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De esclavo a Almirante


Zheng He nació en 1371 en la aldea de Hedia, de la prefectura Kunyang (hoy distrito de Jinning), provincia de Yunnan, bajo el nombre de Ma He. Su familia, llamada Ma, pertenecía  a la minoría semur, que era originaria de Asia Central y practicantes del Islam. Tanto su padre como su abuelo habían viajado en peregrinaje a La Meca y seguramente los relatos que oyera de niño sobre tierras lejanas y maravillosas despertó en él su espíritu viajero.

Poco se sabe de sus primeros años de vida, salvo que en 1382, cuando el muchacho contaba 11 años, el ejército de la dinastía Ming conquistó la provincia natal de Ma He, Yunnan, que era el último de los bastiones favorables al ejército Mongol. Su padre, Ma Hazhi, murió durante la guerra de conquista. Entonces se produce un hecho que marcaría la vida de Ma He: al ser capturado por el ejército Ming, se le envió a Nanjing  y fue castrado, convirtiéndose de este modo en eunuco y sirviente del príncipe que habría de convertirse en nuevo emperador, el joven Yong Le. Fue éste quien le cambió el nombre por el de Zheng He.

Los registros históricos chinos describen a Zheng He como “alto, fuerte, de rasgos duros y largos lóbulos en las orejas, las zancadas de un tigre y la voz clara y vibrante”. Parece ser que era bien parecido, muy admirado su perspicacia y por su valentía en combate. De hecho, cuando el príncipe Yong Le debió defender sus derechos al trono chino, luchó bravamente a su lado.

 
Comparación de uno de los 62 navíos más grandes de la flota de Zheng He con la San Gabriel, de Vasco de Gama.


Como resultado de esta fidelidad, Zheng He llegó a ser uno de los pocos confidentes del nuevo emperador y le fue otorgada una importante y destacada posición en la corte.
El emperador Yong Le tenía planes muy ambiciosos. Era un hombre vigoroso y entre otras cosas, reformó la Gran Muralla para dejarla en el estado en que la conocemos actualmente. Trasladó la capital del imperio a Beijing (Pekín), construyéndola desde cero y decidió, al igual que su padre, que su expansión debía tener lugar contando con el mar como principal vehículo de transmisión de su poder, con lo que puso en marcha los planes que se habían estando madurando durante mucho tiempo. Fue entonces cuando decidió contar con Zheng He, apoyándole para que liderara la flota que debía recorrer todos los confines de la Tierra, otorgándole el título de “Almirante de los mares del Oeste”.

En cada uno de los países que visitó, ofreció regalos a los máximos mandatarios y trató de recaudar tributos para mayor honra del emperador Ming. Quizá nos choque actualmente el hecho de pensar que eran muy pretenciosos, pero debemos tener en cuenta que por aquel entonces los chinos pensaban que ellos y su país eran “el centro del mundo”. De hecho para ellos, su reino era “el reino de los Cielos”, y los tributos que se pensaban recaudar servirían para atraer a “todos bajo el cielo” a ser civilizados en la armonía confucionista.
Sirva para muestra un botón. Cuando los embajadores extranjeros llegaban a la corte china, debían demostrar al aproximarse al emperador “kowtow”, que consistía en realizar genuflexiones ante el mismo tres veces, en posición de humillación, juntando las manos en forma de arco sobre el suelo cada una de las tres genuflexiones.
Pero siguiendo con el tema de los tributos, cada vez que el emperador los recibía, éste se encargaba de enviar regalos y, eso si, pergaminos sellados que contenían las reglas de su autoridad. De hecho y de forma oficial, estos reinos extranjeros pasaban a formar parte de la dinastía Ming.

Los viajes alrededor del mundo.
En 1405, Zheng He inició su primer viaje. Jamás se había visto antes en ningún lugar de la Tierra semejante despliegue de navíos y hombres juntos. Éste incluía sesenta y dos navíos, algunos de ellos de más de 183 metros de largo, los más grandes de todos aquellos que surcaban en aquellos momentos los mares. Cientos de pequeños navíos de apoyo los acompañaban. Un historiador chino describió el espectáculo: “Los navíos de la flota de los Mares del Oeste son como edificios. Cuando sus velas se despliegan son como grandes nubes en el cielo”.

Detalle de las diferentes rutas por las que navegó Zheng He y su flota de los Mares del Oeste.


El primer puerto al que arribó se llamaba Champa, una parte de lo que hoy es Vietnam. Zheng He se sorprendió al ver la gran cantidad de chinos que vivían en el lugar. Lo que no sabía es que muchos mercaderes y artesanos habían emigrado desde los tiempos de la dinastía Tang, habiendo ayudado a fomentar y extender los ideales confucionistas. El gobernador de Champa se ofreció a rendir tributo al emperador chino, en contraprestación de lo cual recibió por parte de Zheng He presentes incluso más valiosos que su propio tributo.
El viaje continuó hacia el oeste, a lo largo del Océano Índico, lejos de cualquier costa. Durante la travesía se encontraron con un huracán que hizo zozobrar varias embarcaciones y muchos marineros aterrados se prepararon para morir, encomendando sus vidas a la Diosa de la Esposa Celestial. Sin embargo una “luz divina” se les apareció en los másties y el peligro desapareció… o eso escribió Zheng He en su diario de a bordo. Seguramente la “luz divina” no era más que el conocido fuego fatuo o de San Telmo, que no es más que electricidad estática, algo que los marineros están muy acostumbrados a ver. Sin embargo, esta visión no hizo más que afianzar la fe ciega de los marineros en su almirante y hacer que a sus ojos tuviera una aureola de “tocado por los Dioses”, razón por la que se erigió el pilar de piedra de la provincia de Fujian, en agradecimiento al almirante y a la Diosa que habían velado por sus marineros.
Cuando los chinos llegaron a Calcuta, en la India, sus gigantescos navíos causaron una honda impresión. Sin dudarlo, el gobernador de la ciudad ofreció los más bellos presentes a los recién llegados y se agasajó de tal manera a todos los miembros de las tripulaciones que estos quedaron, por su parte, impresionados del refinamiento de aquellos “bárbaros”.

En su viaje de regreso a China, la flota pasó por las islas Molucas (Sumatra y Java). Establecieron una base en el estrecho que las separa, utilizada en los posteriores viajes y arrasaron las colonias de piratas que asolaban la zona, capturando a su líder y llevándolo preso a la capital china para ejecutarlo.
Una vez de regreso en su patria el emperador se mostró tan impresionado por sus logros, que decidió enviarle de nuevo y hasta siete veces de vuelta a la mar. De este modo llegó a las costas de Arabia, cumpliendo de este modo un sueño personal de su infancia: peregrinar a la Meca y visitar los santos lugares musulmanes.

La excepcional logística china.
Todas las expediciones organizadas por Zheng He se realizaron a una escala realmente sorprendente. La mayoría de ellas no estaban formadas por menos de 27000 hombres. Entre la lógica tripulación de marineros, se incluían doctores, escribas, ebanistas, cocineros o líderes religiosos musulmanes y budistas que servían de intérpretes y cuerpo diplomático en aquellos lugares donde se profesaba alguna de estas religiones.

Cada embarcación acarreaba suficiente comida para el viaje, ya que la comida “bárbara” no era, en modo alguno, aceptable. Para complementar la dieta básica y poder ingerir alimentos frescos, los barcos llevaban sus propias granjas, en las que se plantaban todo tipo de verduras y frutas.
En cada viaje, la flota anclaba en la base de que disponía en las Molucas, donde se almacenaban víveres, tributos recaudados y regalos en grandes almacenes construidos a tal efecto. Además, en vista de que los dignatarios de los países que visitaba se quedaban maravillados con la porcelana china, las sedas y los trajes y vestidos típicos chinos, increíbles cantidades de todos estos delicados productos se almacenaban en estos almacenes.

Cuando Zheng He regresó de su séptimo viaje en 1433 tenía sesenta y dos años. Había realizado una excepcional labor para China, extendiendo la gloria y el poder chino por multitud de países que enviaban tributo a los embajadores de la corte imperial. Sin embargo este último viaje a su tierra nunca llegó a finalizarlo: durante la travesía, cayó enfermo, según parece por el exceso de trabajo, y falleció en Calcuta. En sus exequias, el emperador Xuanzong de la dinastía Ming decidió que se le debía enterrar al pie del monte Niushou de Nanjing, el lugar en que empezó su aventura.

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Bibliografía.


- Pei, Ming L, "Chinese mariner Cheng Ho". Web: http://www.chinapage.com/chengho.html
- Louise Levathes, "When China ruled the seas", New York: Oxford University Press, 1994.

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Michael Bosworth, "The rise and fall of 15th Century chinese sea power", Web: http://www.cronab.demon.co.uk/china.htm.
- Gavin Menzies, "1421: el año en que China descubrió América " Ed. Debolsillo, 2005.


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