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El hombre que nunca existió

Montagu decidió añadirle otro documento al cadáver: una carta de presentación del Comandante Martin, redactada por Lord Louis Mountbatten, Jefe de Operaciones Combinadas, dirigida al almirante Sir Andrew Cunningham, Comandante del Mediterráneo, y en la que se dejaban algunas pistas de que el desembarco sería en Cerdeña y se completaba indicando que durante el ataque a Cerdeña, habría una maniobra de distracción sobre el norte de Sicilia.

El perfil del Comandante Martin estaba listo. Ahora faltaba darle una vida personal, algo que no presentaba problema alguno: al pobre Comandante Martin se le asignó una vida caótica, incluyéndosele documentos como una carta del Lloyd´s Bank en la que se le reclama un descubierto; la factura no pagada de un anillo de una tienda de la exclusiva Bond Street londinense que había adquirido para su novia, Pam;  por supuesto una foto de su novia Pam, tomada en un momento de descanso lejos del frente; dos entradas para un espectáculo en el West End londinense, algunas cartas de amor, dobladas y desdobladas, como si se hubieran releído muchas veces; dos cartas de su estirado padre, quien había decidido refugiarse en un albergue rural en Gales; una factura del Club Militar y Naval de Picadilly Circus (un lugar muy conocido en el Londres de la época) con fecha 24 de abril, con lo que se “demostraba” que había estado allí ese día; un pase caducado para el Cuartel General de Servicios Combinados; un carnet de identidad que sustituía a uno perdido con anterioridad; una invitación sin fecha para una famosísima sala de fiestas denominada Cabaret Club y los típicos elementos que se llevaban en los bolsillos: llaves, monedas, una caja de cerillas, otra de tabaco… Había también una cadena, recubierta de cuero, que le mantendría atado a la cartera de cuero a pesar del oleaje. Montagu no estaba muy convencido de tal detalle, ya que no era una práctica común entre los correos, pero no le quedó otra elección si quería garantizar que la cartera y su contenido “llegara a buen puerto”.

 
Zona de la playa de Punta Umbría en la que se encontró el cadáver del Comandante Martin.
Zona de la playa de Punta Umbría en la que se encontró el cadáver del Comandante Martin.

Uno de los puntos que más trabajo dio a los miembros del equipo de Montagu fue su carnet de identidad. Obviamente, no se podía hacer una foto de carnet al cadáver, porque se le veía bien muerto… La casualidad quiso en un día, en una reunión, Montagu viera a un oficial que perfectamente podría pasar por el doble del Comandante Martin. Así que se le hizo la foto y se le aplicó un proceso de envejecimiento al falso carnet de identidad.

Ahora faltaba determinar cómo había “fallecido” el Comandante Martin. Se decidió que viajaba a África del Norte, ya que era experto en lanchas de desembarco, algo que se mencionaba específicamente en la carta de Lord Mountbatten, donde además se indicaba que había sido participe de la derrota sufrida por los británicos en la incursión de Dieppe. Un simple detalle para congratularse con los alemanes.

El Comandante Martin va a la guerra.
Ahora estaba todo listo para iniciar el plan. El Comandante Martin iba a viajar en un contenedor especial, relleno de hielo seco, que le mantendría en perfectas condiciones. Fue el propio Montagu quien trasladó el cadáver en su contenedor, desde Londres hacia Holy Loch, cerca de Glasgow, donde esperaba el transporte: el submarino H.M.S. Seraph, que ya tuvo su protagonismo en 1.942 cuando trasladó al general norteamericano Mark Clark al norte de África para que, en secreto, tratase de alcanzar un acuerdo de alto el fuego con los representantes de la Francia de Vichy.

La tripulación del submarino desconocía por completo lo tétrico de su carga. Se les informó que dicho contenedor transportaba un aparato ultra secreto de información meteorológica. Una vez todo estuvo preparado, se demandó la autorización final del Primer Ministro, Winston Churchill, quien estaba obviamente al corriente de todo. Este accedió y ordenó que se informara al general Dwight D. Eisenhower de todo lo organizado en la que ha pasado a la Historia como Operación Mincemeat.

Así, el H.M.S. Seraph y su extraña carga, zarpan el 19 de abril de 1.943 y en ese momento únicamente el capitán del submarino, Bill Jewel, estaba al corriente de la misión. Durante diez días únicamente salieron a la superficie un par de noches, todo por el secreto objetivo que les obligaba a no fracasar. Tuvieron suerte y en ningún momento se toparon con cualquier otra embarcación o avistaron avión alguno. Mientras, el Comandante Martin esperaba su cita con el destino en su contenedor, ubicado junto a los tubos torpederos del submarino.

Pasaron los días y finalmente, el H.M.S. Seraph llegó a las costas de Huelva, situándose a 1.600 metros de de Punta Umbría, donde se sumergió a la espera de cumplir con su objetivo. Ese momento llegó a las 04:30h del 30 abril de 1.943, momento en que se izó el contenedor y el Comandante Martin salió de su contenedor. El comandante del submarino, que ya había informado a sus subalternos de la misión que se les había encomendado, se encargó de inflar su chaleco salvavidas y rezó una oración por el alma de aquel hombre que, después de muerto, podía hacer lo indecible por salvar muchas vidas. Tras la oración, se dejó al capricho de las olas y las mareas el cadáver del Comandante Martin para que cumpliera con su misión y un bote neumático con un único remo, a fin de darle sensación de apresuramiento a todo el cuadro, como si quisieran que pareciera que el Comandante Martin se había escapado por los pelos de un accidente aéreo.

Y así fue. El cuerpo flotó, con su maletín atado a la cintura y los documentos, en su interior, que debían fraguar el engaño. A penas unas horas después, un pescador onubense recuperó el cadáver, notificándose inmediatamente a las autoridades, tanto españolas como británicas. Un médico forense de la zona, determinó que aquel personaje había fallecido ahogado y ante lo evidente de su rango militar, se decidió enterrarlo en el cementerio de la localidad. Obviamente, la desconsolada Pam envió un ramo de flores y oficiales británicos visitaban con cierta frecuencia el lugar. Por el momento, el plan estaba funcionando como se había planeado.

Estos son los restos mortales del que se denominó Comandante William Martin, tal y como se prepararon para ser el objeto del engaño en la Operación Mincemeat.
Estos son los restos mortales del que se denominó Comandante William Martin, tal y como se prepararon para ser el objeto del engaño en la Operación Mincemeat.

Pero, ¿qué se había hecho de los documentos que portaba el Comandante Martin? Dos días después del funeral del Comandante Martin, los británicos enviaron un mensaje secreto a Madrid pidiendo la urgente devolución de los documentos que transportaba. El gobierno español devolvió los documentos, pero no antes del 30 de mayo, con lo que se presumía que los servicios de inteligencia habían trabajado de lo lindo mientras tanto. Montagu había tomado una sencilla pero eficaz precaución, para saber si los documentos habían sido examinados: la carta del Sir Archibald Knight al General Alexander se había doblado una única vez. Una fotografía ampliada confirmó se había doblado al menos una segunda vez pero por otro lugar diferente. Estaban seguros de que la información volaba hacia Alemania y esperaban que el pez mordiera el anzuelo.

Se dio la circunstancia de que Montagu y su equipo no supieron, hasta después de la Guerra, del éxito de su plan. Sin embargo, en Bletcheley Park, sede de los centros de desciframiento de los Códigos Enigma alemanes, los criptógrafos sabían del avance, exitoso, de la Operación Mincemeat, si bien no tenían ni idea de que era aquello. Y es que tanto Montagu desconocía que su propio ejército conociera las claves secretas alemanas como los descifradores de éstas supieran de la operación que se había llevado a cabo. Por ejemplo, en un mensaje captado y descifrado a los alemanes el 12 de mayo, se indicaba que por orden de Hitler se rebajó la importancia estratégica de Sicilia y se establecía la preferencia en la defensa y refuerzo de Grecia y Cerdeña.

Tras la Guerra, una vez que los Aliados llegaron a Berlín, se analizaron multitud de documentos secretos alemanes. Entre estos, en el Archivo Naval Alemán, se hallaron copias de los documentos que sirvieron de engaño en la Operación Mincemeat. El oficial alemán que gestionaba la información del engaño, consideró en su momento que se había producido un fallo catastrófico en la seguridad Aliada, y dio por buena la información que el Comandante Martin portaba. Esta fue una primera confirmación de que la Operación Mincemeat había ido bien. Otro documento enviado por al Inteligencia Alemana a mediados de mayo de 1.943 al Almirante Dönitz, donde se informaba la necesidad de “volver a valorar” la defensa de Sicilia en lugar de la de Cerdeña y el sur de Grecia, basándose en documentos arrebatados a los Aliados.

Las conclusiones de Dönitz, basadas en lo evidente de la información de que disponía, fueron firmadas y aceptadas por Jefe del Estado Mayor de Hitler, el Mariscal de Campo Keitel. Y así, la Operación Husky, la invasión de Sicilia, se inició la noche del 09 de julio de 1.943. Para el 13 de julio, los alemanes ya estaban seguros de que habían caído en un engaño, si bien Hitler, hasta pasados unos diez días más, siguió estando convencido de que la invasión tendría lugar en el sur de Grecia: el 23 de julio puso al mando de las fuerzas alemanas que esperaban la invasión en Grecia, al Mariscal Rommel. Pero el nombramiento duró tres días, ante lo evidente: no iba a producirse tal invasión.

De este modo, la aventura de un cadáver que tomó prestada una identidad inexistente, se convirtió en el mayor engaño de toda la II Guerra Mundial.

 

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Bibliografía.


- Steele, John and Noreen, The Secrets of HMS Dasher, Scotland: Argyll Publishers, 2003.
- Montagu, Ewen, The Man Who Never Was: World War II's Boldest Counter-Intelligence Operation, Ed. Bluejacket Books, London, 2001.
- Lartimer, John, Deception in War , Ed. John Murray, London, 2001.
- Professor M.R.D. Foot. The Special Operations Executive 1940-1946, Pimlico , 1999.
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