| Inglaterra contra España: el Protestantismo en contra de la Fe. |
Considerado uno de los mayores desastres navales de la Historia, el fracaso de la Grande y Felicísima Armada, popularmente conocidad como la Armada Invencible, en su intento de arribar a las costas de Gran Bretaña, supuso un serio revés a las intenciones de control del rey español Felipe II de subyugar la política exterior de los británicos, si bien este monumental traspiés no supuso traba alguna a la superioridad naval de los españoles, que hasta finalizar el S.XVII no se verían desbancados de ese liderazgo en los mares.
Las razones que llevaron a la decisión de enviar una poderosa armada y 30.000 infantes que debían invadir Gran Bretaña, son complejas y se remontan a disputas y diferencias entre las potencias europeas del S.XVI.
La forja del Imperio.
Con la llegada a la corona de España del nieto de los Reyes Católicos, Carlos I (1.500 – 1.558), se concetraban en un único monarca las dispares herencias territoriales de cuatro dinastías : por una parte, los territorios centroeuropeos de Austria así como los derechos al Imperio, legado de su abuelo Maximiliano I (1.459 – 1.519); de su abuela María de Borgoña, esposa de Maximiliano I, los Países Bajos; de Fernando el Católico los reinos de la Corona de Aragón, así como Sicilia y Nápoles; y de su abuela Isabel I, la Corona de Castilla, las Islas Canarias y el Nuevo Mundo.
Tal amplitud en la herencia territorial, provocó la inmediata reacción de Francisco I de Francia, que arranca con el deseo frustado de Francisco I de proclamarse Emperador del Sacro Imperio Germánico (al que optaba hasta que se interpuso Carlos I), las pretensiones francesas de apoderarse de Italia, así como una cierta sensación de “claustrofobia” al encontrarse el reino galo cercado por los territorios del nuevo rey de España. A estas consideraciones, se deberían añadir que Francisco I ambicionaba Navarra, el Rosellón, mientras que Carlos I deseaba la Borgoña, antiguo feudo de su abuela María y arrebatada por Francisco I, y el Ducado de Milán, que había ocupado Francisco I en 1.515. Podemos intuir pues, que existía una rivalidad y enemistad que no podía desembocar más que en una serie de conflagraciones.
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Detalle de un tapiz de la Batalla de Pavía, por Barnaert van Orley. La derrota francesa marcó un punto de inflexión en las relaciones franco-españolas. |
La primera de ellas fue por Navarra, donde el rey titular, Enrique II, que buscaba la restitución completa del Reino de Navarra, decidió enfrentarse a Carlos I con el apoyo de su cuñado Francisco I. El resultado fue la Batalla de Noáin (1.521), en la que la mezcolanza de tropas navarro-gasconas fue derrotada por las tropas castellanas y Navarra anexionada a España.
Toda esta maraña de deseos anexionistas y enemistades, desembocó en la Batalla de Pavía (1.525) donde se vieron las caras las tropas francesas y españolas, venciendo de forma aplastante estos últimos. La derrota francesa tuvo como consecuencia la captura del rey Francisco I, que renunció por el Tratado de Madrid al Milanesado, Nápoles, Flandes, Artois y Borgoña.
Sin embargo, la paz con Francia no iba a ser duradera.
Se renuevan las hostilidades. Inglaterra entra en liza.
Con la llegada al trono de Francia de Enrique II en 1.547, se renovó el conflicto armado franco-español. Felipe II había ascendido al trono de España tras el fallecimiento de su padre y aplastó de nuevo a los franceses, esta vez en la Batalla de San Quintín (1.557) y en la Batalla de Gravelinas el año siguiente (1.558). No le quedó más remedio al rey francés que firmar la Paz de Cateau – Cambrésis (1.559), falleciendo el monarca galo poco después debido a una herida de astilla de lanza durante un torneo.
Se puede considerar, sin ser excesivamente pretenciosos, que los treinta años siguientes, en los que Francia quedó sumida en una sangrienta guerra civil denominada Guerra de Religión y que impidió que pudiera ser rival para España en su lucha por alzarse con la hegemonía en Europa, no hubieran sido iguales e incluso podrían no haber existido de no haber fallecido el monarca. Y es que, al igual que su padre, creía que la doctrina protestante era nefasta para mantener su autoridad y la reprimió con extrema dureza.
Pero es interesante remarcar que esta guerra de corte completamente religioso, fue el inicio del enfrentamiento entre españoles e ingleses: los unos, defensores del catolicismo a ultranza; los otros, partidarios de las reformas de los protestantes calvinistas o hugonotes, como se les conocía en Francia. Y cada uno por su lado dando apoyo a sus respectivos bandos “favoritos”.
Ello influyó de forma determinante en el éxito de la rebelión de las Provincias Unidas (o República de los Siete Países Bajos Unidos) contra el dominio español, por supuesto con el beneplácito y apoyo de los ingleses; corría el año 1.586 y la reina Isabel I de Inglaterra decidió apoyar abiertamente la causa protestante en Francia y en los Países Bajos.
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Isabel I (1.533 - 1.603) decidió intervenir directamente contra España a fin de frenar su hegemonía en el ámbito internacional. |
La intervención inglesa y su relación con España.
Cuando ascendió al trono de Inglaterra, el 15 de enero de 1.559, Isabel I estaba abocada a afrontar una compleja situación política. Por una parte, su hermanastra, María Tudor (María I de Inglaterra), le había dejado por herencia al fallecer, una guerra contra Francia, ya que estaba casada con Felipe II y, por tanto, apoyaba la política de su esposo respecto de la religión. Por otro lado, la reina de Escocia, María Estuardo, estaba casada con Francisco II de Francia, un títere en manos de la reina escocesa, que practicaba una política represiva contra los protestantes. Además, María Estuardo reclamaba el trono de Inglaterra, ya que era nieta de Margarita Tudor (hermana de Enrique VIII, el padre de Isabel I) y a fin de presionar a Isabel I, permitía el acantonamiento de tropas francesas en bases escocesas.
Ante tal panorama, Felipe II e Isabel I se vieron obligados a unir sus fuerzas a fin de defender sus propios intereses, aún a pesar de sus diferencias religiosas. De ese modo, Felipe le propuso matrimonio a Isabel en 1.559. Ella le rechazó pero según las malas lenguas, eran amantes en secreto…
La primera de las medidas que adoptaron en beneficio mutuo, partió de Felipe II, quien sumó al Tratado de Paz de Cateau – Cambrésis a la reina y en el que esta renunció formalmente a la última plaza de soberanía inglesa en Francia: Calais. A cambio, Francia se comprometió a retirar su apoyo a las pretensiones de María Estuardo al trono de Inglaterra.
Por su lado, Isabel apoyó la revolución del líder protestante escocés John Knox, quien tenía como fin eliminar el catolicismo de Escocia. Para ello, envió un ejército a sitiar Leith, uno de los acantonamientos con mayor número de franceses, además de ordenar a su armada el bloqueo de Firth of Forth, donde se esperaba que los franceses enviaran refuerzos para auxiliar a los cercados. Triunfó la causa rebelde, y mediante el Tratado de Edimburgo se puso fin a la influencia francesa en Escocia, si bien Maria Estuardo nunca ratificó el tratado.
Este fue, quizás, el momento de más estrecha colaboración entre Inglaterra y España. Desde entonces, no hubo elementos comunes para continuar ligados en pos de una causa beneficiosa para ambos reinos.
Tras la firma de la Paz de Cateau – Cambrésis, Felipe II pidió en matrimonio a Isabel de Valois, hija de Enrique II, rey de Francia. El enlace tuvo lugar el 22 de junio de 1.559 en la Catedral de Nôtre Dame, si bien el novio no acudió y en su lugar lo hizo Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, conocido como El Duque de Alba. No fue hasta el 6 de enero de 1.560 que llegó el séquito de Isabel a Roncesvalles, dirigiéndose a Guadalajara donde la esperaba Felipe II.
Este enlace marcaba el inicio de un cambio radical en la orientación de la política exterior española, ya que durante el reinado de los sucesivos monarcas Valois, las relaciones hispano-francesas fueron generalmente aceptables. Sin embargo, las relaciones con la corona inglesa iban de mal en peor.
- García de Cortázar, Fernando, Atlas de Historia de España, Ed. Planeta (Historia y Sociedad), 2.005.
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