| La leyenda se extiende: el desastre de la primera Liga Santa. |
En 1.536, Barbarroja es instado a presentarse en Estambul para tomar a su cargo una fuerza naval que debía atacar el reino español de Nápoles. Una vez finalizados los preparativos, él y sus hombres ponen rumbo a Nápoles, desembarcando en Otranto y capturando la ciudad y la fortaleza de Castro, así como la villa de Ugento, en Puglia. Era julio de 1.537.
Sólo un mes después, junto con Lütfi Pasha y una poderosa fuerza otomana, capturan las islas egeas y jónicas de Syros, Aegina, Ios, Paros, Tinos, Karphatos, Kasos y Naxos, de las que era soberana la República de Venecia. Y a finales de ese mismo año, Barbarroja capturó Corfú y asoló de nuevo Calabria. Este año nefasto para los estados cristianos, provocó que, a instancias de Venecia (uno de los más castigados) se solicitara al Papa Pablo III la organización de una Liga Santa.
En febrero de 1.538, en una exitosa asamblea promovida por el Papa, se constituye la primera Liga Santa, integrada por los Estados Pontifícios, España, la República de Venecia y los Caballeros de la Orden de Malta, con el objetivo de acabar con el poderío naval del Imperio Otomano, y muy especialmente con su Almirante, Barbarroja. No sabían lo corta y desastrosa que iba a ser aquella “asociación de intereses”.
A fin de enfrentarse con éxito contra el experto marinero turco, que contaba 120 galeras y fustas, los miembros de la Liga Santa reúnen una flota de 300 buques (162 galeras y 140 buques a vela de diferentes tipos) en las inmediaciones de la isla de Corfú. Era septiembre de 1.538. Al mando de la flota de la Liga, iba el reconocido almirante genovés Andrea Doria, que como sabemos, estaba al servicio del rey de España.
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Imagen tomada desde la fortaleza del Pantokrator, en Preveza. Frente a las aguas de este lugar se encontraron las dos escuadras. |
Ambas flotas se vieron “las proas” el 28 de septiembre de 1.538 en la que se denominó Batalla de Preveza. El hecho es que Barbarroja supo aprovechar su inferioridad numérica de forma muy efectiva, ya que el liderazgo de Andrea Doria en la batalla fue poco menos que nulo, siendo (según ensayos y estudios al respecto) la causa directa del desastre que se avecinaba. Y es que, entre los buques de la flota de la Liga Santa, se encontraban un buen número de su propiedad, lo que le hizo dudar a la hora de lanzarlos al combate, si bien no dudó en sacrificar, intencionadamente, los que pertenecían a Venecia, enemigo tradicional de su hogar, Génova. Esta es la explicación casi unánime al hecho de que aquella derrota de la Liga Santa, que provocó su inmediata disolución, fuera el causante del ulterior dominio turco, durante los 33 años siguientes, del Mediterráneo. Porque no fue hasta la Batalla de Lepanto, en 1.571, en que la situación cambió en favor de los estados cristianos.
En el verano de 1.539, Barbarroja capturó las islas de Skiathos, Skyros, Andros y Serifos, además de arrebatar Castelnuovo a los venecianos, que la habían tomado tras la Batalla de Preveza. También capturó el cercano castillo de Risan y posteriormente asaltó la fortaleza veneciana de Cattaro y la española de Santa Venerada, en Pesaro. Tras estos golpes de efecto, se centró en acabar con los reductos de fuerzas cristianas que existían en el Jónico y el Egeo.
El poderío naval de Barbarroja provocó que la República de Venecia se viera obligada a firmar un tratado de paz con Suleimán I en octubre de 1.540, en el que además se reconocían las recientes ganancias territoriales turcas y se establecía el pago de 300.000 ducados de oro.
El Mediterráneo Oriental era turco.
Intentando un imposible: Barbarroja en el lado cristiano.
En septiembre de 1.540, en vistas de la situación, Carlos V decidió aplicar aquella máxima en la que se dice que “si no puedes con tus enemigos, únete a ellos”. Para ello, entró en contacto con Barbarroja y le ofreció convertirse en su Almirante en Jefe y Gobernador de todos los territorios españoles en el norte de África. Como era de esperar, el turco rechazó la oferta.
Este rechazo, encolerizó al monarca español, que ante la imposibilidad de conseguir el cambio de bando de Barbarroja, puso sitio a Argel en octubre de 1.541 con el único objetivo de acabar con el corsario y su apabullante dominio en Mediterráneo Oriental. A pesar de que aquel momento de la temporada no era propicio para la campaña (pleno otoño), y tanto Andrea Doria, al mando de la Armada, con el anciano Hernán Cortés, que había sido requerido por el propio rey de España para participar en esta campaña, intentaron convencer al monarca que desistiera de sus objetivos. Pero fue en vano.
Y los malos augurios se cumplieron. Una violenta tempestad se desató cuando las tropas españolas estaban a punto de desembarcar, con lo que Andrea Doria ordenó a su flota internarse en mar abierto, a fin de evitar estrellarse contra la costa. Pero a pesar de los esfuerzos, gran parte de la flota española se fue a pique, lo que provocó que cuando se realizó el desembarco, las tropas, en número muy inferior y extenuadas, no pudieron hacer frente a los turcos, con lo que se retiraron derrotadas.
En 1.543 Barbarroja acudió a la llamada de apoyo de Francia, en aquel momento aliado del Imperio Otomano debido al conflicto de las Guerras Italianas (1.494 – 1.559), dentro del marco de las cuales se pretendía lanzar una invasión de Italia. Por ello necesita al turco.
Así pues, éste pone rumbo a Marsella para asistir a sus aliados y cruza el Mediterráneo Oriental con una flota de 210 buques que transportaban un total de 14.000 soldados turcos. En su camino a Francia, mientras atravesaba el Estrecho de Messina, decidió incordiar una vez más a la región de Reggio Calabria. Para ello, entró en contacto con el gobernador de aquella región italiana, Diego Gaetani, instándole a rendir la capital (de nombre homónimo a la región). La respuesta del gobernador fue contundente: ordenó abrir fuego contra la flota turca, provocando la muerte de tres de sus navegantes.
Esta “poco cortés” respuesta, provocó la ira de Barbarroja que decidió detenerse en el lugar y asediar la ciudad, que no tardó mucho en caer. Y para acabar de rematar la faena, desembarcó con posterioridad en las costas de Campania y el Lazio, donde, en la desembocadura del Tíber, decidió amenazar Roma. La intervención de Francia en favor de la urbe papal, evitó el casi seguro asalto de la “Ciudad Eterna”.
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Distrito de Büyükdere, en Estambul. En este lugar vivió sus últimos días el temido corsario turco. |
El ocaso de un corsario.
Pero no por ello iba Barbarroja a dejar de asolar otros lugares. Así que como lo de Roma se había ido al garete, decidió pasar por multitud de ciudades y poblaciones italianas y españolas antes de dirigirse a su destino final: Niza. La ciudad de la Costa Azul fue tomada el 5 de agosto de 1.543 y puesta bajo control del rey francés Francisco I. Con posterioridad a esta acción, saqueó San Remo, Mónaco y diferentes puertos de Liguria, poniendo fin con ello a aquella campaña y decidiendo pasar el invierno con su flota y los 30.000 soldados turcos a su mando, en Toulon. Sin embargo, como se encontraba cerca de las costas de España, de vez en cuando enviaba a sus barcos a hostigar y bombardear aquellas. Su influencia en aquella ciudad francesa, llego al extremo de que en las transacciones comerciales cotidianas, el dinero otomano era aceptado por los comerciantes franceses.
La primavera de 1.544, tras asaltar de nuevo San Remo, se dirigió rápidamente hacia el Reino de Nápoles, atacándolo de forma intensa pero breve y acto seguido puso proa a Génova, asediándola y amenazando con atacarla a menos que se liberara a Turgut Reis, almirante turco que comandara el centro y retaguardia de la flota de Barbarroja en la Batalla de Preveza y que fue apresado en Córcega en 1.540 por las fuerzas combinadas de Giannettino Doria (sobrino de Andrea Doria), Giorgio Doria y Gentile Virginio Orsini. Tras su captura, fue condenado a galeras en la nave de su propio captor, Giannettino Doria. Así que allí se había plantado Barbarroja, dispuesto a liberar a toda costa al infortunado almirante.
Andrea Doria, al percibir lo delicado de la situación, le invitó a su palacio de Fassolo para discutir a cerca de aquella disputa, llegando ambos a un acuerdo por el cual se liberaría a Turgut Reis a cambio de 3.500 ducados de oro.
No fue esta la única acción de rescate que llevaría a cabo aquel año, ya que unos meses después, se dirigió a Piombino y amenazó con bombardearla a menos que se liberara al hijo de Sinan Reis (otro almirante turco) que había sido capturado hacia diez años por los españoles en Túnez y estaba allí preso. En este caso no hubo pago de por medio y la ciudad entregó de forma voluntaria al rehén.
Entre mediados de 1.544 y 1.545, año en que llevó a cabo sus últimas acciones, asaltó las costas de Cerdeña; se enfrentó a 30 galeras de Giannettino Doria, al que obligó a poner en fuga; asoló las costas del Estrecho de Messina; y finalmente pasó por las Baleares, desembarcando en Mallorca y Menorca, últimas acciones antes de regresar a Estambul y retirarse de la vida militar activa.
Una vez en casa, ordenó la construcción de un palacio con vistas al Bósforo, que actualmente se encuentra en el distrito de Büyükdere. Como sucesor en Argel, designó a su hijo Hasan Pasha y una vez asegurado el fruto de sus años de corsario, se dedicó a dictar sus memorias a Muradi Sinan Reis, un total de cinco volúmenes conocidos como Gazavat-ı Hayreddin Paşa o Memorias de Hayreddin Paşa, que actualmente se exhiben tanto en el Palacio de Topkapi de Estambul como en la biblioteca de la Universidad de Estambul.
El que fue el más famoso Almirante turco y el peor corsario para los que hubieron de soportar sus muchos años de hostigamiento, falleció serenamente en su palacio de Estambul el 4 de julio de 1.546, dejando atrás un legado que le sobreviviría durante siglos: la leyenda de Barbarroja, aquel corsario cuya única mención de su nombre, inspiraba terror a sus enemigos y regocijo a sus aliados.
- Bradford, Ernle, The sultan's admiral: the life of Barbarossa, London, 1968
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Wolf, John B., The Barbary Coast: Algeria under the Turks, New York, 1979.
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- Finkel, Caroline, Osman's Dream: The Story of the Ottoman Empire, 1300–1923. John Murray, 2005.
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