| En pos de la tierra prometida. |
Erik Thorvaldsson, conocido como Erik el Rojo, debido al color de su cabello, nació en Joederen, Noruega, hacia el año 935 d.C. Su padre, Thorvald Arvaldsson, se vio obligado a exiliarse en el año 950 d.C. después de que se viera implicado en numerosos asesinatos. Erik acompañó a su padre en la aventura, que les llevó hasta las costas de Islandia, donde se asentaron.
Con los años, Erik se convirtió en el líder de su clan, pero numerosos hechos en su vida han determinado que se trataba de un personaje muy temperamental, lo que le llevó a caer en desgracia. En el año 981 d.C. en una fuerte disputa con sus vecinos, asesinó a dos hombres. Fue arrestado y condenado al destierro durante al menos tres años. Pero la ley en ese aspecto era clara: a su regreso, y debido a los asesinatos cometidos, cualquiera podría acabar con su vida de forma totalmente legal, con lo que su seguridad no estaba garantizada en Islandia.
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Distribución geográfica de los asentamientos noruegos en Groelandia, así como de la granja de Erik y del cementerio. |
Desesperado, Erik decidió explorar el oeste de Islandia y en el año 982 a.C., acompañado de su familia, descubre por casualidad un hermoso lugar al que llamó Groelandia. Decidió que aquel era un buen lugar para vivir y se asentó en unos fiordos situados en la costa este. Llamó su hogar Brattahlid y se dedicó, durante su destierro, a explorar la costa sur y oeste de Groelandia.
En el año 985 d.C., Erik decide regresar a Islandia para compartir su descubrimiento, convenciendo a cientos de personas a unírsele en la tarea de fundar un asentamiento permanente en aquel nuevo país. Así, en el 986 d.C., 25 naves zarpan de Islandia rumbo a la nueva tierra. Pero de estas, sólo 14 consiguen llegar, con lo que desembarcaron unos 450 colonos. Erik prefirió seguir viviendo en su residencia de Brattahlid, donde creció su familia. Tuvo dos esposas, Thorhild y Thorbjarga, y cuatro hijos: Freydis, Thorvald, Thorstein, y Leif Eriksson.
Hacia el año 995 d.C., Noruega se convirtió al cristianismo y Leif, que había realizado una exitosa expedición al país, donde se convirtió, trató a su vez de convertir a su padre a su regreso. Pero el carácter indómito de Erik no cedió, si bien su esposa Thorhild le persuadió para poder construir una pequeña iglesia en sus terrenos, si bien Erik jamás visitó el lugar.
Falleció en el año 1.001 d.C., en su hogar, Brattahlid. Su hijo Leif continuó con el espíritu aventurero de su padre y se convirtió en el primer europeo que puso un pie en América.
El misterio de Groelandia.
Pero, ¿qué fue de la colonia que fundó Erik el Rojo en Groelandia? ¿Le sobrevivió a su muerte? Pues lo cierto es que sus habitantes desaparecieron, años después, sin que nadie sepa el cómo o el por qué.
Ya hemos narrado, a grosso modo, cómo llegaron los primeros habitantes europeos a Groelandia. Pues bien, aquellos colonizadores prosperaron, y se acomodaron dotando a aquella tierra fría, de todas las comodidades que les hacían sentir como en casa: iglesias, un monasterio, una guardería, una enfermería y hasta una catedral, de pequeñas dimensiones, pero que disponía de campana de bronce y cristales tintados en verde. Sabemos hoy en día que entre los dos asentamientos existían casi 400 granjas, cuyas ruinas son todavía visibles hoy en día. Según cálculos de los arqueólogos que estudian los asentamientos, la población debía rondar las 5.000 personas y sabemos que mantenían un comercio frecuente con Noruega, con cuyos habitantes intercambiaban halcones vivos, pieles de oso polar, colmillos de narval, marfil de morsa y otros productos abundantes en la isla, por el hierro o la madera, muy escasos en el lugar.
Las excavaciones en la granja de Erik el Rojo, Brattahild, han sacado a la luz la existencia de los restos de la iglesia que su esposa le pidió poder levantar, rodeada por una pared de césped para evitar la entrada de los animales y con una gran sala donde los lugareños podían cocinar en hogueras, comer, recitar sagas y pasar el rato jugando con juegos de mesa. Detrás de la iglesia, encontraron los restos de un establo de vacas, con compartimentos para cada establo que aún son visibles, uno de los cuales está realizado con huesos de ballena, un signo evidente de la practicidad vikinga en una tierra inhóspita y dura, donde la madera era un bien escaso. Curiosamente, cerca de este establo se descubrió una diminuta capilla construida en forma de herradura, según se cree, en secreto por la esposa de Erik, Thjodhilde. Y es que, cuando Erik llegó a Groelandia con sus compañeros, los antiguos dioses nórdicos eran todavía adorados. Erik era muy creyente y mantuvo viva la fe de sus ancestros, pero su esposa, convertida al cristianismo, siguió creyendo firmemente en sus convicciones. Así que decidió construir un lugar en que poder rendir culto a Dios, pero sin llamar ostensiblemente la atención, de ahí que la capilla sea tan pequeña, casi diminuta. Durante las excavaciones de la capilla y sus alrededores, se hallaron un total de 144 esqueletos, correspondientes a personas fuertes y altas, no muy diferentes a los actuales escandinavos. Uno de los esqueletos, correspondiente a un hombre adulto, tenía incrustado un cuchillo que no era escandinavo, entre las costillas, señal inequívoca de confrontaciones en las fronteras de la colonia. Refuerza esta teoría, según Neils Lynnerup, del Panum Institute de la Universidad de Copenhague, el hallazgo de 13 cuerpos, todos ellos de mujeres, en otro enterramiento más hacia el sur: todos los cuerpos presentan heridas y mutilaciones múltiples, provocadas inequívocamente por un combate.
Pero lo más excitante fue el hallazgo de los restos de tres cuerpos, enterrados cerca de los muros de la iglesia, justo donde debían encontrarse los aleros. Según la tradición eclesiástica medieval, aquellos que se hallaban enterrados cerca de una iglesia, eran los primeros en ser resucitados el Día del Juicio Final. Obviamente, aquellos personajes debían ser importantes, sin lugar a dudas. Pero, ¿quiénes eran? Pues los arqueólogos creen que se trata de, nada más y nada menos, Thjodhilde, Erik y el hijo de ambos, Leif, quien alrededor del año 1.000 salió de Brattahlid en un viaje que le llevaría a América casi 500 años antes que Colón. Los restos de la familia, se encuentran a día de hoy en Copenhague.
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Rutas vikingas más frecuentadas en el Atlántico Norte durante los siglos VIII a X d.C. Las extensiones en verde (delimitadas) muestran los asentamientos más comunes y actualmente certificados. |
La vida en los asentamientos.
Estamos en el S.XII. El éxito de los asentamientos groenlandeses, dio paso a un sentimiento de necesidad entre la población de tener a su disposición algún tipo de autoridad espiritual que revisara el trabajo de la Iglesia en Groelandia. Por ese motivo, envían a uno de sus líderes, Einar Sokkason a Noruega, a fin de convencer al rey para que les envíe un obispo. Éste decide enviar al obispo Arnald, a pesar de las protestas del propio obispo, que no se consideraba “bueno para controlar a la gente difícil”. Y es que los groenlandeses tenían una merecida reputación de ser combativos y difíciles de tratar. A pesar de todo, ofrecieron a su nuevo obispo una de sus mejores granjas, Gardar, situada en un fiordo no muy lejos de Brattahild. En ese lugar, erigieron una catedral, construida íntegramente con una piedra arenisca de color rojizo típica del lugar, y la dedicaron al santo patrón de los navegantes, San Nicolás. La nave principal podía dar cabida a más de un centenar de personas, disponía de un establo para más de cien vacas y de un silo en el que recoger los comestibles que eran recolectados de entre los granjeros locales y enviados a Roma.
Aunque la presencia de la Iglesia inicialmente animó mucho a los groenlandeses, llegó el momento en que se convirtió en una pesada carga. A mediados del siglo XIV, era la propietaria de dos terceras partes de los mejores pastos, y los diezmos eran tan elevados e injustos como en otros lugares de Europa. Una parte de estos, iba destinada a mantener las Cruzadas que se estaban llevando a cabo por medio Mundo, e incluso para combatir a los herejes en Italia. A pesar de se uno de los lugares más prósperos del mundo cristiano, las autoridades eclesiásticas tenían serias dificultades en encontrar a alguien que quisiera desplazarse a un lugar tan distante. De hecho, muchos clérigos aceptaron el título, pero jamás pisaron Groelandia, prefiriendo conceder sus bendiciones “a distancia”.
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Ruinas de la iglesia del asentamiento este y restos de la pared que evitaba la entrada de los animales al lugar. |
La vida era compleja para los groenlandeses en otros aspectos. El número de mercantes noruegos que llegaba a sus puertos era, en el mejor de los casos, de uno o dos al año. Y se fue reduciendo el exiguo número hasta que llegó un momento en que no recalaba en la isla ningún barco. Esto significó que los lugareños vieron de repente cortado, entre otras cosas, el suministro de hierro y herramientas que necesitaban para trabajar en sus granjas y en la construcción y mantenimiento de sus barcos. El motivo de este repentino abandono de Noruega a su colonia fue sencillo: la predominante posición naval que habían mantenido durante años en el Mar del Norte, se vio sobrepasada por el imparable ascenso de la Liga Hanseática, que disponía de buques de carga más grandes pero que nunca hacían escala en Groelandia, debido a que el océano era muy peligroso en aquellas latitudes y el beneficio era tan pequeño, que no merecía la pena el viaje, especialmente desde que se comercializaba con marfil de elefante, que era difícil de obtener, pero aún así más fácil que el morsa.
A medida que el aislamiento de los groenlandeses de Europa crecía, su entorno se iba deteriorando progresivamente. Las granjas que explotaban, siempre al máximo, habían perdido su fertilidad. La erosión que siguió, dio lugar a una severa reducción de la tierra. Esta erosión, se produjo como consecuencia de una tala masiva de los sauces y olmos que eran antaño abundantes, pero única fuente para emplear como combustible (transformado en carbón) en los hogares, ante las gélidas temperaturas de aquellas latitudes. El análisis del polen, muestra un drástico descenso de estas especies arborícolas durante los años en que allí estuvieron asentados los vikingos. Y para colmo, la rueda se cierra con una disminución de los víveres domésticos, ya que el consumo de hierba y matorrales del ganado, unido al continuo trasiego de los animales, destruyó por completo la base de la cadena alimenticia de la isla, dejando la tierra totalmente agotada.
Por si no fuera poco, un cambio climático generalizado, provocó que los veranos se acortaran y fueran más fríos, limitando el tiempo en que el ganado se podía mantener pastando en el campo y obligando a realizar un sobreesfuerzo para recolectar forraje cara al invierno. Durante los peores años, cuando las lluvias habían sido más intensas, el cultivo de heno a penas fue adecuado para proporcionar abrigo y sustento a los animales en sus corrales. Y la continua caída de las temperaturas, durante décadas, obligó a reestructurar el diseño de las casas en Groelandia, concebidas originalmente como de una única y amplia estancia, y desde entonces, divididas en pequeños espacios para mantener el calor, entre los que se encontraban aquellos destinados a tener cerca al ganado, a fin de aprovechar el calor que desprendían los animales.
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