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Eril el Rojo
Primeros años.


Si nos atenemos, según lo visto hasta ahora, a la teoría sobre su origen que más adeptos tiene, Cristóbal Colón nació entre agosto y octubre de 1.451 en Génova. Su padre, Domenico Colombo, era un tejedor y comerciante que trabajaba entre Génova y Savona. Su madre, habría sido Susana Fontanarossa, y habría tenido un hermano, Bartolomeo que posteriormente, trabajó durante una parte de su madurez en un estudio cartográfico de Lisboa. Probablemente recibió una educación incompleta y hablaba un dialecto genovés. En uno de sus escritos, ya adulto, confesó que su primer contacto con el mar, fue a los diez años. A principios de 1.470, se encontraba al servicio de René I de Anjou, en un barco arrendado por éste para apoyar su infructuoso intento de conquistar el Reino de Nápoles.

Los Reyes Católicos, Fernando de Aragón (1.452 - 1.516) e Isabel de Castilla (1.451 - 1.504).
Los Reyes Católicos, Fernando de Aragón (1.452 - 1.516) e Isabel de Castilla (1.451 - 1.504).

En mayo de 1.476, tomó parte de un convoy armado enviado por Génova al norte de Europa con un importante cargamento. Pero éste, fue interceptado por los portugueses en las aguas al sur del Algarve. Colón fue herido durante la refriega que resultó, pudiendo llegar a tierra, a Lagos concretamente. Y es en este lugar donde cambia el destino del marinero genovés.

Pero, ¿qué aspecto físico tenía? Pues este es otro de los misterios que lo envuelven. Y es que, de todos los retratos o imágenes en que aparece reflejado, ninguno de ellos es contemporáneo o se hizo en vida del marinero. En 1.595, Theodore de Bry realizó un grabado basándose en una pintura de Colón que supuestamente se hizo en vida de éste. El grabado tiene grandes similitudes con el retrato que hizo Sebastiano del Piombo, por lo que esta pintura, si se basó en aquel grabado, podría ser una fidedigna representación. En años posteriores, los artistas que inmortalizaron al navegante, se basaron en las descripciones que sobre él existían: pelirrojo de joven, pero cano al poco de alcanzar una edad media, de piel lechosa, con lo que al darle el Sol se volvía completamente rojo…

Las hipótesis sobre la aventura americana.

Durante cientos de años, existieron una serie de rutas comerciales que unían, de forma comercial, Oriente y Occidente. Tanto las que se dirigían hacia China (como la Ruta de la Seda), como aquellas que iban hacia la India y reinos del sureste asiático, proveían a Europa, de las más exquisitas telas (seda, lana de Cachemira, lino, algodón…) metales y objetos preciosos y sobretodo, especias.

Pero desde la caída de Constantinopla en 1.453, sometida desde ese momento al yugo musulmán, las rutas comerciales hacia el este se hicieron cada vez más difíciles. Para colmo, la conquista otomana de Egipto, impidió el acceso que existía a través del Mar Rojo hacia la India.
Esto impulsó a los portugueses a buscar nuevas vías comerciales, lo que impulsó a rodear África en el camino hacia Asia.
Pero no olvidemos a Colón. Según parece, desde el Algarve, partió a Lisboa en busca de su hermano Bartolomé. Allí, los hermanos Colón tenían desarrollaron una idea muy diferente sobre las rutas comerciales hacia China y la India: hacia 1.480, habían ideado un plan de viaje hacia las Indias que rompía cualquier esquema que existiera hasta la fecha. Y es que, ellos pensaban que el mejor camino y el más corto se encontraba hacia el oeste, a través de “la mar océana”. El Atlántico.
Para ello, se basó en el concepto de tierra esférica, algo que en aquel entonces ya era de sobra conocido por marineros, científicos, e incluso por escritores como Dante, quien basa su Divina Comedia en una Tierra esférica, si bien no era aceptado comúnmente. Colón, a diferencia que muchos de sus coetáneos, no aceptaba la teoría ptolemaica en la que se argumentaba que la masa terrestre existente (en aquel entonces únicamente Eurasia y África) ocupaba 180 grados de la esfera terrestre, dejando 180 grados para el agua.

Colón tendría otra teoría al respecto. Fiel creyente de las teorías de Marino de Tiro, pensaba que la masa terrestre ocupaba 225 grados de la esfera terrestre y dejaba únicamente 135 grados de agua. Más aún. Pensaba que un solo grado representaba una corta distancia en la superficie terrestre. A estas suposiciones, se añadieron la intensa lectura de mapas en los que calculaba las distancias en millas italianas (1.238 metros). Aceptando que la longitud de un grado son 56,75 millas (según los escritos de Alfraganus, de quien también se enriqueció culturalmente), calculó que la circunferencia de la Tierra era de, al menos, 25.255 kilómetros y que la distancia desde Canarias a Japón era de 3.000 millas italianas (unos 3.700 kilómetros).

Según los expertos en el tema, el problema de Colón es que no se le ocurrió aceptar como válida la milla arábiga, que es más larga (1.830 metros). Porque realmente, la circunferencia de la tierra es de 40.000 kilómetros, algo que ya sabían los antiguos griegos como Eratóstenes. Según la aplicación de este principio, la distancia entre las Canarias y Japón es de 19.600 km y ciertamente, ningún buque del S.XV podía transportar alimento y agua fresca para semejante viaje.

Muchos de los marineros y navegantes de la época concluyeron, correctamente, que semejante viaje hacia el oeste, los mataría de inanición o sed mucho antes de alcanzar su destino, ya que pensaban que el camino hacia Asia por el oeste, únicamente se encontraba agua (recordemos la teoría ptolemaica que hemos mencionado). Pero España, tras haber finiquitado la cara Reconquista, estaba muy necesitada de encontrar un paso que fuera competitivo sobre el resto de potencias europeas en su camino hacia las riquezas de las Indias. Y claro, Colón tenía uno.

Carta de remisión de las Capitulaciones de Santa Fe y copia de las inscripciones islámicas de Granada.
Carta de remisión de las Capitulaciones de Santa Fe y copia de las inscripciones islámicas de Granada.

Buscando un patrocinador.
En 1.485, Colón presenta sus planes al rey Juan II de Portugal. Solicita, para llevar a cabo tal empresa, tres embarcaciones robustas y garantiza que en un año habría llegado y vuelto de Oriente por el paso del oeste. También solicitó ser nombrado “Almirante del Océano” y de cualquier tierra que descubriera, siéndole concedido una décima parte de todos los ingresos que estas produjeran. El rey remitió la propuesta a sus asesores, que la rechazaron. La razón: que el camino propuesto por Colón era mucho más largo de lo que afirmaba.
En 1.488, colón apeló a la corte de Portugal una vez más, siéndole concedida audiencia. Pero esta vez, era un fracaso anunciado, ya que poco antes, el hijo pródigo de Portugal, Bartolomé Díaz, había doblado con éxito el Cuerno de África, con lo que los portugueses ya no tenían necesidad de financiar una ruta oeste hacia Oriente.
Desanimado, Colón decidió, con mucha determinación, ofrecer su proyecto a Génova y Venecia, fracasando en el intento. Su hermano, previamente, había enviado a su hermano a Inglaterra, puesto que al parecer Enrique VII estaba, al parecer, interesado. Pero nada más lejos de la realidad, ya que el rey inglés no lo veía claro, lo que provocó que finalmente Colón se dirigiera a España. Y para cuando se decidió Enrique VII, España ya había aceptado la propuesta. Su expedición fue aprobada por los Reyes Católicos el 1 de mayo de 1.486.

Preparando la expedición.

Colón se puso inmediatamente manos a la obra y se dedicó por entero a preparar la aventura de su vida. Una curiosidad al respecto es que la reina Isabel, antes de aceptar la propuesta, la envió a su comité de expertos para que analizaran la viabilidad de la empresa; obtuvo de ellos la misma respuesta que los expertos  portugueses remitieron a su monarca. Pero la reina lejos de rechazar aquella  expedición en base al consejo de su comité, a fin de evitar que Colón fuese a otros lugares exponiendo su proyecto (arriesgándose por tanto a que alguien se lo aceptara) decidió otorgarle un presupuesto anual de 12.000 maravedíes y la licencia para que cualquier ciudad española le proveyera, de forma totalmente gratuita, de todo aquello que le hiciera falta para la expedición.

Lo cierto es que casi la mitad de la financiación de la empresa colombina, fue aportada por inversores privados italianos, a los que anteriormente Colón había estado “convenciendo” del éxito de su aventura, ya que la campaña de Reconquista en la Península, había terminado de desangrar a los Reyes Católicos, y estos encomendaron a su tesorero el lograr encontrar, entre las diferentes cuentas reales, la cantidad necesaria para poder sufragar su parte de los gastos.
Las negociaciones entre Colón y la Corona se realizaron a través del secretario de la Corona de Aragón, Juan de Coloma y de fray Juan Pérez, en representación de Colón. El resultado de las negociaciones, fueron las Capitulaciones de Santa Fe, del 17 de abril de 1492. Pero como posteriormente reconocería el hijo del marino, la generosidad que le fue dispensada, se debió únicamente a que los Reyes Católicos, tenían muy claro que no volvería. Y es que, según las demandas expuestas en las Capitulaciones, el marino deseaba:

  1. El título de Almirante en todas las tierras que descubriese o ganase en la mar Océana, con carácter hereditario y con el mismo rango que el Almirante de Castilla.
  2. El título de Virrey y Gobernador General en todas las islas o tierras firmes que descubriera o ganara en dichos mares, recibiendo el derecho de proponer ternas para el gobierno de cada una de ellas.
  3. El diezmo (diez por ciento) del producto neto de la mercadería comprada, ganada, hallada o trocada dentro de los límites del Almirantazgo, quedando un quinto para la corona.
  4. La jurisdicción comercial de los pleitos derivados del comercio en la zona de su almirantazgo, según correspondiese a tal oficio.
  5. El derecho a contribuir con un octavo de la expedición y participar de las ganancias en esa misma proporción.

Las Capitulaciones fueron firmadas en Santa Fe de Granada el 30 de abril de 1492, concediendo además a Colón el título de Don y haciendo hereditario el título de Virrey. A continuación, se despacharon diversas cédulas para la organización del viaje. Según una de ellas, Colón sería Capitán Mayor de la Armada constituida por tres navíos. Otra cédula decía que los vecinos de Palos debían proporcionar dos carabelas equipadas y tripuladas. Lo cierto es que cuando Colón llegó al puerto de Palos, se encontró con la oposición de los vecinos, que desconfiaban del extraño. Incluso hubo problemas en el reclutamiento de marineros; pero los religiosos de La Rábida lograron solucionarlo, al poner en contacto a Colón con Martín Alonso Pinzón, destacado navegante local, que apoyó la posibilidad del viaje, contra lo que la gente pensaba del proyecto.

Tumba de Cristóbal Colón en la Catedral de Sevilla.
Tumba de Cristóbal Colón en la Catedral de Sevilla.

Los últimos años.
Hoy sabemos que la aventura colombina tuvo éxito. Aquel 3 de agosto de 1.492, cuando la Pinta, la Niña y la Santa María, zarparon del pueblo onubense de Palos de Moguer, muy pocos de sus tripulantes sabían que les deparaba el destino y ninguno de ellos pensó jamás que se dirigían rumbo a un nuevo continente.

Pero se sucedieron los viajes de ida y venida a través del Atlántico. Y fue durante su tercer viaje a aquel nuevo continente, que retornó a La Española para encontrar que la mayoría de los colonos españoles allí asentados, estaban descontentos al sentirse engañados por Colón sobre las riquezas que encontrarían. Colón intentó repetidas veces pactar con los sublevados, los taínos y los caribes. Algunos de los españoles que habían retornado se encargaron de acusar a Colón en la corte de mal gobierno. Los reyes enviaron a La Española al administrador real Francisco de Bobadilla en 1.500, el cual a su llegada el 23 de agosto de ese año, detuvo a Colón y a sus hermanos y los embarcó hacia España. Colón rehusó que se le quitaran los grilletes en todo su viaje a España, durante el cual escribió una larga carta a los Reyes Católicos. Al llegar a España el recuperó su libertad, pero había perdido su prestigio y sus poderes.
Aún realizó un cuarto viaje, pero ya viejo y enfermo de artrosis, retornó a España en 1.504. El 19 de mayo de 1506, un día antes de su muerte en Valladolid, Cristóbal Colón redacta su testamento ante Pedro de Inoxedo, escribano de cámara de los Reyes Católicos. Como testamentarios y cumplidores de su alma dejó a su hijo Diego Colón, a su hermano Bartolomé Colón y a Juan de Porras, tesorero de Vizcaya.

En ese documento aparece citado como Almirante, Virrey y Gobernador de las islas y tierra firme de las Indias descubiertas y por descubrir. El testamento dice:
"Yo constituí a mi caro hijo don Diego por mi heredero de todos mis bienes e ofiçios que tengo de juro y heredad, de que hize en el mayorazgo, y non aviendo el hijo heredero varón, que herede mi hijo don Fernando por la mesma guisa, e non aviendo el hijo varón heredero, que herede don Bartolomé mi hermano por la misma guisa; e por la misma guisa si no tuviere hijo heredero varón, que herede otro mi hermano; que se entienda ansí de uno a otro el pariente más llegado a mi linia, y esto sea para siempre. E non herede mujer, salvo si non faltase non se fallar hombre; e si esto acaesçiese, sea la muger más allegada a mi linia."
Tras su muerte, se lleva a cabo en su cuerpo el proceso llamado descarnación, mediante el cual se quita toda la carne de los huesos. Se le enterró inicialmente en Valladolid y posteriormente fue trasladado al Monasterio de la Cartuja en Sevilla. Por deseo de su hijo Diego, vuelve a ser trasladado más tarde a Santo Domingo en 1542. Tras la conquista de la isla de Santo Domingo en 1795 por los franceses, se trasladan sus restos a La Habana, y tras la guerra de la independencia de Cuba en 1898, se vuelven a trasladar a la Catedral de Sevilla, donde reposan en un suntuoso catafalco.

 

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Bibliografía.



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- Da Silva, Manuel Luciano, Cristóvão Colon [Colombo] era Português, Ed. Nova Arrancada , Lisboa, 2006.
- Borsch Sannes, Tor,
Columbus. En europeer fra Norge?, Ed.Norsk maritimt forlag, Oslo, 1991.
- Navarro García, Luis, Historia de las Américas. Ed. Sociedad Estatal para el Quinto Centenario, Universidad de Sevilla, 1991.
- Varela, Consuelo, La caída de Cristóbal Colón. El juicio de Bobadilla. Ed. Marcial Pons, Madrid, 2006.
- Crosby, A. W, The Columbian Voyages: the Columbian Exchange, and their Historians. Ed. American Historical Association, Washington, DC, 1987.
- Phillips, W. D. and C. R. Phillips, The Worlds of Christopher Columbus. Ed. Cambridge University Press, 1992.

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