Actualmente podemos conocer perfectamente las técnicas de construcción naval de los vikingos gracias a los barcos fúnebres hallados en los enterramientos de diferentes reyes y reconocidos personajes de la sociedad vikinga, de los que cabe mencionar los correspondientes al enterramiento de Oseber o al de Sutton Hoo.
Los drakkars eran extraordinariamente estrechos en relación a su longitud. De los hallados, el que tiene mayor relación longitud – anchura tiene una proporción de 11,4 metros a 1. Por el contrario, las embarcaciones vikingas dedidas al comercio, denominadas knarrs, tenían un mayor calado y eran más anchos, a fin de acomodar la carga. El bajo peso de los drakkars y su diseño, permitía que, cuando se empezaron a utilizar las velas, hechas de lana reforzada con cuero, los drakkars alcanzaran los 14 nudos, velocidad realmente significativa.
Existían diferentes tipos de drakkar, en función del tamaño, detalles constructivos y prestigio o categoría. Por un lado tenemos el snekke o snekkja, que era el drakkar de menor tamaño. Tenía unos 17 metros de eslora, una manga de 2,5 metros y un calado de medio metro únicamente. La tripulación se estima que era de 25 hombres. La facilidad en su construcción, debido a lo reducido de sus dimensiones, hicieron que fuese el más popular y frecuente entre los vikingos. Según diferentes crónicas, en el año 1028 Canuto el Grande empleó 1400 de estas embarcaciones en Noruega y Guillermo el Conquistador empleó alrededor de 600 para invadir Inglaterra en el 1066.
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Restos del buque tal y como se halló en Slagen, Vestfold (Noruega) en 1904, en el denominado enterramiento de Oseberg. |
Los snekkes noruegos, concebidos para su empleo en los profundos fiordos y adversas condiciones atmosféricas del Atlántico Norte tenían mayor calado que los snekkes daneses, ideados para su uso en costas poco profundas y playas.
Por otro lado, existían barcos dragón, que eran tan grandes como sus quillas les permitían. Sus dimensiones eran variadas y no eran muy frecuentes. De los hallados, destaca uno de 30 metros de eslora, 3,9 metros de manga y 0,9 metros de puntal. La tripulación debía rondar entre los 61 y los 121 hombres y desde luego no se pueden considerar más que como buques para reyes y para usos muy determinados, de tipo ceremonial o testimonial.
Una sociedad violenta. Los berseker.
Un indicador de la naturaleza violenta de la sociedad vikinga es el hecho de que todas las tumbas de guerreros halladas, incluyen armas. Un guerrero bien equipado llevaba una espada, un escudo de madera con un tachón de hierro a modo de refuerzo en el centro del mismo, a fin de proteger la mano que lo sostenía, un hacha y un arco junto con un carcaj de 24 flechas. Sin embargo, no eran habituales los cascos y cotas de malla, tal y como las películas suelen mostrarnos y mucho menos los cascos con cuernos (nunca se ha hallado uno), una invención actual asociada a estos guerreros.
Debido a una serie de excepcionales condiciones, entre las que se encuentra la tierra en la que se enterraron y la turba que la envolvía, muchos restos arqueológicos de la época han llegado prácticamente intactos hasta nuestros días. Los tesoros de las tumbas de Oseberg, Tune y Gokstad (todos ellos en exposición en el Museo de embarcaciones vikingas de Bygdøy en Oslo) pertenecen a personajes de los que nada sabemos, pero podemos presuponer que corresponden, debido a la riqueza de los materiales hallados, a familias reales o a estratos superiores de la sociedad vikinga. La datación de estos enterramientos se ha podido determinar gracias al análisis de los anillos de crecimiento anual de los robles empleados en la construcción de las embarcaciones halladas. Por ejemplo, la que apareció en el enterramiento de Oseberg data de entre el 815 y el 820 d.C. y se ha determinado con exactitud que el enterramiento tuvo lugar en el 834 d.C.
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Desde luego, una carga de los enloquecidos guerreros berseker, no debía ser una imagen nada agradable... |
Un viajero árabe llamado Ibn Fadlan que estaba recorriendo Rusia a mediados del siglo IX, se encontró con un grupo de vikingos que estaban en el proceso de enterrar a su jefe tribal según su forma tradicional. La descripción de todo el ritual, la redactó con todo detalle en sus notas de viaje:
“El jefe fallecido, fue ubicado en su propio drakkar, y se fueron añadiendo todos los objetos de valor de que gozaba en vida. Su cuerpo fue vestido con los más finos ropajes y acomodado en una cama. Una esclava, que había decidido seguirlo en la muerte, fue sacrificada, junto con su caballo y su perro de caza. Todo el barco, junto con su contenido, fue quemado y una vez que las llamas se extinguieron, se fue apilando tierra sobre las cenizas para formar un túmulo funerario”.
En el barco de Oseberg no se halló ningún resto de armas, seguramente porque el enterramiento correspondía al de una mujer, si bien todos los demás elementos comunes a un enterramiento de estas características, demuestran que era una digna administradora y esposa de un rico hacendado. Debemos tener en cuenta que las mujeres eran las encargadas de mantener el hogar cuando sus maridos se encontraban de expedición, algo muy frecuente, y que en las civilizaciones nórdicas la mujer tenía un status idéntico al del hombre.
Entre los objetos hallados se encontraban utensilios de cocina, herramientas para la producción textil, un par de ajedreces, pequeñas cajas para guardar joyas y varios caballos sacrificados. Llama mucho la atención también el hecho de que la mayoría de artículos de madera hallados, están ricamente tallados, lo que podría indicarnos que en la granja de la que era administradora la dama a la que se dedicó la tumba estaban empleados o bien habilidosos empleados o verdaderos artistas en la talla de madera. Y es que, a pesar de su fama de salvajes, los vikingos eran verdaderos artistas en otras facetas de la vida común.
Quizá esa fama de salvajes sea merecida, en parte, por los que se conocieron como berseker, cuya raíz etimológica es ber/bear, oso y serk, furioso. Estos berserker eran guerreros vikingos que solían combatir medio desnudos por varios motivos: impresionar a sus adversarios con sus atributos, demostrar su total ausencia de miedo a la muerte, puesto que no les protegía ninguna coraza y quizás el motivo más práctico: evitar que se les infectasen las heridas inflingidas en combate al entrar en contacto con pedazos de prendas de vestir que, normalmente y debido a la profundidad de las heridas, permanecían en el cuerpo del guerrero una vez cicatrizadas.
Pero lo realmente espeluznante de estos berseker era el estado de agresividad en que entraban en combate: les poseía un trance, conocido como bersek, que les hacía insensibles al dolor, al miedo y a cualquier otra sensación humana, como la compasión. Se llegaban a dar casos en que sus propios compañeros morían a manos de estos berseker, que no distinguían entre amigos o enemigos una vez lanzados a la batalla e incluso al revés: que sus compañeros les eliminaran para que dejaran de asesinar a todo lo que se les ponía por delante.
Se cree que el motivo de este trance asesino, se debía a la ingesta de hongos alucinógenos, en concreto el beleño, planta de la familia de las solanaceas, que se consumía con la cerveza. Esta droga provoca una sensación de ligereza, odio asesino y estados de ánimo contradictorios, como la furia y unas exhultantes carcajadas de alegría.
- Terence Wise, Saxon, Viking and Norman, Ed. Osprey Military, Men at Arms series, 1999.
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