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El Kraken

En el mundo de las criaturas marinas de carácter fabuloso, por lo colosal y lo terrible de su fama, quizá el Kraken sea una de las más conocidas. El origen legendario de este monstruo se remonta a las sagas y leyendas nórdicas, cuando los vikingos navegaban a sus anchas por los mares y en ocasiones se enfrentaron en las costas de Noruega e Islandia a un ser descomunal capaz de atrapar sus embarcaciones y llevarlas al fondo del mar, junto con su tripulación, incapaz de luchar contra aquel engendro de la Naturaleza.

Actualmente se considera que el origen de tales leyendas se basa en el avistamiento de calamares gigantes, cuyas dimensiones (a día de hoy desconocidas, puesto que jamás se ha conseguido un ejemplar en buenas condiciones y menos aún capturar uno vivo) se estima que rondan los 14 a 20 metros de longitud, incluyéndose los tentáculos. Se sabe que viven en grandes profundidades y que de forma inusual pueden llegar hasta la superficie para alimentarse, con lo que es probable que en épocas pretéritas alguno atacara a pequeñas embarcaciones.

 
Detalle del manuscrito original del obispo de Bergen Erik Lugvidsen Pontoppidan, Historia natural de Noruega, una de las primeras referencias al antiguo mito del Kraken.
Detalle del manuscrito original del obispo de Bergen Erik Lugvidsen Pontoppidan, Historia natural de Noruega, una de las primeras referencias al antiguo mito del Kraken.

El origen del mito y reminiscencias de otras culturas.
La etimología de la palabra Kraken corresponde al término escandinavo krake, empleado para designar un animal malsano o algo maligno, retorcido. En el actual alemán, krake (cuyo plural es kraken) significa pulpo, si bien refiere también al legendario Kraken. A fe de ser exactos, en las antiguas sagas nórdicas nunca se menciona el nombre Kraken (según algunos expertos, porque su mención era atraer la mala suerte e invocar al monstruo) y se emplean otros términos para hacer referencia al fabuloso animal: hafgufa o lyngbakr, ambos descritos en la saga de Örvar Odds y en el texto noruego del año 1.250 d.C. Konungs skuggsjá o en latín Speculum Regale (el Espejo del Rey), que describe una enorme criatura marina, tan grande como una isla que, al parecer, de forma esporádica pueden ver los marineros y pescadores, lo que hace especular a la gente que se trate de la única en el Mundo. Podemos encontrar menciones muy detalladas sobre el mito del Kraken en la obra Historia natural de Noruega, redactada en 1.752 por el obispo de Bergen Erik Lugvidsen Pontoppidan, donde se describía al enigmático ser “de forma incuestionable, como el mayor monstruo marino del Mundo” y cuyas dimensiones nos pueden dejar estupefactos: de ancho podía llegar a tener casi un kilómetro y de largo unos dos y medio… Una de sus características más significativas son unas protuberancias similares a las estrellas de mar “que parecen ser los tentáculos de la criatura y según se dice, son capaces de mantener al más grande de los guerreros (se entiende que grande en cuanto a tamaño) en el aire y manejarlo como un pelele”. Añade Pontoppidan que lo más peligroso del Kraken para los buques “son las turbulencias que provoca al aparecer en la superficie y los remolinos que genera al sumergirse”.

El hecho de que sean siempre los pescadores quienes se encuentren con la bestia se debe, según el libro, a que la presencia del Kraken atrae a infinidad de peces. Los pescadores noruegos, a sabiendas de ello, se dedicaban a faenar sobre el lugar en que se encontraba la criatura, lleno de peces, pero a riesgo de perder sus barcos y sus vidas. De hecho, si un pescador conseguía una buena captura, los otros le decían “debes de haber pescado sobre un Kraken”. Pontoppidan también afirmaba que el monstruo era frecuentemente confundido con una isla, llegándose al punto de que algunos mapas mostraban islas que indicaban el lugar donde se encontraba el Kraken.

Otra representativa descripción del Kraken, nos la brinda el sueco Jacob Wallenberg en su libro Min son på galejan (Mi hijo en la galera), de 1.781:

“[…] El Kraken, también denominado pez-cangrejo, según los pilotos noruegos no es esa bestia enorme de cuatro cabezas y colas que nos han contado. No es más grande que nuestro Öland (esto es, menos de 16 km)… Vive en el lecho marino, siempre cubierto de pequeños peces que le sirven de alimento y que son alimentados por él en contraprestación. Para realizar una sola comida (si no recuerdo mal lo que mencionaba Pontoppidan) no está menos de tres meses y necesita otros tres para digerirla. Sus excrementos sirven de alimento a una legión entera de peces, razón por la que los pescadores suelen faenar en las zonas en las que descansa el monstruo […]. De forma gradual, el Kraken asciende a la superficie y cuando se encuentra a diez o doce brazas de los botes, más vale que estos se dispersen de la zona inmediatamente, porque de otro modo reventarán ante el chorro de agua que de sus atroces fosas nasales emana, provocando enormes olas a su alrededor y que pueden llegar a alcanzar varias millas. ¿Puede caber alguna duda de que nos encontramos ante el Leviatán de Job?.
El Kraken cobrándose una víctima, en este caso un navío (ilustración de Pierre Denis de Montfort) frente a las costas de Angola. Esta es la representación más temida del mítico ser marino.
El Kraken cobrándose una víctima, en este caso un navío (ilustración de Pierre Denis de Montfort) frente a las costas de Angola. Esta es la representación más temida del mítico ser marino.

Historias posteriores del monstruo, tienden a empequeñecerlo, sin que podamos dejar de considerarlo gigantesco. Se inicia en la imaginería popular, un ciclo en que el Kraken adopta la forma de un cangrejo, si bien a partir de principios del S.XIX, se le empieza a representar como un cefalópodo (calamar o pulpo) de colosales características e incluso en algunos momentos existen descripciones que más bien se podrían asociar con grandes ballenas. En algunos manuscritos de la época, se han detallado avistamientos en la zona de Islandia que posteriormente se han podido asociar con una fuerte actividad volcánica submarina en la zona, con los característicos efectos que esta conlleva: grandes burbujas de agua, corrientes repentinas y muy peligrosas o la aparición súbita de nuevos islotes.

En 1.802, el científico francés Pierre Denis de Montfort, registró en su libro Histoire Naturelle Générale et Particulière des Mollusques (Historia natural general y particular de los moluscos) que la criatura a que hacen referencia los marineros noruegos se trata del Kraken Octopus. Montfort llega a sugerir que existían incluso especies de pulpos más grandes que los descritos con anterioridad y a los que denomina Colossal Octopus. Hubo un momento en que Montfort peca de sensacionalista y atribuye la desaparición de diez buques de guerra británicos una noche de 1.782, a la acción devastadora de pulpos gigantes. Desafortunadamente para él, los británicos, que sabían que había sucedido con aquellos buques, desacreditan totalmente a Montfort y a sus trabajos, con lo que cae en desgracia por sus “alocadas teorías” y fallece en París en la más absoluta de las miserias en 1.820. Quizá él si fue una víctima del Kraken.

No es extraño encontrar en otras culturas vestigios o leyendas que hacen referencia a seres marinos colosales. En dos casos, son especialmente similares a la nórdica. Por una parte, tenemos a Scilla (o Skylla) y Caribdis, de la mitología griega. Estos seres, vivían en un estrecho canal de agua, donde ambas orillas del canal se encontraban a la distancia del alcance de una flecha. Cuando los marineros trataban de ir por uno de los lados del canal, se las veían con Scilla, y si trataban de ir por el otro lado, estaba Caribdis acechando. Se cree tradicionalmente que el lugar en que residían tan fantásticas criaturas era el Estrecho de Mesina, que separa Sicilia y la península itálica, si bien actualmente los expertos se decantan más por el Cabo Skilla en el noroeste de Grecia. La verdad es que la descripción de Scylla es terrorífica: un ser con seis espeluznantes cabezas, cada una de ellas con una boca que presenta tres filas de afilados dientes. El cuerpo, tiene doce patas de perro y cola de pez…

En el extremo opuesto del Globo encontramos la leyenda de Lusca, que en el Caribe es conocido por medir, según se dice, unos tres metros de alto y más de siete de largo. Muchos escépticos piensan que es imposible hallar en aquellas latitudes animal marino alguno de semejantes características. Pero los lugareños de la isla de Andros, en las Bahamas, están convencidos que en los Blue Holes (que podríamos traducir por “agujeros azules”) existentes en el lugar, se halla, oculto, el Lusca. Los Blue Holes son agujeros horadados de forma natural en el terreno por una serie de agentes erosionadores, como la lluvia, de forma similar a como se formaron los cenotes en la Península del Yucatán, en México. Y quien sabe si pudiera ser cierto, porque las aguas cristalinas de estos Blue Holes, pueden llegar a tener, en el más famoso de ellos, el Dean´s Blue Hole, unos ochenta metros de profundidad… El caso es que el Lusca, según los nativos, es similar a un pulpo, ataca cerca de la superficie y debe tener un tentáculo apoyado en el lecho marino para controlar sus movimientos, con lo que o bien es mucho más grande de lo que se dice, o debe atacar en aguas poco profundas. Otras descripciones indican que puede cambiar de color a su antojo, algo que ciertamente los pulpos comunes pueden llevar a cabo.

Cierta o no esta historia o leyenda, no es menos cierto que en el año 1.896 apareció en una playa de Florida el que se denominó Monstruo de St. Agustine, que a todas luces se trata de un ejemplar de pulpo gigante, según los criptozoologos, más grande que el conocido como Enteroctopus. ¿Será, entonces, que las leyendas y sagas se basan en avistamientos de estas criaturas?

 

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Bibliografía.


- L. M. Larson, The King's Mirror (Speculum Regale -- Konungs Skuggsja), The Johns Hopkins University Press, Princenton University, 2000.
- Pierre Denis de Montfort, Histoire Naturelle Générale et Particulière des Mollusques, Ed. Alianza Editorial, Madrid, 1997.
- Roy P. Mackal, Searching for hidden animals , Ed. DoubleDay, New York, 1980.
- Verrill, A.E, The The Florida Monster, Science New Series, 1897.
- Pierce, S., G. Smith, T. Maugel & E. Clark, On the Giant Octopus (Octopus giganteus) and the Bermuda Blob, Biological Bulletin 188: 219-230., 1995.
- Mangiacopra, G.S, Octopus giganteus Verrill: A New Species of Cephalopod. Of Sea and Shore, INFO Journal, 1975.
- Ellis, R, Monsters of the sea, Ed. Robert Hale, London, 1994.
- Bright, M, There are giants in the sea, Ed. Robson Books,, London, 1989.
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