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El Kraken

Calamares colosales y calamares gigantes.
Tal y como mencionábamos anteriormente, actualmente se considera que el origen de las leyendas, parte de la base de ataques que hubieran sido realizados por calamares gigantes, contrariamente a algunas historias que narran el hecho de que se trataba de pulpos gigantes. La razón es sencilla: los calamares tienen un carácter agresivo, al contrario que el de los pulpos, más esquivos y reacios al contacto.

Se pueden diferenciar, a grandes rasgos, dos especies diferentes de calamares gigantes. Por una parte se encuentra el Calamar Colosal (Mesonychoteuthis Hamilton) cuyos especimenes se consideran los más grandes entre los calamares gigantes y los únicos miembros del género Mesonychoteuthis. Por otra parte tenemos al Calamar Gigante, miembro de la familia de los Architeuthidae, que se encuentra representada por, al menos, ocho especies del género Architeuthis.

 
Extraordinario ejemplar de calamar gigante que fue encontrado varado en las playas de Nueva Zelanda por un ballenero en 1.888. Según se documentó, solo sus tentáculos medían 12 metros.
Extraordinario ejemplar de calamar gigante que fue encontrado varado en las playas de Nueva Zelanda por un ballenero en 1.888. Según se documentó, solo sus tentáculos medían 12 metros.

Respecto al primero de ellos, las estimaciones actuales le imputan un tamaño que ronda entre los 12 y los 14 metros, basándose en los análisis de alevines de la especie, con lo que serían los mayores invertebrados conocidos. A diferencia de las otras especies de calamares gigantes, cuyos tentáculos están equipados con ventosas forradas de pequeños dientes, los de los Calamares Colosales son una feroz mezcla de ventosas en punta y ganchos pivotantes. Su cuerpo es más ancho y corpulento, además de mucho más pesado que el de los Calamares Gigantes, si bien sus tentáculos son más cortos. El pico del Mesonychoteuthis Hamilton es el más grande conocido de cualquier especie de calamar, superando al del Architeuthis en tamaño y robustez y sus ojos son los más grandes del reino animal.

El hábitat natural de estos portentos de la Naturaleza se extiende desde la Antártida hasta la zona meridional de Sudamérica, el sur de Sudáfrica y diversas zonas de Nueva Zelanda, en profundidades que oscilan entre los 1.000 metros para los más jóvenes y de 2.000 a 2.500 metros para los ejemplares adultos, siempre en base a las capturas que se han podido realizar de unos pocos especímenes, así como de los picos encontrados en los estómagos de cachalotes. Poco más se sabe de estas criaturas, que se cree que se alimentan de pescados como el chaetognatha y otros calamares. Mencionar que las hembras de la especie son mucho más grandes que los machos.

Los principales indicios de la existencia de estos calamares se deben al avistamiento de gran cantidad de cachalotes que llevan marcas y cicatrices en sus lomos, según se cree provocadas por los ganchos pivotantes de los tentáculos de los Calamares Colosales. Y es que los cachalotes, sobretodo en el Antártico, basan su alimentación en los Calamares Colosales; en los análisis realizados a los estómagos de los cachalotes antárticos, en el 14% de ellos se encontraron picos de estos invertebrados, lo que indica que el 77% de la biomasa consumida por los cachalotes, corresponde al Calamar Colosal.

Esta especie de calamar, fue descubierta en 1.925, cuando unos pescadores capturaron un cachalote y encontraron en su estómago dos tentáculos desproporcionados, lo incitó la sospecha de una especie desconocida de calamar. En 1.981, un arrastrero ruso, en el Mar de Ross, cerca de las costas de la Antártida, capturó un ejemplar que midió un total de 4 metros, posteriormente identificado como una hembra inmadura de esta especie. Ya en 2.003, se consiguió encontrar un ejemplar completo hallado flotando, muerto, cerca de la superficie, cuyos tentáculos medían 6 metros y su cuerpo 7 metros. El 25 de junio de 2.005, se capturó un espécimen a una profundidad de 1.625 metros cerca de la isla de Georgia del Sur. Aunque su cuerpo se perdió cuando se izaba al buque, se estimó que medía más de 6,5 metros y sus tentáculos, que si se pudieron izar, midieron casi tres metros. Se calcula que el animal pesaba entre 150 y 200 kg.

Por otro lado, los Calamares Gigantes, al igual que sus parientes, los Calamares Colosales, también viven a grandes profundidades. Se cree que pueden llegar a tamaños estimados de entre 10 metros para los machos de la especie, y los 13 a 15 metros para las hembras, midiéndose desde la aleta caudal hasta la punta de los dos largos tentáculos. El cuerpo rondaría los 5 metros de largo, excluyendo los tentáculos. Se han recogido informes sobre especímenes que medían más de 20 metros de largo, pero nunca se ha conseguido, científicamente, documentar tal afirmación. A pesar de ello, si se sabe que en septiembre de 2.004, miembros del Museo de Ciencia Nacional de Japón y la Asociación de Vigilancia de las Ballenas de Ogasawa, pudieron obtener las primeras imágenes de un Calamar Gigante en su hábitat natural. Todo este material, se distribuyó en diciembre de 2.006, para asombro del mundo científico, que por primera vez podía ver fotos y filmaciones de estos asombrosos animales.
Ejemplar de calamar gigante en el momento de ser capturado cerca de las islas Ogasawara, frente a Tokio, el 27 de diciembre de 2.006. Se trataba de una hembra joven que midió 7,2 metros de largo.
Ejemplar de calamar gigante en el momento de ser capturado cerca de las islas Ogasawara, frente a Tokio, el 27 de diciembre de 2.006. Se trataba de una hembra joven que midió 7,2 metros de largo.

Uno de los aspecto más inusuales de estos dos tipos de colosos de las profundidades, es la dependencia entre la densidad de amoníaco en sus cuerpos en relación con el agua de mar para mantener una flotabilidad neutral en su medio natural, así como la ausencia de la necesidad de inspirar gas, al igual que los peces, para esta función. Y es que, en lugar de gases, emplean amoníaco (en forma de clorhídrido de amonio) en el fluido que fluye por su cuerpo, haciendo que su sabor (si se consumiera) sea repugnante.

Ataques a seres humanos.
Pero, ¿realmente alguno de estos dos tipos de calamares, sean Colosales o Gigantes, han atacado en algún momento al ser humano? Se sabe, por ejemplo, que en 1.873, un calamar atacó a un pastor de la iglesia anglicana, junto a un joven con el que navegaba en una chalupa en aguas de Bell Island, Newfoundland. En Nueva Zelanda, se documentaron durante finales del S.XIX, gran cantidad de incidentes similares, provocándose una especie de psicosis hacia estas “bestias marinas”. Y aunque esporádicamente continuaron, nunca se llegó a la frecuencia que, en aquella época padecieron en Newfoundland y Nueva Zelanda.

Y es que se desconoce, a ciencia cierta, las razones por las que estos calamares suben hasta la superficie en determinados momentos, si bien se relaciona con la posibilidad de que una alteración temporal de la distribución, en aguas profundas, del agua más fría. Algunos científicos, dicen que es predecible, tal y como propone Frederick Aldrich, y sitúan ese período cíclico en torno a los 90 años, lo que propició situar la fecha de la siguiente “subida a superficie” en torno a los años 1.964 y 1.966, tal y como se pudo comprobar en dichas fechas.

Si nos basamos en estos casos, y en la previsible periodicidad de sus ascensiones a aguas menos profundas, es muy probable que podamos afirmar que aquella criatura, el Kraken que los nórdicos temieron y admiraron, existió en algún momento, en la figura de unos seres colosales, que actualmente sabemos que se trata de calamares de tamaño desproporcionado.

Aún así, si bien no se ha capturado un ejemplar que supere los 16 metros y se baraja la posibilidad de que alcancen los 20 metros de longitud, ¿es probable que en tiempos pretéritos, existieran ejemplares tan colosales como los que se describieron en las sagas nórdicas? Eso, por ahora, aún es un misterio.

 

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Bibliografía.


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- Pierre Denis de Montfort, Histoire Naturelle Générale et Particulière des Mollusques, Ed. Alianza Editorial, Madrid, 1997.
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- Verrill, A.E, The The Florida Monster, Science New Series, 1897.
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- Ellis, R, Monsters of the sea, Ed. Robert Hale, London, 1994.
- Bright, M, There are giants in the sea, Ed. Robson Books,, London, 1989.
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