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El Tirpitz
Las cortinas de humo salvan al acorazado.

El ataque contra el Tirpitz se lanzó el 15 de junio de 1.944. 27 aviones transportaban la Tallboy, 6 las minas JW y el resto (tres Lancaster) se dedicaron a filmar toda la operación para un posterior análisis. El plan era el siguiente: los aviones que cargaban las Tallboy irían en primera posición, en una formación de V de al menos 5 aparatos por formación. Como desde el momento del lanzamiento, a unos 11.000 pies, hasta el impacto, transcurrían 26 segundos, las formaciones de bombarderos debían estar situadas unas de otras a intervalos de 730 metros. La formación entera se extendería unos 800 metros y el ataque, a una velocidad de 450 km/h, llevaría un total de 22 segundos en pasar sobre el objetivo. Esto significaba que el último de los Lancaster en pasar, lanzaría su carga bastante tiempo antes de que detonara. Para evitar colisiones en el aire, cada bombardero se separaría del adyacente unos 15 metros de altitud en cada oleada. De este modo, el primer avión de la primera oleada, lanzaría su carga a una altura de 11.350 pies, mientras que el último de la última oleada, lo haría a 17.500 pies.

Los seis aviones que transportaban las JW, atacarían unos minutos después, en dos oleadas y aproximándose desde el suroeste, liberando su carga a una altitud de entre 10.000 y 12.000 pies, alcanzando las minas el agua justo después de que la última Tallboy hubiera sido detonada.
Como vemos, nada se dejó al azar, y todo estaba concienzudamente preparado para hacer de aquella misión, un éxito.
Sin embargo, en el momento en que los Lancaster alcanzaron el fiordo de Kaa, desde el buque se lanzó una cortina de humo que obligó a los bombarderos a lanzar las bombas Tallboy en el lugar aproximado en el que creían que se ocultaba el Tirpitz, guiándose por los flashes de las armas que les disparaban desde el acorazado alemán. Algunos bombarderos no vieron claro el lanzamiento en la primera pasada, con lo que se vieron obligados a realizar una segunda pasada.

Bombardero AVRO Lancaster, de la RAF británica. Este tipo de bombarderos pesados, fueron los encargados de acabar con el Tirpitz.
Bombardero AVRO Lancaster, de la RAF británica. Este tipo de bombarderos pesados, fueron los encargados de acabar con el Tirpitz.

Indudablemente, aquella providencial pantalla de humo, salvó al Tirpitz del desastre, pues únicamente una Tallboy cayó en el objetivo, si bien sus efectos fueron devastadores: penetró por la proa, a la altura de la torreta de fuego delantera, alcanzando el pañol donde se alojaba la maquinaria de la torreta, atravesándolo y explotando en el agua a unos poco metros de unos de los costados del buque. La explosión se extendió a lo largo de todo el casco y desplazó un total de 1.500 toneladas de agua que alzaron el buque más de tres metros. Se vieron afectados todos los equipamientos del Tirpitz, provocando daños severos en los motores principales y los elementos de localización óptica. Aunque se encontraba a flote, estaba muy tocado y no se encontraba en condiciones de luchar. Las minas JW, no llegaron a explotar en las proximidades del Tirpitz, y se alejaron del objetivo, explotando bastante lejos, en el fiordo. Se lanzaron un total de 17 Tallboys y dos aviones no pudieron localizar al buque, volviendo de regreso a su base en Rusia, con su carga.

El 17 de septiembre, dieciséis aviones despegaron rumbo a Gran Bretaña, pero desafortunadamente uno de ellos, del 617 escuadrón, colisionó contra las montañas, seguramente por un problema en uno de sus motores. El Almirantez Dönitz, de la Kriegsmarine, informó: “Tras una exitosa defensa contra varios ataques aéreos, el acorazado Tirpitz ha encajado varios impactos de bomba, pero se mantiene a flote”. Tras el ataque, los ingenieros de la Armada Alemana, estimaron que el arreglo de los daños causados para dejar totalmente operativo el buque, llevaría no menos de nueve meses de trabajo ininterrumpido, en un dique totalmente equipado. Eso significaba que el Tirpitz debía volver a Alemania, algo que a esas alturas de la guerra era prácticamente imposible, con lo que se decidió transportar el material a un lugar adecuado y cerca de donde se encontraba el acorazado. Ese sitio estaba a unas 200 millas al sur del fiordo de Tromso, donde se emplearía como una batería antiaérea flotante para complementar a las baterías de tierra del lugar. La Kriegsmarine se temía que desplazar al Tirpitz en aquellas condiciones, podría suponer un serio peligro de ataque por parte de los Aliados y estos, no fueron conscientes de los serios daños que habían inflingido hasta un par de semanas después del ataque.

Lo cierto es que, el desplazamiento hasta Tromso, a mediados de octubre, selló de forma definitiva su destino, puesto que el camino que debía tomar el Tirpitz se encontraba en el radio de acción de los Lancaster que operaban en Escocia, ya que un gran número de estos, estaban equipados con tanques de combustible Wellington, que proporcionaban un extraordinario radio de acción, y con motores Merlín 24, de excelente comportamiento.
Se acercaba el desenlace de la historia.

Mapa del lugar exacto donde se desarrolló la acción. Observemos la cercanía de las bases británicas de Escocia (puntos azules), a la posición en que se encontraba el acorazado alemán (puntos marrones) en Noruega.
Mapa del lugar exacto donde se desarrolló la acción. Observemos la cercanía de las bases británicas de Escocia (puntos azules), a la posición en que se encontraba el acorazado alemán (puntos marrones) en Noruega.

Segundo intento.
El día 29 de octubre de 1.944, a la 01:00h, diecinueve Lancaster despegaron de su base en Lossiemouth, todos ellos equipados con bombas de tipo Tallboy. La Kriegsmarine no había tenido tiempo de desplazar el equipamiento que generaba cortinas de humo hasta Tromso, con lo que era un punto a favor del éxito del ataque. Los aviones volaron hasta el objetivo con buen tiempo y solamente al llegar al lugar exacto en que se encontraron con el Tirpitz, había algo de nubes. Al llegar, las tripulaciones soltaron sus bombas donde pensaban que se encontraba el acorazado, pero nadie reclamó impacto alguno, si bien lo cierto es que una de las bombas explotó a unos 240 metros del costado del buque, causando daños en el motor del timón, pero eso fue todo. De regreso a su base, uno de los aviones fue alcanzado por fuego antiaéreo, provocándole una pérdida constante de combustible. Forzado a descender, tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia en Suecia.
Este segundo fracasado intento por parte de los bombarderos pesados de la RAF, fue un serio contratiempo para algunos, que veían con perplejidad que el Tirpitz, al que llevaban intentando hundir desde hacía más de tres años, superaba una tras otra, todas las acciones que contra él iban dirigidas. Sin embargo, algo les hacía presentir que aquello no podía durar mucho y que todos los esfuerzos y sacrificios que habían tenido lugar, no iban a ser en balde.

Poco después, la RAF supo que la Lufwaffe había desplazado a un escuadrón de aviones de caza Focke Wulf 190 al aeródromo de Bardufoss, a unas 40 millas de Tromso. Esto significaba que de ahí en adelante, para que los ataques tuvieran éxito, estos debían contar con el elemento sorpresa tanto como fuera posible. Los alemanes disponían de una cadena de radares a lo largo de la costa de Noruega, posicionados de tal modo que podían avisar de la aproximación de un avión enemigo que se encontrara a altitudes a partir de 5.000 pies. Si la fuerza de ataque se mantenía a unos 1.500 pies o menos, podía pasar totalmente desapercibida. Los aviones se dirigirían entonces hacia el noreste, manteniendo la barrera de montañas de Suecia entre ellos y las estaciones de radar alemanas pudiendo, una vez sobrepasada las posiciones de radar, ascender hasta su altura de bombardeo.
Esa fue la estrategia que llevaron a cabo los 29 Lancaster que despegaron de Lossiemouth el 12 de noviembre de 1.944 con el objetivo de acabar, de una vez por todas, con el que había sido el objetivo que más se les había resistido. Hay que recordar que a las dificultades que hemos mencionado, se añadía el hecho de que en esas fechas, la oscuridad es total en esas latitudes durante las 24 horas del día. Despegaron a las 03:00h, con un tiempo despejado pero muy frío, con heladas.

Detalle de la acción que llevaron a cabo los Lancaster de la RAF. Vemos la ruta seguida y el punto en que se liberaron las Tallboy que acabaron con el Tirpitz.
Detalle de la acción que llevaron a cabo los Lancaster de la RAF. Vemos la ruta seguida y el punto en que se liberaron las Tallboy que acabaron con el Tirpitz.


En el momento de acercarse a Noruega, algunos aviones fueron detectados atravesando la costa, con lo que se avió al Tirpitz para que estuviera preparado ante la posibilidad de un ataque. Lo que no sabían los aviadores de la RAF era que, los pilotos alemanes de caza que se encontraban en Bardufoss, al habérseles cambiado a los nuevos aviones desplazados aquel lugar, los Fw 190, en sustitución de los que tenían antes, Bf 109, no estaban aún acostumbrados a volar con ellos, lo que añadido a que la mayoría eran novatos recién salidos de las academias de vuelo, les hacía prácticamente inoperantes. Además, el responsable de la seguridad aérea del lugar, Oberleutnant Werner Gayko, consideró que no existía amenaza, con lo que no ordenó ninguna medida de protección del acorazado.

Una vez que los bombarderos alcanzaron la distintiva silueta del lago Tometrask, situado al norte de Suecia, los bombarderos pasaron a formación de combate, y sus pilotos pusieron sus motores a máxima potencia para poder ascender a la altura de ataque. A las 09:05h, la formación de bombarderos ya estaba a la vista de los miembros de la vigilancia del Tirpitz. El acorazado hervía de actividad: las puertas de los compartimentos estancos cerradas, las armas cargadas y apuntando al cielo… A medida que llegaban los Lancaster y estaban a tiro de los cañones de largo alcance (unas 13 millas) empezaron a disparar sus balas de 1 tonelada en dirección a la amenaza aérea. El sonido fue ensordecedor, puesto que se replicaba en los valles de las montañas del fiordo. Cuatro grandes columnas de humo negro aparecieron cerca de los bombarderos, pero no lo suficiente como para haber alcanzado a alguno de ellos. En cuanto se acercaron más los aviones, se unieron los cañones de 150 mm a la acción, seguidos posteriormente de los de 37 mm y los de 20 mm.

Fotografía tomada a 6.600 pies (2.000 metros) en que se ve a un Lancaster atacado por las defensas del Tirpitz (en el círculo). Segundos después, sería alcanzado por las Tallboy.
Fotografía tomada a 6.600 pies (2.000 metros) en que se ve a un Lancaster atacado por las defensas del Tirpitz (en el círculo). Segundos después, el acorazado sería alcanzado por las Tallboy.


La táctica que emplearían los británicos iba a ser la misma que en los dos ataques anteriores, con los aviones atacando en formación cerrada, en diferentes oleadas y separados por diferentes altitudes. Pero en esta ocasión tenían a su favor la inexistencia de cortinas de humo (recordemos que los alemanes no pudieron llega a tiempo para trasladar el material necesario), lo que ponía muy fácil la visualización del objetivo. La primera oleada de aviones lanzó sus bombas y siete segundos después lo hizo la segunda y con ese mismo intervalo de tiempo, la tercera y la cuarta. Tres de las Tallboy impactaron directamente contra el Tirpitz, una de ellas rebotando sobre la cubierta, rompiéndose y desparramando toda su incandescente carga por todo el buque. La parte frontal de la bomba (conocida comúnmente como “nariz”), apareció posteriormente en un banco de arena a más de 180 metros de donde impactó. Pero el daño que realmente fue catastrófico para el acorazado, lo provocaron las otras dos bombas, que impactaron la una de la otra a unos 18 metros de distancia. Penetraron el casco, momento en que se detonaron, y esta simultaneidad provocó un agujero de 60 metros en el dique donde se encontraba amarrado el Tirpitz, además de que elevó toneladas de agua sobre el buque, provocando que escorara momentáneamente unos 20º sobre la horizontal y que su quilla impactara sobre el lecho marino. El fuego se extendió por las cubiertas, alcanzando uno de los pañoles de munición, en concreto el de la torreta C, que literalmente saltó por los aires. Mientras todo esto sucedía, el Tirpitz se escoró más y la superestructura de cubierta acabo por tocar el fondo, mientras que la quilla apuntaba al cielo. Las defensas del acorazado únicamente pudieron dañar a uno de los aviones, que tuvo que acabar realizando un aterrizaje de emergencia en Suecia.

En el momento en que explosionaron las bombas, de los 1.500 miembros de la tripulación, la mitad falleció en el acto. Ese fue el trágico final del acorazado, justo cuatro años y dos días después de su finalización. A lo largo de su carrera, no hundió o dañó nunca un buque Aliado, pero puso en jaque a sus fuerzas armadas no por sus acciones, sino por el temor que inspiraba su portentosa presencia.


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Bibliografía.


- Bekker, Cajus, Kamp und untergang der Kriegsmarine, Ed. Luís Caralt, Barcelona, 1959.
- Cooper, Alan, Beyond the dam to Tirpitz, Crecy Publishing Ltd, New Ed edition, 1995.
- Howard, Peter, Underwater raid on Tirpitz, Ian Allan Publishing, New York, 2005.
- John Asmussen & Kjetil Åkra, Tirpitz - Hitler's siste slagskip, Midt-Troms Museum, Norway, 2006.
- Ludovic, Henry, Menace: the life and death of the Tirpitz , London, 1979.
- Woodward, David, The Tirpitz and the battle for the North Atlantic, WW Norton & Co, New York, 2001.
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