La teoría del H.M.S. Dasher
John Steele era sólo un niño cuando el 27 de marzo de 1.943 vio cómo frente a su pueblo, ubicado en el estuario del Clyde, en el noroeste de Escocia, un enorme barco explotaba y se hundía en un suspiro. Aquella imagen le obsesionó durante toda su vida, y cuando le llegó la jubilación se dedicó a investigar el que es uno de los episodios más trágicos y oscuros de la historia naval inglesa: el hundimiento del portaaviones H.M.S. Dasher, que se fue a pique en tan sólo 18 minutos tras sufrir una explosión fortuita a bordo. Murieron 379 marinos, pero por alguna razón el Gobierno británico se limitó a enviar un telegrama a las familias y sólo enterró oficialmente 12 cuerpos. Ante la lluvia de reclamaciones, la respuesta fue “alto secreto”. Nunca se entregaron los cientos de cadáveres restantes ni se dieron más explicaciones.
Cuando Steele publicó en 1.995 la primera edición de su libro, Los secretos del H.M.S. Dasher, todavía no había establecido relación alguna entre ese suceso y la Operación Mincemeat ni sabía que un tenaz ingeniero de minas de un pueblo del sur de España seguía concienzudamente los pasos del mayor Martin. Sus investigaciones causaron cierto revuelo, y, curiosamente, pocos meses después apareció el papel mágico en los archivos oficiales con el nombre del mendigo suicidado.
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Imagen de archivo del H.M.S. Dasher. Algunos expertos sostienen que la procedencia del cadáver que se empleó para la Operación Mincemeat procedía de alguno de los miembros de la malograda tripulación del portaaviones.
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Estos tres hombres, Steele, Gibbon y Copeiro, entran finalmente en contacto, y, tras varias reuniones en Huelva y Escocia, las piezas del puzzle comienzan finalmente a encajar. Buceando en la documentación desclasificada, reparan en que Montagu se reunió con el comandante del submarino en Londres para comunicarle los pormenores de la operación el 31 de marzo de 1.943, esto es, cuatro días después de haberse hundido el H.M.S. Dasher. En ese encuentro se le ordena que lleve el Seraph, que estaba atracado en la base de Blyth, al noreste de Inglaterra, hasta la de Holy Loch, en el noroeste de Escocia y a sólo 18 millas del punto donde acababan de morir, la mayor parte ahogadas, casi 400 personas.
Montagu, en su libro, dice que trasladaron el cadáver desde Londres a Holy Loch conduciendo sin parar durante horas en una furgoneta. Pero si el submarino ya estaba atracado en Blyth, mucho más cerca de la capital, ¿por qué hacerle navegar cientos de millas hasta el noroeste de Escocia en plena guerra y en un mar lleno de peligros? “Pues la respuesta”, concluye Copeiro, “es que se utilizó uno de los cuerpos de los fallecidos en el hundimiento del Dasher”.
Todos los investigadores piensan lo mismo. Sólo así se explicaría la convicción de los oficiales alemanes al tragar el anzuelo. Porque, por otra parte, también están convencidos de que los alemanes hicieron su propia autopsia. El hijo de Adolf Clauss, el espía nazi que operaba en Huelva y que envió la información que portaba el cadáver a Berlín, actualmente reside en un pueblo sevillano y también lo cree. “Mi padre”, cuenta, “me dijo que se llevaron el cuerpo poco después del entierro, que lo metieron en un submarino alemán que se acercó en secreto a la costa y se lo llevaron a analizar a Alemania”. “Estoy convencido”, añade, por su parte, el doctor Concheiro, “que un patólogo alemán, en una segunda autopsia, habría realizado el análisis histológico de los pulmones y, por tanto, descubierto el engaño”.
¿Está, pues, la tumba del cementerio de Nuestra Señora de la Soledad vacía? “Es posible”, opina Copeiro. “Pero por ahora es difícil que lo sepamos porque la voluntad de ocultamiento persiste”. El ingeniero español lo sabe bien. Cuando en 1993 quiso acceder, tras su desclasificación, a uno de los últimos y más secretos documentos de la Operación Mincemeat, el CAB 93/7, le negaron el acceso porque había pasado a situación de “préstamo permanente”.
Al interesarse por el destino del préstamo, la respuesta le dejó estupefacto: el 10 de Downing Street, la residencia del Primer Ministro. Allí escribió para solicitar una copia. Y hasta la fecha no ha obtenido respuesta.
- Steele, John and Noreen, The Secrets of HMS Dasher, Scotland: Argyll Publishers, 2003.
- Montagu, Ewen, The Man Who Never Was: World War II's Boldest Counter-Intelligence Operation, Ed. Bluejacket Books, London, 2001.
- Lartimer, John, Deception in War , Ed. John Murray, London, 2001.
- Professor M.R.D. Foot. The Special Operations Executive 1940-1946, Pimlico , 1999.
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