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Laperouse
De Formosa a Corea.


Lapérouse navegó hacia el este, a través del Canal Bashi a principios de mayo de 1878. Rodeó algunas rocas y salientes, como Vela Rete, lejos de los cabos gemelos de sur de Formosa e inició de nuevo su viaje hacia el norte. El 3 de mayo, los buques franceses se acercaron a una pequeña isla llamada Hung-t´ou Hsu, a la que Lapérouse puso el nombre de Bottol. Ni tan siquiera hicieron por desembarcar en ella, así que siguieron su camino.

Dos días después, la Boussole y el Astrolabe encontraron otra isla, Yonagumi-shima, y se dirigieron hacia el oeste de la isla, a la que bautizaron como Kumi, y en la que tampoco decidieron desembarcar. Las canoas de los lugareños acudieron a recibirles, a fin de comerciar con los europeos. Mencionar que Yonagumi-shima forma parte del grupo de Sakashima, último trozo de tierra firme antes de Taiwán, en una larga cadena de islas volcánicas que parte de Japón. Esa cadena de islas, constituye la frontera meridional del mar del este de China y al dejar atrás Yonaguni-shima, Lapérouse entraba en dicho mar.
Montañas en las que nace el Yang Tsé (Río Amarillo).

Montañas en las que nace el Yang Tsé (Río Amarillo).

Febrero – Mayo de 1787. De Macao a Formosa.
Durante las dos semanas siguientes, los buques franceses navegaron rumbo norte en condiciones poco favorables, lo que les impidió avanzar todo lo que deseaban. Lapérouse había considerado la posibilidad de investigar en el Mar Amarillo, sito entre China y Corea, pero el tiempo jugaba en su contra y decidió acelerar el ritmo. La densa niebla reinante en el lugar, hizo que ambos buques se perdieran de vista, si bien estaban en contacto mediante señales sonoras. El 19 de mayo, cuando habían alcanzado la latitud correspondiente a la desembocadura del río Yang Tsé, en China, viraron al noreste, hacia el Estrecho de Corea.

Si el contacto europeo con China era muy limitado, el que se tenía de Corea y Japón era prácticamente inexistente. Los holandeses se aventuraron, tiempo atrás, en la región y confeccionaron una serie de mapas, con las copias de los cuales Lapérouse surcaba en esos momentos los mares de la zona. El 21 de mayo, avistaron la isla de Cheju-do, al sur de la península de Corea. Según constaba en los mapas de francés, el nombre de la isla era Quelpaert y en aquellos momentos podía divisar las casas que salpicaban el lugar y la enorme montaña que reinaba sobre la isla, Halla San. Fue la primera de los cientos de pequeñas islas e islotes que existen a lo largo del estrecho de Corea.

Mientras avanzaban por la costa coreana, podían observar que se iban encendiendo diferentes hogueras, lo que les llevó a pensar que su progreso estaba siendo seguido de cerca por los coreanos. En su rumbo hacia el norte, los franceses veían con más claridad la isla japonesa de Kyushu y para el 25, los buques pasaban entre la isla coreana de Koje-do y la japonesa de Tsushima, dejando de ese modo atrás el estrecho de Corea y entrando en el Mar del Este*.

(* En este punto, queremos hacer mención especial a la amable aportación del Sr. Lee Ryungmin de la Northeast Asia History Foundation Republic of Korea, ya que nosotros estimamos, basándonos en determinados mapas de aquellas latitudes, que este mar se conocía como Mar de Japón, si bien y como menciona el Sr. Ryungmin, debido a las importantes implicaciones de identidad nacional y soberanía de la República de Corea es importante mencionar el correcto nombre de dicho mar, que es Mar del Este. Desde aquí deseamos dar fe de nuestro error y agradecer nuevamente la aportación del Sr. Ryungmin).

A pesar de estar muy cerca de Japón, Lapérouse decidió seguir hacia el norte por la costa de Corea. Multitud de pequeñas embarcaciones de pesca coreanas salieron a curiosear, sin llegar a establecer contacto alguno con los franceses. El 27 de mayo, avistaron una isla hacia el noreste y decidieron acercarse. Era la isla actualmente conocida como Ullung-do y Lapérouse pudo observar con claridad signos que indicaban que era una especie de base para los coreanos. Permitió a los científicos realizar una breve exploración, la bautizó como Dagalet, y zarparon de nuevo.

Junio – Julio de 1787. De Japón a Tartaria.
El nuevo rumbo que siguió Lapérouse tras su periplo por Corea fue hacia el sureste, hacia Japón. El 2 de junio, pasaron muy cerca de dos barcos japoneses, pero de nuevo un hubo ninguna comunicación. Cuatro días más tarde, los franceses arribaron a la península de Noto Hanto, en la costa norte de la isla principal del archipiélago nipón, Honshu. Con la costa a la vista, iniciaron el proceso de fijar puntos costeros que les sirvieran para determinar su posición y cartografiar la zona. No hubo ningún intento de aproximarse a tierra. Durante un breve espacio de tiempo, pudieron ver la pequeña isla de Hegura-jima, a la que los franceses llamaron Jaolsissima, antes de que la niebla se la tragara, momento en que pusieron rumbo norte.

Al norte se encontraba Tartaria, en lo que actualmente correspondería a Siberia, de la que en Europa no se sabía absolutamente nada a cerca de sus relaciones con las tierras vecinas, como la parte septentrional de Japón. Lapérouse llevaba, con intención de conocer de antemano la zona, una carta que realizó Buache en 1752, basada en la información recogida por los holandeses y los rusos. Mostraba de forma muy aproximada, como era la costa tártara, si bien existían muchas islas y grades masas de tierra continental que estaban incorrectamente ubicadas que Lapérouse descartó como existentes, cambiando radicalmente la visión que hasta la fecha se tenía de la zona.

Mapa holándes de Frederick de Wit Tabula Tartariae et majoris partis regni Chinae (Amsterdam 1680), donde aparece Tartaria
Mapa holándes de Frederick de Wit, Tabula Tartariae et majoris partis regni Chinae (Amsterdam 1680), donde aparece Tartaria (pulsar para ampliar).

A medida que navegaban hacia el norte, la niebla iba aclarando y para el 11 pueden ver por primera vez la costa desde que abandonaron Japón, cerca de Mys Ostovnoy. Pudieron ver también la montaña de Khrebet Sikhote, en el interior, y observaron que no había ningún asentamiento humano, con lo que pensaron que aquel lugar estaba deshabitado.

Parecía un buen fondeadero, con lo que echaron anclas y los científicos bajaron a tierra para explorar y recoger especimenes. A su regreso, zarparon de nuevo y el 14, estaban de nuevo envueltos en una extensa neblina, en la latitud 44º N. En esa localización, y siempre de acuerdo a los mapas de Buache, deberían encontrar la entrada de un pequeño estrecho, el de Tessoy, que debían seguir hacia el noreste. Durante los siguientes dos días, y con una densa niebla, tuvieron la sensación de que había tierra hacia el sureste, lo que llevó en tiempos pretéritos a pensar a otros exploradores y en similares condiciones, que dicho estrecho existía. Sin embargo, los franceses pronto empezaron a darse cuenta de que dicho estrecho no existía y que de hecho, la costa de Tartaria estaba limitada por el golfo de Tartaria.

La descripción de la costa que aparecía en las cartas de Buache, a pesar de todo, era bastante buena, sólo que si la expedición francesa hubiera podido ver a través de la niebla, se habrían dado cuenta de lo acertado de sus descripciones de la costa. Y a punto estuvieron de darse cuenta de ello, cuando la niebla les dio un respiro el 19, momento en que rápidamente Lapérouse ordenó una pequeña expedición de investigación que duró lo justo para llegar a medio camino de tierra, ya que de nuevo se cerró por completo la niebla y obligó a los pobres expedicionarios que se dirigían a la costa, a volver de inmediato a bordo.

Su suerte cambió el 23, cuando el tiempo se aclaró por completo y anclaron en una bahía que no conocían. Lapérouse decidió llamarla Bahía de Ternay, en honor a su mentor en la marina y a día de hoy se denomina Bukhta Ternay. Permanecieron en el lugar durante unos días que aprovecharon para acumular madera y agua, explorar y cazar osos y nutrias. Durante su exploración no se encontraron con ser humano alguno, aunque sin embargo diversos restos de enterramientos recientes, les llevaron a la conclusión de que alguien había estado por los alrededores no hacía mucho tiempo.

Los buques dejaron la bahía el 27 de junio y continuaron su viaje hacia el noreste, siempre pegados a la costa de Tartaria, hasta el 29, cuando los vientos rolaron y les llevaron hacia alta mar. Pudieron volver a costear al día siguiente y tres días después, hallaron otra bahía, muy similar a la de Ternay, a la que llamaron Bahía de Sufren en honor a un famoso oficial naval francés.

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Bibliografía.



- Jean François de Lapérouse, Voyage autour du monde sur l’Astrolabe et la Boussole, La Découverte, Paris, 2001.
- Peter Dillon y Alain Conan, A la recherche de Lapérouse. Voyages dans les mers du sud’’, Éditions Pôles d’images (17 mars 2005).
- François Bellec,
La généreuse et tragique expédition, Rennes : Ouest-France, 1985.
- John Dunmore, French explorers in the Pacific. Volume 1: The Eighteenth Century, Oxford: Oxford University Press, 1965.
- J.V. Davidson, Peter Dillon of Vanikoro: Chevalier of the South Seas, O.H.K. Spate. Melbourne: Oxford University Press, 1975.
- Jules Dumont d´Urville, An Account in two volumes of Two Voyages to the South Seas, Melbourne University Press, 1987.

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