Definición y etimología.
En su forma actual, proviene del turco “Meltem”, que puede traducirse como viento de mal carácter, mal templado. En la Grecia Clásica, este mismo viento era conocido como “Etesioi anemoi”, es decir, vientos Etesios, de Etos = Año, o sea, en plural vientos anuales, de cada año, de periodicidad anual, en clara referencia, pues, a su estacionalidad.
¿Cómo se manifiesta?
En efecto, durante los meses estivales reina en el Mediterráneo Oriental una situación isobárica particular, con aspecto de foto fija, por decirlo de algún modo, como consecuencia del establecimiento de una Baja presión estacionaria en el subcontinente Asiático, situada entre Oriente Medio y Pakistán, aproximadamente en la zona del Golfo Pérsico (es la misma Depresión que da lugar a los Monzones de verano en el Índico) mientras que por el lado Occidental se asoma el Anticiclón de las Azores, que durante este periodo extiende su influencia sobre el Mediterráneo. Aunque la entrada del famoso A atlántico no sea una figura estable, no es constante, de hecho hay largos periodos de pantano barométrico, la presencia fija de la depresión en Pakistán asegura el flujo, la corriente de Norte.
 |
El Meltemi arranca en Monemvasia |
De este modo el Mar Egeo queda pillado como un sándwich entre los dos grandes centros de acción, de signo distinto, provocando el establecimiento de una corriente regular desde las regiones polares hacia el Mediterráneo. La masa de aire polar continental, acantonada en el extremo N de Eurasia, es aspirada en dirección al Mediterráneo Centro Oriental. Este aire frío, al atravesar las tierras recalentadas del continente, se vuelve cálido y seco y al contactar con una superficie marítima más fría, se produce una inversión de temperatura dando como resultado la consolidación de un tiempo estable y bueno. Estabilidad certificada por cielos despejados y vientos regulares, en dirección, y duraderos.
Hasta aquí el cuadro parece idílico y desde luego raro en el Mediterráneo, ya que éste (o éstos si hablamos en griego, Etesios), es el único viento previsible y estable en este Mar complejo. Es decir que nos garantiza durante un periodo determinado, normalmente Julio y Agosto, su dominio en una región concreta, con la única alternancia de ligeros periodos de calma. Y esto bajo un cielo sin nubes, de un azul como sólo en Grecia parece existir, transparencia, luz, cromatismo. Resumiendo y en el lado positivo, buen tiempo estable, cielos despejados y viento constante en dirección y previsible, cada año acude a la cita en la misma estación. Era el viento que en la Antigüedad Clásica favorecía la navegación, el comercio, al facilitar la navegación a vela, permitiendo o ayudando a la creación de rutas comerciales entre las diferentes Polis, ciudades estado griegas, y entre éstas y sus vecinos de Egipto y Asia Menor.
Más tarde y hasta hace pocas décadas la llegada del Meltemi, los Etesios, abría la temporada de la pesca de la esponja y cientos de embarcaciones abandonaban las islas, las Cícladas, el Dodecaneso, para tras una azarosa travesía del mar de Levante o del Jónico desembarcar en las costas de Libia, en el norte de África en busca de las mejores pesqueras. Para nosotros, para la navegación deportiva, el Meltemi tiene otra lectura y ésta derivada de su intensidad, fuerza con la que sopla. Al definir el viento he mencionado que “sopla con ímpetu”, creo que es lo menos que se puede decir, pero tampoco se trata de alarmar al personal, vamos a tratar de explicar el porqué de su “mal carácter”.
El Meltemi afecta a todo el Egeo, si bien su violencia es gradual, va de menos a más, es decir sopla con menos fuerza arriba que abajo, se va acelerando con el recorrido y alcanza su paroxismo en las Cícladas Meridionales y Creta. Sopla con la misma intensidad durante el día que durante la noche a pesar del “rumor” existente de que calma al anochecer. Es cierto que en las Cícladas centrales, en ocasiones, parece perder fuerza, agotarse, tras la puesta de sol, pero en ningún caso recomendaríamos la navegación nocturna: mar fuerte y confusa, persistencia de corriente en los estrechos, y escasísimos faros, no constituyen precisamente estímulos, motivaciones, para pasar la noche en vela.
Texto: Juan Rigo
Extracto de "Mediterráneo, Cuaderno de Vientos", por cortesía de Nauticafácil
|