rendirse incondicionalmente?
Entre las posibles contingencias de batalla que dejó por escrito Rozhdestvenski, se mencionaba explícitamente:”En caso de vernos rendidos por un enemigo superior y a fin de evitar mayores desastres, se deberá hundir el buque (que se vea en tal situación) por su tripulación para evitar la captura”. Nebogatov estimó que con la mayoría de sus naves seriamente dañadas o prácticamente destruidas, tres cuartas partes de sus 2.000 hombres perecerían en el intento de hundir sus propios buques. Y no podía pedir tal sacrificio a la marinería.
Así que sin otra salida, ordenó que se izara un XGH, o lo que es lo mismo, la señal internacional para la rendición. Por fin los japoneses habían acabado con la poderosa armada rusa e inmediatamente el Almirante Togo ordenó el cese del fuego y despachó un detallado informe sobre cómo capturar y trasladar a los buques y prisioneros.
El único buque ruso que pudo escapar de aquello fue el Izumrud, aquel que precisamente solicitara ser dispensado del servicio. Aprovechando el momento de incertidumbre entre el XGH y la reacción japonesa, puso rumbo a toda máquina hacia Vladivostok. La densa niebla que apareció de repente, le permitió escapar al cordón de seguridad japonés.
- Jukes, Geoffry, The Russo-Japanese War 1904–1905, Osprey Essential Histories, 2002.
- Nish, Ian, The Origins of the Russo-Japanese War, Ed. Longman, 1985.
- Semenov, Vladimir, Capt, The Battle of Tsushima, Ed. Dutton & Co, 1912.
- Corbett, Sir Julian, Maritime Operations In The Russo-Japanese War 1904-1905, George Allen & Unwin Ltd, London, 1994.
- Walder, David, The short victorious war: The Russo-Japanese conflict, Biblioteca Virtual de la Russo Japanese War Research Society.
- Okamoto, Shumpei, The Japanese Oligarchy and the Russo-Japanese War, Columbia University Press, 1993. |