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Las carabelas del Descubrimiento.
La bodega y su contenido.

Antes de acometer la carga de un barco, era requisito imprescindible someterse a la "Visita de naos", llevadas a cabo por los oficiales de la Casa de la Contratación, como medio de comprobación del buen estado del mismo, su estanqueidad, establecimiento de su arqueo, a veces en compañía de un arrumador o especialista en estiba. Mediante la declaración del tonelaje y número de pasajeros autorizados, se otorgaba la licencia para efectuar la carga.
Una segunda visita se realizaba en Sevilla antes de partir para comprobación de tripulación, carga, artillería, municiones y bastimentos, el registro correcto de las mercancías y su cantidad:
"Que tales navíos vayan bien marineados de piloto y marineros y grumetes pajes y de lo que fuere necesario al porte de tal navío; y lleven los aparejos convenientes, assi de velas y clavos, como de ancoras y betún y estanco para el agua y proveydo de las armas y artillería, munición y gente de guerra necessaria....

El equipamiento obligatorio de las embarcaciones así como las tripulaciones fue también objeto de normalización, en relación con su porte, debiéndose aplicar proporcionalmente en caso de tamaños intermedios o superiores:

Tamaño del barco

120 toneles:
100 a 170

200
toneles:
170 a 200

250 a 320
toneles

Tripulación:

 

 

 

Capitán

[1]

[1]

1

Maestre

1

1

1

Piloto

1

1

1

Marineros

18

28

35

Lombarderos

2

4

6

Grumetes

8

12

15

Pajes

2

4

5

Armamento:

 

 

 

Media culebrina, de 30 quintales

 

1 + 30 pelotas

1, de 30 ó 32 quintales (o cañón) + 30 pelotas

Sacre de 20 quintales

1 + 30 pelotas

1, de 14 quintales + 30 pelotas

2 de 20 quintales + 1 de 14 ó 15 quintales + 60 pelotas

Falconete

1 + 50 pelotas

1 + 50 pelotas

1 + 50 pelotas

Lombardas de hierro

 

8

10 (4 de ellas, de hierro)

Piezas de hiero "gruesas"

6 + 120 pelotas

? + 20 pelotas para cada una

? + 20 pelotas para cada una

Versos de hierro

12 + 360 pelotas

18 + 540 pelotas

24 + 720 pelotas

Pólvora

9 quintales

14 quintales

18 quintales

Arcabuces

12 + 1 arroba de pólvora

20 + 2 arrobas pólvora

30 + 3 arrobas pólvora

Ballestas

12 + jaras y cuerdas

20 + jaras y cuerdas

30 + jaras y cuerdas

Picas largas

24

36

48

Medias picas o lanzas

144

180

240

Gorguces o dardos

180

240

360

Rodelas

12

18

24

Petos

12

18

24

Morriones

20

25

30

Las bodegas debían dar cabida a diversos materiales, provisiones y mercancías. Careciendo de ellas, era imprescindible recurrir a un lastre adecuado para asegurar una correcta navegabilidad, bien con arenas, guijarros o cualquier otro sustituto. Como norma general, la legislación trató de que la carga de un barco, bien se tratara de mantenimientos, bien de mercaderías, se realizara bajo cubierta, con la doble intención de controlar el volumen máximo de carga permitido y de no "embarazar" la gobernabilidad y defensa de la embarcación: "para que en todo tiempo los dichos marineros puedan laborar libremente". Era especialmente importante que la banda donde se ubicaba la barca, y por supuesto su interior, estuviera libre de cualquier tipo de cargamento, al igual que el castillo de popa o la zona donde se realizaba la maniobra de fondeo y de localización de anclas y sus cables:
"Y la nave que tiene puentes puede llevar debajo dellos, y del alcaçar, todo lo que pudieren, quedando libre la barca para sacarse y la pieça de artillería para jugarse. Y sobre la tolda de arriba, que es la segunda cubierta, no se ha de llevar nada... Y donde va y govierna a la artillería no se ha de llevar nada, salvo las caxas de los marineros y lombardas... Y no se puede cargar sobre las mesas de guarnición votas de bino ni de agua ni otra cosa pesada, sino lana y paja, o otra cosa liviana o tinajuelas pequeñas de agua... Ni en los castillos de avante se puede cargar cosa alguna de mercaderías de peso y las auitas han de estar libres para tomar las amarras... Y no se pueden cargar mercaderías en Capitana ni Almiranta, aunque sea con registro".

Las bodegas de los navíos que hacían la travesía atlántica almacenaban multitud de aparejos y pertrechos necesarios en la navegación. Se aconsejaba llevar al menos cuatro amarres, consistentes en cuatro anclas y los correspondientes cables, de manera que para una embarcación de unas 100 toneladas, suponían unos 20 quintales. Como hemos visto, armas, como ballestas, espingardas, lombardas, falconetes (además de la artillería que debía ser localizada en cubierta: lombardas de hierro y pequeños falconetes en las bordas) y municiones. La barca de los navíos debía alojarse en lugar seguro bien debajo del castillo, bien debajo de cubierta, pues constituía un elemento vital para la seguridad del barco; además se llevaba por lo menos un esquife o chalupa. El tamaño de la barca, imprescindible para entrar o salir de ciertos puertos, pasar zonas de bajos, exploración, comunicación entre la flota durante la travesía, embarque y desembarque, carga y descarga, arrastre en situaciones de calma… estaba de acuerdo con el del barco al que servía de auxilio: debía tener una capacidad de 1/50 parte del porte de ésta.

Monumento a los Descubrimientos en Belém, Lisboa. Construído para conmemorar los 500 años de la muerte de Don Enrique el Navegante, es toda una celebración a todos aquellos que participaron en el desarrollo de la Época de los Descubrimientos.
Monumento a los Descubrimientos en Belém, Lisboa. Construído para conmemorar los 500 años de la muerte de Don Enrique el Navegante, es toda una celebración a todos aquellos que participaron en el desarrollo de la Época de los Descubrimientos.

La carga de material pesado, se realizaba con la ayuda de un cabestrante o torno, situado debajo de la tolda, utilizado por lo general para las operaciones de fondeo. Como medio para evitar el fraude en el pago de impuestos y control de cargas, estaba prohibido el cargamento durante la noche, en medio del mar, bajo pena de confiscación, con la excepción de la descarga sin licencia en casos de ataque enemigo, con el fin de salvar la carga.

La persona responsable tanto del buen aparejo del navío, como de las mercaderías que se iban cargando y estibando era el maestre, quien llevaba cuenta de todo, además de revisar el estado de las velas, jarcias, timón, instrumentos náuticos y estado general del barco: calafateado, bombas de achique, amarres, batel y juegos de remos de éste, provisión de aceite, velas, eslabón, yesca, algodón y pedernal (todo ello para poder mantener siempre encendido el candil que debía iluminar la bitácora), y todo el material de respeto o repuesto.

El maestre era asimismo responsable de comprobar el estado de las provisiones de alimentos, entre los que se incluían animales vivos (gallinas, terneras, cerdos…, para alimento, o caballos y perros para el ejército y uso personal en Indias), la importante partida de agua, vino, leña, así como conservar toda la documentación referente a las mercancías que se transportaban, fletamientos y despachos, para evitar cualquier problema aduanero al llegar a puerto. La responsabilidad final del maestre con respecto a todo lo que se cargaba en el barco, queda reflejada en la normativa legal, estando obligado a afrontar las pérdidas imputables a su actuación, pudiendo citar una curiosa responsabilidad:
"Es a cargo del maestre de la nave el daño causado por los ratones en ella y sus cosas, por ser por su culpa si no es que en ella lleva gatos suficientes para los matar o usa de otra industria conveniente para ello..."

Normalmente las bodegas de los barcos, donde se estibaba la carga, estaban provistas de una protección, formada por un forro de madera que, a modo de doble fondo, evitaba que la carga estuviera en contacto con el agua que usualmente entra por las juntas del casco. Este forro estaba compuesto de tablones colocados en sentido de la manga, apoyados sobre unos maderos o sobre perfiles y no se calafateaban ni se fijaban a los apoyos. La estiba de la carga era, y sigue siendo, un factor importantísimo para la seguridad del buque, de manera que si no se ocupaba la totalidad de la zona de la bodega, o quedaban espacios vacíos, existía el peligro de producirse un movimiento de carga. Para evitarlo, era imprescindible rellenar las bodegas hasta los costados o valerse de lastre.


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Bibliografía.


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- Oliveira, F., Livro da Fabrica das Naos, Academia de Marinha, Lisboa, 1.991.
- Serrano, J., Arquitectura de las Naos y Galeones de las Flotas de Indias, tomo II, Ediciones Seyer, Malaga, 1.991.
Costa, L., Naus e Galeões na Ribeira de Lisboa - A construção naval no século XVI para a Rota do Cabo, Patrimonia Historica, Cascais, 1.997.
- Smith, R., Spirek, J., Bratten , J., The Emanuel Point Ship, Archaeological Investigations, 1992-1995, Florida Department of State, Division of Historical Resources, Bureau of Archaeological Research, 1.995.
- Oertling, T., The Molasses reef wreck hull analysis: final report, The International Journal of Nautical Archaeology and Underwater Exploration, IJNA, 18.3: 235, 1.989.
- Arnold, B., The Nautical Archaeology of Padre Island: the Spanish shipwrecks of 1554, Academic Press, N.Y, 1.978.
- Grenier, R., Basque Whalers in the New World en la obra de Bass, G., Shipwrecks of the Americas – A History Based on Underwater Archaeology, Thames and Hudson, N.Y, 1.996.
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