| El destino de los amotinados. |
Cuando los norteamericanos, navegando con el buque Topaz, al mando del cual se encontraba Mayhew Folger, redescubrieron la isla de Pitcairn en 1808, sólo John Adams (uno de los marineros), nueve mujeres y algunos niños aún vivían. Cinco de los amotinados, incluído Fletcher Christian, habían sido asesinados por los tahitianos en la isla; uno falleció a consecuencia de una caída mientras estaba borracho; otro fue asesinado por otros dos supervivientes después de una disputa; y otro más falleció por causas naturales. Los seis tahitianos fallecieron durante la disputa con Fletcher y los suyos y de las nueve mujeres tahitianas, dos fallecieron al despeñarse por un acantilado mientras recogían huevos de unos nidos.
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Mapa con la ubicación exacta, dentro del grupo de islas del Pacífico Sur, del archipiélago de las Pitcairn (pulsar para ampliar). |
La esposa tahitiana de Fletcher Christian, Maimiti y su hijo Martes Octubre Christian (el primer niño nacido en la isla) sobrevivieron a su marido y padre, respectivamente. Algunos rumores insinuaron que Fletcher dejó la isla y regresó a Inglaterra. Por otro lado, en 1825, John Adams fue amnistiado por su participación en el motín y la capital de Pitcairn, Adamstown, se llamó así en su honor.
El 30 de noviembre de 1838, la islas Pitcairn (incluyendo las islas deshabitadas de Henderson, Ducie y Oeno) fueron incorporadas al Imperio Británico.
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Réplica de la Bounty en Sydney. Esta es una de las dos réplicas que se hicieron para el rodaje de la película de 1962 El motín de la Bounty, en la que participó Marlon Brando. |
Las razones del motín.
A día de hoy, aún existe un debate abierto sobre la razón por la que la tripulación se amotinó. Algunos arguyen que la causa del motín fue el propio Bligh, quien con su comportamiento tiránico, abusando de la tripulación de forma inhumana, prácticamente abocó a Fletcher Christian y a la marinería a la rebelión. Sin embargo, tal y como hemos mencionado anteriormente, no era ni más ni menos cruel que cualquier otro oficial de su tiempo.
Según un análisis de los azotes que se infundieron a los marineros británicos en el mar entre 1765 y 1793, realizado por Greg Dening y recogido en su libro Mr. Bligh´s bad language, de toda la marinería, el 21,5% de ellos recibieron al menos una vez azotes y la media de esa vez era de cinco latigazos. En otro de los extremos tenemos el caso de un tal George Vancouver, que poseía el dudoso honor de haber azotado al 45% de su tripulación con una media de 21 latigazos por castigo. Bligh estaba muy por debajo de la media, con un 19% de castigo entre el personal a su mando y una media de 1,5 latigazos. Hay que decir en su defensa, que durante el viaje de la Bounty, tres desertores fueron azotados debido a su intercesión en lugar de ser colgados, castigo aplicado a los desertores en la época. La razón, tal y como anotó en su cuaderno de bitácora posteriormente, era que “necesitaba a cada uno de los hombres”.
Por otro lado, Bligh era muy reputado por lo mordaz de sus comentarios, y en no pocas ocasiones despreció a bordo a los miembros de su tripulación delante de todo el mundo, algo que si bien no parece ser razón para amotinarse, desde luego podemos entender que podría haber dado lugar a una carencia del sentido de la lealtad entre los ofendidos que posteriormente le pasó factura.
Y finalmente, como causa definitiva para impulsar el motín, nos podríamos encontrar el hecho de que la vida que llevaron los miembros de la tripulación mientras estuvieron en Tahití fue un sueño para la gran mayoría de ellos. Baste pensar en que la esperanza de vida en a Inglaterra del S.XVIII no era superior a los 50 años, debido a las enfermedades casi siempre provocadas por la mala alimentación, si es que uno podía alimentarse cada día. Si a eso añadimos que las mujeres en Tahití fuero de lo más agradables, que el ambiente era relajado, lejos de las miserias de la vida a bordo y de un país en el que casi todos eran considerados miserables, el abandonar la isla fue un shock.
Seguramente el cóctel de todo lo expuesto, fue el desencadenante de que estallara el motín, quizá el más famoso de todos los que se hayan producido a bordo de un buque y en el que el sueño de libertad y una vida mejor, llevó finalmente a la ruina personal muchos de sus protagonistas.
- John Toohey, Captain Bligh's Portable Nightmare: From the Bounty to safety--4,162 Miles Across the Pacific in a Rowing Boat, Ed.
Similar Night, New York, 1999.
- Caroline Alexander, The Bounty: The True Story of the Mutiny on the Bounty, Viking Penguin, 2003.
- William Bligh, The Bounty Mutiny, Ed.
Penguin Books, 2001.
- Maurice Allward, Pitcairn Island and "The Mutiny on the Bounty" , Tempus Publishing, 2001.
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