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Los fenicios
En busca de las Islas de las Especias.


Una de las mayores epopeyas de la navegación, fue la consecución de la circunnavegación del Mundo. A pesar de lo que muchos piensan, no fue el primero en llevar a cabo tal hazaña Don Fernando de Magallanes, si bien tal era la intención que tenía cuando partió con su expedición de San Lúcar de Barrameda. En quien recayó la gloria por el éxito de la empresa fue en Don Juan Sebastián de Elcano, marinero vasco que acompañaba al portugués en esa desgraciada aventura. Y veremos el por qué de tal desgracia a medida que nos adentremos en los sucesos que tuvieron lugar durante toda su expedición.

Es importante entender que los motivos que impulsaron la primera circunnavegación fueron puramente comerciales, no científicos. Y es que desde la aparición del Islam y su expansión por todo el Próximo y Medio Oriente en los siglos subsiguientes, el comercio de la seda, las especias y el azúcar entre Europa y los países asiáticos productores había que hacerlo a través de intermediarios árabes, con la consiguiente carestía de los productos. Si a esto se añade la situación de bloqueo en que se hallaban las tradicionales relaciones mercantiles con Oriente a consecuencia del ímpetu que el Imperio Otomano había imprimido, desde el siglo XV, a su afán expansivo por la Europa oriental, es obvio que la búsqueda de una ruta alternativa que permitiese el comercio de esos productos con sus países de origen adquiriese una importancia de primer orden para los Estados occidentales.
Esa ruta alternativa permitiría el logro de dos objetivos: el primero, esquivar el bloqueo turco por Asia, que cortaba el paso a las caravanas de camellos, mediante las cuales se llevaban a cabo las transacciones comerciales con el Extremo Oriente; el segundo, comerciar directamente con las Indias, con el consiguiente abaratamiento de los productos, sumamente encarecidos por la mediación árabe.

A finales del siglo XV, los portugueses habían conseguido ya ese doble objetivo a través de la ruta del Este, costeando África, atravesando el océano Índico y llegando a la India. Pero esa vía resultaba excesivamente larga, tanto en tiempo como en distancia.

Fernando de Magallanes (¿Oporto?, 1.480 - Mactán, 1.521) fue el impulsor de la que habría de convertirse en la primera circunnavegación del Mundo.
Fernando de Magallanes (¿Oporto?, 1.480 - Mactán, 1.521) fue el impulsor de la que habría de convertirse en la primera circunnavegación del Mundo.

Los conocimientos geográficos en la época.
Durante la Edad Media se habían ido precisando unas cuantas ideas sobre la geografía de las tierras desconocidas, que abrieron el camino a los grandes viajes y descubrimientos. Así, por ejemplo, los árabes tradujeron y dieron a conocer la obra geográfica de Ptolomeo y de la escuela de Alejandría. Los vikingos, en sus navegaciones llegaron a Groelandia y Terranova. Otro tanto se cree que lograron los pescadores vascos, llegando también a las costas de Terranova. Pero estas expediciones fueron ignoradas y no tuvieron importancia científica alguna.

Más trascendencia tuvieron los conocimientos aportados por los viajes del veneciano Marco Polo, que, en el siglo XIII, estuvo en Asia, visitando China y dando a conocer a Europa el Japón, países que designó con los respectivos nombres de Cathay y Cipango. Pero Marco Polo incurrió en el mismo error de Ptolomeo, pues alargó desmesuradamente los límites de las tierras de Oriente, de manera que el todavía ignorado océano Pacífico quedaba absorbido y el litoral de Cathay y Cipango se enfrentaba a las costas occidentales de Europa.

De otra parte, cosmógrafos del siglo XV, como Pedro Ailly y Paulo Toscanelli, sostenían la idea de llegar a esas tierras de Oriente por la ruta de Occidente, sobre la base de estos tres supuestos: uno, la opinión de Ptolomeo de que la Tierra era esférica; dos, por tanto, para ir a Oriente, se podía seguir la ruta del Sol, y tres, esa distancia era más corta que ir bordeando África.

Las obras de estos geógrafos y esas tres ideas fueron bastante divulgadas en tiempo de Colón y de los descubridores y expedicionarios navegantes de comienzos del siglo XVI.

El por qué de circunnavegar el globo.
Convencidos de la certeza de tales ideas y descubiertos ya el continente americano y el Mar del Sur (que se llamaría luego Océano Pacífico), el problema que se planteaba ahora consistía en descubrir un paso que pusiera en comunicación el océano Atlántico con el Pacífico y permitiera llegar a las Islas de las Especias por Occidente. Con esas miras, España había organizado una primera expedición en octubre de 1.515 dirigida por Juan Díaz de Solís, reinando aún don Fernando el Católico, viudo ya de Isabel I.

Díaz de Solís bordeó la costa brasileña, desde el Cabo Frío hacia el Sur, y llegó, en febrero de 1.516, al llamado Mar Dulce, después Río de Solís, y hoy Río de la Plata, pensando en la posibilidad de que podría tratarse de un estrecho que comunicaba ambos océanos. Solís emprende su exploración río arriba, que llevó a cabo en un largo trecho, pero la expedición tuvo un fin desgraciado: el jefe expedicionario perdió la vida en una emboscada que le tendieron los indígenas que habitaban las orillas, y las dos naves, faltas de mando, hubieron de regresar a España sin haber logrado su propósito.

Se sabe con total certeza que la intención que tenía Cristóbal Colón cuando zarpó en busca de las Indias (y descubrió América) era la de hallar un paso en el oeste que permitiera a la corona española el establecimiento de relaciones comerciales entre España y los reinos asiáticos a fin de obtener de ellos las especias y otras riquezas por descubrir. Quizá, y como parte de una leyenda medieval, otro de los objetivos fuera la localización del reino del Arcipreste Juan.

Lo cierto es que los españoles, en cuanto llegaron a América, inmediatamente se dieron cuenta de que aquello no era lo que andaban buscando (a pesar de que llamaran inicialmente a los indígenas indios o indianos, prueba obvia de su error) y que América no era una parte de Asia, sino un nuevo continente. El hecho de que el navegante portugués Vasco de Gama llegara a la India en 1.498, indujo a los españoles a encontrar de forma urgente una ruta comercial hasta Asia. Y es que por el Tratado de Tordesillas, compromiso suscrito en la ciudad homónima, en la provincia de Valladolid, el 7 de junio de 1.494 entre el rey y la reina de Castilla y el rey de Portugal en virtud del cual se establecía un reparto de las zonas de conquista y anexión del Nuevo Mundo mediante una línea divisoria del Océano Atlántico, Portugal tenía pleno y único derecho sobre las rutas que rodearan África.

Quiso la fortuna que, por ejemplo, Vasco Núñez de Balboa, en nombre de la corona portuguesa, descubriera el Océano Pacífico en 1.513, mientras que la desgracia se cebó en la expedición de Juan Díaz de Solís, que en nombre de España, falleciera en el Río de la Plata en 1.516, buscando un pasaje que le llevara a las Indias.

Ruta seguida por los expedicionarios hispano - portugueses. En total recorrieron 78.000 kilómetros, y de los 234 tripulantes que partieron, sólo regresaron a España 17.
Ruta seguida por los expedicionarios hispano - portugueses. En total recorrieron 78.000 kilómetros, y de los 234 tripulantes que partieron, sólo regresaron a España 17.

Y es que entre aquellos reinos asiáticos, existía un lugar en concreto conocido como Islas de las Especias que podían proporcionar inmensas riquezas al reino que las controlara, ya que eran ricas en las especias que Europa necesitaba. Estas famosas islas no son otras que las que actualmente se conocen como Molucas, una de las provincias de la actual Indonesia. Pero su historia y fama vienen de antiguo. Ya antes del S. XVI, indios, árabes y chinos llegaron a estas islas en busca de las especias que, casi exclusivamente, abastecían al mundo. De ahí el interés de los estados europeos en su control.

Fueron los portugueses los primeros en llegar, en 1.511, a sus costas y establecer una primera fortaleza, concretamente en la isla de Ternate, monopolizando de este modo el comercio de especias con Europa. Obviamente, los españoles no podían permitir tal desagravio y la llegada de un joven Magallanes a la corte del rey de España, ofreciendo sus servicios a la corona del país rival de su patria, parece ser una solución a la necesidad de control sobre las afamadas islas. El portugués afirma poder llegar a aquel fabuloso lugar por el oeste, con lo que se demostraría, según el Tratado de Tordesillas, que pertenecía a la corona española, no a la portuguesa.

Se inicia la expedición.
Una vez revisado y aprobado el plan que tenía Magallanes, se decide financiar la expedición que llevaría a los españoles hasta las Islas de las Especias. Así, el 10 de agosto del año 1.519, cinco buques (Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago) bajo el mando de Magallanes, zarpan de Sevilla surcando el río Guadalquivir hasta llegar a San Lúcar de Barrameda, en la desembocadura del río, donde la expedición permanece más de cinco semanas. El motivo básicamente no fue otro que el temor de las autoridades españolas por las acciones que el almirantazgo portugués pudiera tomar en represalia a que uno de sus súbditos emprendiera tal expedición en nombre de la corona de España. Pero tras ese período, Magallanes decide arriesgarse y el 20 de septiembre zarpa de San Lúcar con 265 hombres. Y lo cierto es que el rey Manuel de Portugal, ordenó a un destacamento naval, perseguir a Magallanes, obviamente con objetivo de apresarlo.

Pero el navegante portugués consigue eludir a aquel destacamento y se dirige, en primera instancia, a las Islas Canarias, donde se abastece. El siguiente punto de su ruta eran las Islas de Cabo Verde y de allí se dirige al Cabo San Agustín, en Brasil. El 27 de noviembre cruza el Ecuador y para el 6 de diciembre avistan Brasil. Como Brasil era territorio portugués, trata de evitarlo en la medida de lo posible, y el 13 de diciembre anclan cerca de lo que actualmente es Río de Janeiro. Allí se abastecieron rápidamente, con la intención de estar el menor tiempo posible en territorio portugués. Pero las malas condiciones meteorológicas les retrasan.

Cuando logran zarpar, deciden costear a lo largo del este de Sudamérica, buscando el estrecho que Magallanes pensaba que les llevaría hacia las Islas de las Especias. Así, la expedición alcanzó el Río de la Plata el 10 de enero de 1.520. Siguieron su rumbo sur y el 30 de marzo se detienen en la boca de un río en un lugar al que llamaron Puerto San Julián, decididos a invernar. En este punto, Magallanes hubo de hacer frente a la oposición de Juan de Cartagena, que, seguido de otros capitanes y numerosos tripulantes, se negó a seguir adelante y se declaró en abierta rebeldía. Los insurrectos confiaron a Elcano el mando militar de la nao San Antonio, pero este se declaró leal a Magallanes. Lo cierto es que, según narra Antonio Pigafetta, un personaje que había pagado el pasaje para viajar con la expedición, Juan de Cartagena fue ejecutado, mientras que los otros rebeldes, entre los que se encontraban Gaspar Quesada y el padre Sánchez de la Reina, fueron abandonados en la costa.

Una vez resueltas las diferencias, pudo Elcano volver con el cargo anterior a la nao Concepción. A la vez, se ordenó al Santiago adelantarse al resto de la expedición con el fin de que explorara las tierras que tenían por delante. Pero una terrible tempestad hundió la nao, si bien toda la tripulación pudo alcanzar la costa sana y salva. Dos de estos superviviente regresaron caminando por la costa en dirección al resto de la expedición, e informó a Magallanes de lo sucedido. Éste, ordenó el rescate de los náufragos y decidió esperar unas semanas a que el tiempo mejorara antes de reiniciar el viaje.

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Bibliografía.


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- Cortesao, Jaime, Os descobrimentos portugueses, Ed.Arcadia, Lisboa, 1.990.
- Fuentes Gómez de Salazar, Eduardo, Estrategias de la implantación española en América, Mapfre, Madrid, 1.992.
- López Piñero, José María, El arte de navegar en la España del Renacimiento, Ed.Labor, Barcelona, 1.986.
- Maravall, José Antonio, Estado moderno y mentalidad social, siglos XV al XVII, Ed.Alianza, Madrid, 1986.

- Pérez Embid, Florentino, Los descubrimientos en el Atlántico y la rivalidad castellano-portuguesa hasta el tratado de Tordesillas, Ed.Guadarrama, Madrid, 1.998.
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