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Historia de la piratería
 
Capítulos de este reportaje
- La vida de un Rey
- La lucha por el trono y el Islam como resorte para alcanzar la gloria
- La expansión mediterránea del Reino de Aragón: Baleares y Valencia
- Conflictos internos y relaciones externas. El ocaso de un Rey
- La conquista de Mallorca. Desembarco, primeras batallas y asedio
- La conquista de Mallorca. La toma del resto de la isla
- La Mallorca musulmana y la visión de los vencidos
- La Mallorca musulmana y la visión de los vencidos (II)
- La meteorología marítima durante la expedición de conquista (II)
- La conquista de Mallorca. Toma de la ciudad -

En vísperas del que fue ataque definitivo del 31 de diciembre, el rey no durmió durante tres días, ya que se tuvo que hacer cargo personalmente de toda la maquinaria militar de la que era máximo mandatario, ya que los nobles se desentendían y más bien parecía que estaban a verlas venir. Tuvo incluso que inspeccionar personalmente las guardias nocturnas, ya que eran abandonadas en medio de una desidia general.

Sólo la hueste a sus órdenes directas, seguía trabajando en las cavas o minas subterráneas abiertas para socavar los cimientos de los lienzos de murallas, en tanto los nobles apenas salían de sus tiendas y barracas por el frío extremo que hacía. El joven rey, era la única persona con mando de tropas que mantenía serenidad y coraje en contraste con la desafección y desánimo de los nobles, deprimidos por la fortaleza de las murallas y por un temporal de lluvias que duró semanas y convirtió el campo en un barrizal. Tanto es así que Jaime I desestimó una ocasión de ataque nocturno por estar seguro que caballeros y peones rehuirían la lucha, como ya lo hacían a plena luz del día.

Mapa de la ciudad antes de la toma por las tropas cristianas (pulsar para ampliar).
Mapa de la ciudad antes de la toma por las tropas cristianas (pulsar para ampliar).

Y así, llegamos al 31 de diciembre. Tras la misa, todos los miembros de la hueste cristiana, se abrazaron envueltos en lágrimas y sollozando perdón a sus camaradas y a Dios, pues estaban convencidos que iban al matadero. Tal era el ánimo de victoria que imbuía sus espíritus. Una vez iniciada la carga, una brecha abierta en la muralla permitió vislumbrar un lugar por el que acabar con todo aquello de forma más o menos rápida. El primero en dirigirse al lugar fue el propio rey, quien sin embargo y estando ya ante la brecha, debió repetir tres veces la orden de avanzar, ya que nadie, absolutamente nadie, le seguía. Desde luego, es para imaginar la dantesca imagen de soledad del rey en aquellos momentos.

Por alguna razón desconocida, sólo los peones iniciaron la marcha al grito de Sancta Maria!, si bien en formación digamos que de tipo compacto o melé, protegiéndose unos a otros con los escudos y sin desenvainar espadas o hachas por temor a que los musulmanes les cortaran los brazos. Aún así, el gesto les honra más que a los nobles, que preferían ver los toros desde la barrera y dejar para otro momento los juramentos.

Fue la valentía de cuatro caballeros, Joan Martínez de Eslava, Berenguer de Gurb, el franco Suirot y Ferràn Peris de Pina, junto con la ayuda de San Jorge, que se apareció en aquel momento, una señal providencial, puesto que en ese instante los sarracenos emprendieron la huida. Hay que decir que la figura de San Jorge no fue vista por cristianos, sino por musulmanes y luego éstos, ya prisioneros, lo contaron a los asaltantes. La visión fue la de “un caballero sobre un caballo blanco, cubierto de armas blancas y de blanquísimas vestiduras”. San Jorge era, a la sazón, patrón de la caballería catalano aragonesa.

Los parientes de Ramón y Guillem de Montcada no entraron los primeros en la ciudad, ni ninguno de los otros nobles, pese a los solemnes juramentos de venganza. En esos momentos cruciales, de nuevo las leyes de la caballería, el honor y el ardor guerrero fueron dejados de lado: más de 30.000 musulmanes huyeron por la Porta de Porto Pí, en tanto peones y nobles se dedicaban al saqueo y asesinato antes de concluir la operación militar con el bloqueo de la ciudad.

Y la escabechina que siguió a la toma de la ciudad se elevó, según diversas fuentes, a 20.000 muertos más, la mayoría de ellos civiles que fueron pasados a cuchillo. Según las crónicas, aquellos que tenían algo que dar a cambio de su vida, lo ofrecían, si bien solían acabar degollados. Los líderes musulmanes rogaron al rey la protección frente aquella jauría asesina a fin de rendirle la fortaleza. En señal de buena voluntad, le ofrecieron como rehén al hijo menor de Abu Yahya.

Patio interior de la Almudaina. La toma del baluarte árabe y la ciudad, fue una verdadera masacre.
Patio interior de la Almudaina. La toma del baluarte árabe y la ciudad, fue una verdadera masacre.

Éste, fue capturado poco después en un corral por caballeros de la ciudad de Tortosa, quienes se lo ofrecieron al rey a cambio de 2.000 libras barcelonesas. Jaime I pagó mil y se quedó con el valí, amparándolo bajo su protección personal para que no fuera despedazado en aquel instante. Sin embargo, poco después fue torturado durante 40 días hasta que murió. El infeliz de su hijo, corrió una suerte similar y fue decapitado. El saqueo al que se entregaron las tropas cristianas duró ocho días más y se involucraron tanto los cristianos, que hasta los servidores domésticos del rey le abandonaron para dar rienda suelta a sus más bajos instintos. Como afirmó el rey en sus memorias, “Ningú no volía tornar a nós”. De hecho, para comer y dormir durante aquellos días, dependió por completo de las invitaciones de otros caballeros.

Como el espíritu cristiano de la época era muy altruista, y los representantes terrenales de Dios muy poco dados a los placeres y beneficios que esa vida mundana pudieran ofrecerles, el obispo de Barcelona, y los caballeros Nuno Sanç y Bernat de Sancta Eugénia, impusieron que el reparto de los bienes capturados en la Medina, se hiciera mediante subasta, a fin de que los más ricos pudieran hacerse con la mayor parte del botín, en detrimento de los que habían dado la cara por ellos en todo momento. Un gesto, que desde luego les honra…

Jaime I propuso, por el contrario, que el reparto se hiciera mediante un sorteo por dos motivos: el primero para que se beneficiaran los peones, que lucharon como verdaderos soldados, ya que de lo contrario “no será subasta, sino engaño”. Con esto quedaba claro que tenía en cuenta quien había hecho qué y por supuesto que no estaba de acuerdo con la jugada barriobajera de los nobles. Por supuesto, esta el añadido, más importante, de perseguir a los huidos cuanto antes y finalizar la conquista de Mallorca. Pero pasaron lo meses, y se siguió discutiendo sobre qué hacer con el botín apresado.

Tanto tiempo sin nada que hacer, iba a desembocar en el acciones como el saqueo de la casa de Gil d´Alagó, un cristiano convertido al Islam, por parte de los peones, barones y jinetes que reclamaban al rey el haberse quedado sin su parte del botín y la lamentable situación que estaban viviendo, donde las penurias como el hambre eran cotidianas. Sólo dos días después, la casa del preboste de Tarragona, uno de los promotores de la expedición, era asaltada también, perdiendo el hombre todo excepto dos cabalgaduras. Estaba claro que había un motín generalizado y en vistas de lo que pudiera pasar, Jaime I confió el botín del saqueo a los caballeros templarios, no sin prometer a todos aquellos infelices, descontentos con lo sucedido, lo que le correspondía.

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