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Laperouse
Se inicia la aventura. De Brest a la Isla de Pascua.


Brest - Ilha de Trinidade ~ Agosto - Octubre 1785.
El 1 de agosto de 1785 el Boussole y el Astrolabe zarparon de Brest hacia el Atlántico, sin ninguna clase de incidentes, recalando en el primero de los puertos de su ruta prevista, Madeira, el 13 de agosto, donde se aprovisionaron con fruta fresca. El viaje que habían iniciado les precedía y desde ese momento fueron bienvenidos en todos los puertos que iban a recalar, fueran británicos, portugueses o españoles.
Hacia el 18 de agosto estaban en Santa Cruz de Tenerife, donde los científicos de la expedición tomaron lecturas astrológicas, comprobaron sus cronómetros y recogieron muestras botánicas y geológicas y una parte de ellos ascendieron al Teide.

El gobernador de la isla, Miguel de la Grue Salamanca, les aprovisionó con 24 mil litros de vino y les informó que se podrían aprovisionar de madera y agua en la Isla de Trinidad, bastante más al sur. Zarparon de Tenerife el 30 de agosto de 1785. Lapérouse decidió pasar de largo de las Islas de Cabo Verde y cruzó el Ecuador el 29 de septiembre. El 16 de octubre avistaron las islas Martín Vaz y siguieron rumbo suroeste hacia Isla Trinidad. Cuando arribaron, un pequeño grupo del Astrolabe fue a tierra, donde existía una guarnición portuguesa con 200 hombres. La isla a penas podía dar sustento a la guarnición, con lo que fue imposible el aprovisionamento.

Cabo de Hornos
El Cabo de Hornos. Este mítico lugar para cualquier navegante, fue sorteado por Lapérouse sin contratiempos.

Noviembre de 1785 – Enero de 1786.
Debido a la imposibilidad de reabastecimiento en Isla Trinidad, Lapérouse decidió poner rumbo a Ihla Catarina, en la costa sur de Brasil, a fin de llenar sus tanques de agua dulce y otros comestibles, pero antes de ello decidió buscar una isla, Ihla Asencaon, que se suponía estaba en esa área. El 24 de octubre se rindió (la isla no existe) y con mala climatología, arribó a Santa Catarina el 6 de noviembre. Lapérouse envió a Pierrevert a informar al administrador local, quien envió carta de la llegada de los franceses al gobernador en Nossa Señora do Destoro (actualmente Florianópolis), la capital de la isla. El gobernador, Don Francisco de Barros, estaba avisado ya de la llegada de los expedicionarios pues lo había leído en la Gazeta de Lisboa. Envió a su jefe de personal, Don Antonio de Gama, a recibir y asistir a los franceses y proporcionarles madera, carne fresca, vegetales y agua.

El 9 de noviembre, Lapérouse acercó sus barcos a la costa y envió a Boutin a presentar sus respetos al gobernador. Él mismo no se presentó a la máxima autoridad hasta el 16 de noviembre. Sin embargo, los fuertes vientos reinantes no les permitieron zarpar hasta el 19. Tanto Lapérouse como Langle acordaron separarse y encontrarse o bien en Bahía del Buen Éxito en Tierra de Fuego o, en caso de no encontrarse allí, en Point Venus en Tahití.

Los buques zarparon rumbo sureste, hacia el Atlántico Sur pero Lapérouse quería, antes de continuar su expedición, corroborar la existencia de Isla Grande, una isla que se suponía había avistado Antoine de la Roche en 1695. Durante prácticamente todo diciembre buscaron en vano la isla y el 27 de diciembre, Lapérouse, convencido de la inexistencia de la isla, pone rumbo al Cabo de Hornos.

Enero de 1786.
Los buques de la expedición se aproximaron a las costas de la Patagonia el 14 de enero de 1786. Avistaron la desembocadura del Rio Gallegos el 21 y pasaron Cabo Vírgenes, la parte más septentrional de la entrada del Estrecho de Magallanes, el 22. Lapérouse no estaba empleando la ruta de los Estrechos, sino que rodeaba el Cabo de Hornos, así que continuó hacia el sur siguiendo la costa de Tierra de Fuego. El 25 de enero, el Boussole y el Astrolabe arribaron a Cabo San Diego y el Estrecho de Le Maire con unas condiciones meteorológicas favorables que les permitieron atravesar y, como iban juntos, no les hizo falta recalar en en la Bahía del Buen Éxito. Habían completado una parte muy arriesgada de su viaje sin contratiempos y ya surcaban las aguas del Pacífico.

En esta hoja del "Proyecto, instrucciones, memorias y otras piezas relativas al viaje de descubrimiento ordenado por el Rey y al mando del Excmo. Sr. Conde de Lapérouse, Capitán de Barcos de Su Majestad, Comandante de las fragatas Boussole y Astrolabe" (Biblioteca Mazarine), se aprecia el ingenio que llevaban a bordo de las fragatas para transportar plantas y matenerlas vivas hasta su regreso a Francia. El dibujo se realizó durante la expedición.
En esta hoja del "Proyecto, instrucciones, memorias y otras piezas relativas al viaje de descubrimiento ordenado por el Rey y al mando del Excmo. Sr. Conde de Lapérouse, Capitán de Barcos de Su Majestad, Comandante de las fragatas Boussole y Astrolabe" (Biblioteca Mazarine), se aprecia el ingenio que llevaban a bordo de las fragatas para transportar plantas y matenerlas vivas hasta su regreso a Francia. El dibujo se realizó durante la expedición.

Febrero – Abril de 1786 Concepción e Isla de Pascua.
Hacia el 9 de febrero, y ya al oeste del Estrecho de Magallanes, Lapérouse decide que se dirigirían a la isla de Concepción en Chile, donde podrían reabastecerse. Pasaron por la isla de Mocha el 22 y el 23 los buques rodeaban el norte de la isla de Quiriquine rumbo a Concepción. Pero cuando llegaron a la bahía homónima, para su desagradable sorpresa vieron que allí no existía ciudad alguna. Las cartas de navegación de Amadeé François Frezier, realizadas en 1716, mostraban el pueblo de Concepción situado en la esquina sureste de la bahía, con lo que no podían comprender que podía haber sucedido. Sin embargo, pronto se  cuenta de que el pueblo fue arrasado por un terremoto en 1751 y que se había reconstruido a unos 15 kilómetros de su enclave original, más allá de los bancos de arena de Rio Biobio.

De ese modo, Lapérouse ancló sus buques en la bahía cercana al asentamiento de Talcahuano. El capitán de fragata español De Postigo, visitó los buques de la expedición llevando consigo grandes cantidades de fruta fresca y comida y llevó a los franceses a conocer al delegado del gobernador de la isla, Ambrosio O´Higgins, que se encontraba fuera de allí en aquellos momentos. El delegado en cuestión, de apellido Quesada, les mantuvo entretenidos y como reyes durante dos semanas, al cabo de las cuales, regresó O´Higgins, que como nota curiosa cabe reseñar que se convertiría en el padre del libertador de Chile de la ocupación española, Bernardo O´Higgins. Sin embargo, el regreso del gobernador no revocó la decisión de Lapérouse de partir inmediatamente, puesto que ya habían estado lo suficiente en la isla. Estaban listos el 15 de marzo, pero sin embargo la mala climatología no les permitió zarpar hasta el 17.

A pesar de que Lapérouse había recibido estrictas instrucciones sobre su itinerario antes de dejar Francia, en esos momentos estaba realizando un verdadero ejercicio de autoridad para cambiar los planes según lo demandaba la situación. Las estaciones y el tiempo determinaban la mejor época del año para realizar visitas a determinadas localizaciones: mientras que el verano, con sus temperaturas más elevadas, permitía la exploración en altas latitudes, en esos momentos en lugar de dirigirse a Tahití y más allá, Lapérouse decidió encaminarse a la Isla de Pascua, en su viaje hacia el Pacífico Norte.

Habiendo perdido ya de vista la costa sudamericana, el Boussole y el Astrolabe navegaron rumbo noroeste hacia el norte de las Islas Juan Fernádez. Al llegar a la latitud de la Isla de Pascua, viraron al oeste, avistándola el 8 de abril. Recalaron en Cook´s Bay, en la costa oeste de la isla y fueron bien recibidos por los nativos, con quienes intercambiaron regalos.

Los franceses se dividieron en dos grupos, con De Langle llevando su grupo tan lejos como le fuera posible. Se dirigieron hacia el este, a través de colinas totalmente vacias, sin árboles, antes de girar hacia el sur, buscando la costa sureste cercana a Vaihu. Desde los barcos habían sido capaces de ver las siluetas de enormes estatuas erguidas sobre las terrazas de los acantilados de la costa y ahora tenían la posibilidad de examinarlas. En uno de los pueblos de la isla, los aldeanos les mostraron sus casas, una de ellas de unos 100 metros de largo que parecía una canoa puesta del revés. Además, les llevaron a ver el cráter del volcán Rano Kau, en la esquina suroeste de la isla, antes de regresar a Hanga Roa.

Mientras tanto, el grupo de Lapérouse estuvo en Hanga Roa, cerca de los barcos, y se prodigó en regalos a los líderes locales. Muchos lugareños visitaron los buques, tal y, como sucedía en muchos de los lugares que visitaban, les eran sustraídos artículos de ropa y toda clase de equipamiento. Como era una pequeña estancia la que pretendía, Lapérouse decidió zarpar el 10 de abril hacia el Pacífico Norte.
El viaje al norte fue largo, a través de una extensa masa de agua vacía. Lo único reseñable es que desde el 20 de abril hasta que se aproximaron a Hawaii, les siguió un banco de atunes, que se convirtieron en una fuente inagotable de pescado fresco. El 18 de mayo, alcanzaron los 20º N, la latitud de Hawaii, pero unos 25º al este de la posición de las islas, según la posición que determinó James Cook.

Por tanto, Lapérouse puso rumbo al oeste, hacia Hawaii.


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Bibliografía.



- Jean François de Lapérouse, Voyage autour du monde sur l’Astrolabe et la Boussole, La Découverte, Paris, 2001.
- Peter Dillon y Alain Conan, A la recherche de Lapérouse. Voyages dans les mers du sud’’, Éditions Pôles d’images (17 mars 2005).
- François Bellec,
La généreuse et tragique expédition, Rennes : Ouest-France, 1985.
- John Dunmore, French explorers in the Pacific. Volume 1: The Eighteenth Century, Oxford: Oxford University Press, 1965.
- J.V. Davidson, Peter Dillon of Vanikoro: Chevalier of the South Seas, O.H.K. Spate. Melbourne: Oxford University Press, 1975.
- Jules Dumont d´Urville, An Account in two volumes of Two Voyages to the South Seas, Melbourne University Press, 1987.

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