Hace unos 3.200 años, durante el período de la mítica guerra de Troya, en pleno apogeo del Imperio de Egipto, cuando todavía existían lugares en el Mediterráneo que eran desconocidos para el hombre, tuvo lugar uno de los acontecimientos que marcarían para siempre el carácter de los pueblos de la ribera oriental mediterránea y, a la postre, del Mundo que hoy conocemos.
En este documento, trataremos de ahondar en el origen y las consecuencias de los actos por el que una serie de pueblos norteños, en concreto de la zona de Anatolia, se vieron obligados a desplazarse de sus lugares de origen, arrasando con cuanto encontraban a su paso y amenazando con acabar con la hegemónica cultura egipcia. Esa es al menos la teoría más propagada actualmente, si bien nosotros plantearemos otra que difiere totalmente, basada en recientes estudios arqueológicos. Pero antes, conozcamos el escenario en que se desarrolla esta historia…
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Relieve procedente del templo de Medinet Habu en el que se representa a Ramsés III castigando a prisioneros pertenecientes a los Pueblos del Mar. |
El Mediterráneo Oriental de los siglos XII y XIII a.C.
Existen muy pocos vestigios arqueológicos que nos permitan determinar con exactitud los convulsos sucesos que tuvieron lugar en todo el Mediterráneo (especialmente en su parte Oriental) durante el final de la Edad de Bronce, más concretamente en el período comprendido entre los siglos XII y XIII a.C. (se cree que hacia el 1.240 – 1.200 a.C.). Muchos se preguntarán cómo es posible entonces que tan siquiera sepamos que algo fuera de lo común, sucedió en esa época. Sencillamente, porque a pesar de todo, existen los suficientes vestigios como para que podamos determinar (o casi) lo que pasó.
En aquel período, existían dos centros de poder claramente definidos: por un lado el Imperio Hitita, establecido en la región central de la península de Anatolia (actual Turquía) desde el siglo XVIII a.C. y extendido por las regiones aledañas, dominando todo el noroeste de Siria (hasta Ugarit) y la zona septentrional de Mesopotamia. Era un pueblo poderoso, constituido por diferentes estados vasallos (se cree que hasta veintidós) y fueron los pioneros de la Edad de Hierro, demostrando gran habilidad en la manufactura de este metal.
En el lado opuesto nos encontramos con Egipto, ya en aquella época un imperio ancestral (y es que su primera dinastía de faraones consiguió unificar el Alto y Bajo Egipto hacia el 3.050 a.C.), anclado todavía en la Edad de Bronce y que en aquellos momentos se extendía prácticamente hasta las fronteras del Imperio Hitita en Siria.
El imperialismo hitita se había caracterizado por su interés de conquista permanente de las ciudades-estado de Siria, entre las que se encontraban algunas vasallas de Egipto como Kadesh, Amurru (cuyo gobernador era egipcio) o Ugarit. Y obviamente, esto entraba en conflicto con Egipto, que veía como clara amenaza de su imperio a los hititas, máxime cuando poco después éstos decidieron avanzar hasta alcanzar la zona de Damasco, en plena área de influencia egipcia. Pero se intentaron suavizar las cosas tratando de casar a un miembro femenino de la familia real egipcia con el hijo del soberano hitita. Sin embargo, éste fue asesinado a su llegada a Egipto.
Obviamente, este tipo de situaciones no provocaba más que una creciente fricción que no tardaría en hacer saltar chispas: apenas llegó al trono Ramsés II (1.279 a.C. – 1.213 a.C.), decidió recuperar Kadesh y de paso poner freno a una hipotética contraofensiva hitita. Se produjo de ese modo la batalla homónima, cuyo resultado actualmente se considera que fue un empate técnico, si bien cada uno de los contendientes lo vio como una victoria propia (tal y como han dejado constancia diferentes inscripciones egipcias e hititas). El caso es que, de una forma u otra, poco después se selló la paz y hoy se puede intuir que el motivo que obligó a tal acuerdo era que los hititas temían la creciente expansión de Asiria, un poderoso imperio que se estaba forjando al norte de la región de Mesopotamia. Con la paz firmada y de momento, Ramsés II olvidaba sus pretensiones de ampliar aún más su imperio.
Los orígenes de la crisis. Colapso del Imperio Hitita.
Todos los sucesos anteriormente expuestos, fueron parte del detonante de una crisis que debió iniciarse hacia el 1.240 a.C., cuando el Imperio Hitita perdió el control sobre las minas de cobre que estaban localizadas al este de la península de Anatolia en favor del cada vez más pujante poder del Imperio Asirio. Pero la reacción del rey hitita Tudhaliya IV fue implacable: por un lado, se aseguró el suministro de cobre apoderándose de la isla de Chipre, rica en este metal: un documento hitita de época posterior, hace referencia a esa conquista por parte de Tudhaliya IV, llevada a cabo seguramente con la ayuda de sus vasallos costeros. Por otro lado, estableció un embargo mercantil contra Asiria, el cual es bien conocido por el tratado acordado con el rey Shaushgamuwa de Amurru (actual Siria) y vasallo de los hititas. A dicho gobernante también se le insta a bloquear el comercio con los barcos de Ahhiyawa o aqueos, ya fuesen todos los micénicos o solamente los de la región colonizada por estos en las costas de la Anatolia suroccidental y las islas vecinas. Si Tudhaliya IV consideraba a los micénicos como enemigos, es deducible que también prohibiese a otros pueblos costeros, vasallos suyos, comerciar con los aqueos.
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Ubicación aproximada de los orígenes de los Pueblos del Mar, de la capital del Imperio Hitita y su extensión (no se marcan las áreas de influencia) en el momento en que se declaró la crisis. |
El embargo, efectivo desde la dominación hitita de Chipre (isla que vertebraba las rutas de navegación del este del Mediterráneo), provocó un período de escasez de bienes importados, como la cerámica griega, en las costas adyacentes a la isla chipriota en las últimas décadas del S.XIII a.C. Otro efecto inmediato fue el aumento de la inseguridad de aquellas rutas comerciales marítimas, con lo que los micénicos entraron en un período de decadencia, ya que la base de su crecimiento económico era el comercio.
El bloqueo fue también la causa, por otro lado, de que las exportaciones de cobre de Chipre hacia Grecia se vieran profundamente trastocadas, con lo que ya tenemos una suma de factores que desencadenaron el colapso de la economía griega de la época, provocándose conflictos internos en toda la Hélade que desembocaron en la fortificación de muchos palacios y asentamientos micénicos (corroborado por la arqueología). Estas guerras internas acabaron con ciudades enteras, como Pilos, o provocando su abandono, como Orcómenos, iniciándose una migración de los habitantes de dichas ciudades.
Al mismo tiempo, diferentes contingentes micénicos se dedicaron a realizar grandes expediciones piráticas en respuesta a la ruina que les había provocado el bloqueo deshaciendo sus rutas comerciales. Entre estas expediciones se encuentra la invasión de Chipre, en alianza con un rebelde anatolio llamado Madduwatta, así como un ataque de grandes proporciones sobre Egipto (durante el reinado de Merneptah, hacia el 1.230 a.C.). Está claro que la intención de los micénicos era burlar e incluso romper el bloqueo comercial, llegándose a instalar en la ciudad cananea de Tell Abu Hawan (Haifa, Israel). Los hititas respondieron de forma inmediata y en poco tiempo recuperaron Chipre. Pero la mecha que provocaría el caos, ya estaba prendida.
En el cambio de siglo, los griegos ya habrían resuelto de forma temporal sus enfrentamientos internos, pudiendo iniciar una campaña de recuperación de las rutas e intereses comerciales que dominaban con anterioridad. El principal objetivo era de nuevo Chipre, como sabemos ocupada por los hititas, sin descartarse la ciudad de Troya, cuya privilegiada ubicación permitía a los troyanos controlar las rutas comerciales con el Mar Negro, así como otros lugares de Anatolia.
Los micénicos iniciaron la invasión de Chipre por el oeste, logrando conquistarla por entero hacia el 1.200 a.C. Pero el control de la isla dependía directamente de dominar las zonas aledañas, con lo que se conquistó Ugarit y Tarso, ciudad esta situada en la encrucijada de varias rutas comerciales que enlazaban el sur de la península de Anatolia con Siria. Gracias a una certera campaña de expansión, también pasaron a controlar las regiones circundantes de Pisidia, Cilicia y Siria noroccidental y acabaron con Troya, si bien no del modo que conocemos por la tradición griega (la Ilíada, denominada así porque el nombre griego de Troya era Ilión) ya que la arqueología reciente sostiene otras teorías que no vienen al caso.
- N.K. Sandars, Los Pueblos del Mar: invasores del Mediterráneo, Ed. Oberon, Madrid, 2005.
- J. Alvar, Los Pueblos del Mar y otros movimientos de pueblos a fines del Segundo Milenio, Ed. Akal, Madrid, 1989.
- F. Lara Peinado, El Egipto faraónico, Ed. Istmo, Madrid, 1991.
- Ana María Vázquez Hoys, Historia del Mundo Antiguo I, Ed. Sanz y Torres, Madrid, 2003.
- T. Dothan & M. Dothan, People of the Sea: the search for the Philistines, Ed. Bio&Sci, New York, 1992.
- James B. Pritchard, Ancient Near Eastern Texts, Ed. Princeton University Press, 1975.
- Robert Drews, The end of the Bronze Age: changes in warfare and the catastrophe Ca. 1200 B.C, Ed. Princeton University Press, 2000. |