| Primeros contactos con el mar. |
Probablemente, los primeros intentos de los fenicios de navegar en el mar que bañaba su costa, fueron tan torpes como los de cualquier otra nación primitiva, si bien se pueden aventurar de otro modo en este caso. Los torrentes que descendían de las montañas libanesas, arrastrarían árboles caídos en la época de lluvias; al llegar al mar, estos troncos flotaban y pudieron dar una primera idea de navegación.
Seguramente, mediante el uso de herramientas como hachas y azadas, se horadaban esos troncos y se conseguían primitivas canoas, que con el tiempo, fueron moldeadas a fin de adaptarlas a las condiciones reinantes en la zona. La envergadura de estas canoas, demasiado grande para las necesidades básicas de navegación, dio lugar a un recorte significativo en su tamaño, convirtiéndose en botes. A día de hoy, aún se pueden contemplar primitivos modelos de botes entre los descendientes de aquellos primeros fenicios que nos pueden dar una idea aproximada de cómo eran los inicios de la navegación entre estos osados marineros: tienen quilla, algo tosca, un caso redondeado, borda, un asiento elevado para el capitán y los remos, aparentemente, se pasan a través de agujeros horadados en la borda.
De este primitivo modelo de bote, la transición a una barcaza no debió ser empresa difícil, tal y como las que aparecen en una serie de esculturas halladas en el palacio de Sargón (rey de Akkad, en Mesopotamia) y se suponen fenicias, donde se aprecia a cuatro remeros de pie junto a sus remos, empujando con su fuerza un bajel que tiene por proa la cabeza de un caballo y por popa, la cola de un pez, ambas asomando sobre el agua. Los remos son curvados, de forma similar a los palos de hockey, no se ve timón alguno y en el mástil, soportado por dos cuerdas, una hacia la proa y otra hacia popa, a pesar de no distinguirse vela, si es apreciable el “nido de cuervo” para el vigía, arquero u hondero.
Un bajel considerablemente más grande que este que se encuentra en el palacio de Sargón, aparece representado en unas monedas que según algunos arqueólogos son fenicias y otros cilicias. Sin embargo, se debían producir una serie de mejoras tecnológicas que harían de los fenicios, los reyes del mar en su tiempo.
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Birreme fenicio en el que se puede apreciar perfectamente la disposición de las filas de remeros. |
Las embarcaciones fenicias.
Una pintura encontrada en Chipre, en un recipiente que se supone contenía vino, muestra lo que parece ser una embarcación fenicia de recreo. Por lo que aparece reflejado, carece de un prominente “pico” en la proa, y tampoco se ven señales de remos, excepto dos que sirven para dirigirla. Hacia la mitad de la embarcación, se ve un mástil corto, atravesado perpendicularmente por una especie de palo largo que es el que lleva la vela, firmemente amarrada en toda su extensión longitudinal por unas cuerdas. Tanto la vela como el palo que la soporta, se manejan con cuatro cuerdas, dos en el palo (una en cada extremo) y dos en la parte baja de la vela, de forma similar a otras representaciones pictóricas en las que aparecen este tipo de embarcaciones.
Tanto la proa como la popa, se encuentran muy elevadas sobre la superficie del mar, y la popa es mucho más curvada que en las galeras de combate.
Según nos han transmitido los escritores griegos, los bajeles fenicios eran, principalmente, de dos clases: mercantes y galeras de combate. Los mercantes eran anchos, redondeados, muy similares (o eso pensamos) a las embarcaciones de pesca de los países nórdicos de hace un siglo. Eran impulsados por remos y velas en algunos casos. En ambas tipologías de embarcación y que dispusieran de vela, únicamente contaban con un mástil, que llevaba aparejada una sola vela, de tipo cuadrata, que es ideal para la navegación de través o de empopada. Esta vela, se manejaba mediante unas cuerdas amarradas en las esquinas de la misma, de forma completamente manual y sin ayuda de fijaciones como los actuales winches, lo que obviamente representaba un punto negativo en según que condiciones.
Los mercantes disponían, de forma común, de botes auxiliares, que iban amarrados a popa, lo que suponía un pequeño alivio en el caso de que el buque zozobrase o se fuese a pique. Además, era muy útil en el caso de que se necesitara transportar mercancía a tierra.
Los buques de guerra fenicios eran en los inicios de su expansión colonial, del tipo que los griegos denominaban como triaconteras y penteconteras. Eran básicamente, grandes naves de remos (carecían de velas) y los remeros se disponían en filas, unas sobre otras, contando cada fila con entre 15 y 25 remeros (por banda). Cada galera iba armada con un espolón en proa, a modo de arma ofensiva, con la que golpear el costado de la desafortunada víctima, para llevarla a pique. Con el tiempo, este tipo de buques de guerra fue modificado en su diseño y se desarrollaron los birremes, que disponían de diferentes cubiertas e iban aparejados, con mástiles y velas, además de disponer de la ayuda adicional para la navegación de remeros. Se les denominaba birremes porque cada costado disponía de dos filas (bancos) de remos (y remeros) dispuestos de forma similar a la que hemos visto en las triaconteras y penteconteras.
Los birremes fueron mejorados, dando lugar a los trirremes, que disponían de tres bancos de remeros. Se cree que esta mejora naval, se desarrolló en Corintio, si bien fue ampliamente utilizada y popularizada por los fenicios a partir del S.VI a.C. Los herederos de los fenicios, los cartagineses, emplearon durante el S.IV a.C. los quatrirremes e incluso quinquirremes, pero no existe constancia de que los fenicios llegaran a emplear semejantes naves.
A fin de proteger sus naves, los fenicios se encomendaban a los cabeiri, dioses de los que tenían imágenes a bordo o, más frecuentemente, pintadas en los costados de proa de los buques. Solían ser representaciones miniaturizadas de duendes, figuras votivas, dioses, amuletos… que se suponía, velaban por la seguridad del buque y de sus tripulantes. Se cree que esta costumbre se heredó de las imágenes denominadas Phthah en Egipto. En el lenguaje propio de los fenicios fueron denominadas Pittuchim, mientras que en la Grecia Clásica se conocían como Pataikoi.
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Uno de los legados más importantes que nos dejaron los fenicios, fue el alfabeto, que aquí reproducimos. |
El declive fenicio.
En el año 538 a.C. Ciro el Grande añade a sus conquistas el territorio que engloba Fenicia. Ésta es dividida en cuatro estados vasallos por los persas: Sidón, Tiro, Arward y Biblos, que properaron suministrando prácticamente la totalidad de la flota a los reyes de Persia. Sin embargo, hasta ahí llegó la influencia fenicia. Con el cambio de aires en la metrópoli, mucha gente emigró a Cartago y otras colonias, dejando a Fenicia cada vez más a merced de los persas. Una rebelión que tuvo lugar entre el 350 o 345 a.C. e Sidón, liderada por Tennes, fue completamente aplastada por Artajerjes III, que arrasó la ciudad.
El dominio persa se ve sacudido con la llegada de Alejandro Magno, que en el año 332 a.C. conquista Tiro. Alejandro fue excepcionalmente cruel con Tiro y su población, ejecuntando a 2.000 prominentes ciudadanos pero manteniendo al rey en su puesto, a fin de que todos supieran de quienes eran vasallos. Este principio de colonización helénica, poco a poco fue desplazando los remanentes de aquella cultura que un día dominara el Mediterráneo, si bien su herencia, la potente Cartago, no sucumbiría hasta el 149 a.C., cuando fue derrotada en las Guerra Púnicas.
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