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Los honderos baleares
La Copa América
Ibiza, la ciudad amurallada
Historia de la piratería
 
Capítulos de este reportaje
- La vida de un Rey
- La lucha por el trono y el Islam como resorte para alcanzar la gloria
- La expansión mediterránea del Reino de Aragón: Baleares y Valencia
- Conflictos internos y relaciones externas. El ocaso de un Rey
- La conquista de Mallorca. Desembarco, primeras batallas y asedio
- La conquista de Mallorca. Toma de la ciudad
- La conquista de Mallorca. La toma del resto de la isla
- La Mallorca musulmana y la visión de los vencidos (II)
- La meteorología marítima durante la expedición de conquista (II)
- La Mallorca musulmana y la visión de los vencidos -

La derrota musulmana en Mallorca, repercutió de forma muy significativa entre los sarracenos tal y como se recoge en diversas fuentes. Varios historiadores musulmanes norteafricanos detallan en sus anales y crónicas de la época, el terrible golpe psicológico que supuso para su sociedad que el “Tirano de Barcelona” se apoderara de Medina Mayurqa.
Al Himayri narra que el rey de los cristianos “infligió a los mallorquines tales luchas, pruebas y asedios como nunca antes habían soportado. Se apoderó de la isla por la fuerza. Se apoderó de su valí, Ibn Abu Yahya y lo torturó de la manera más cruel hasta la muerte.” Obviamente, la Historia la escriben los vencedores (casi siempre) y la visión musulmana de la campaña difiere mucho de lo que narraron los cristianos. Sin embargo, existen hechos acontecidos que se narran de forma casi idéntica entre los historiadores de cada bando pero con matices en la interpretación de los mismos.

Los musulmanes dejaron una importante impronta en la ciudad de Palma. En la foto, los Baños Árabes.
Los musulmanes dejaron una importante impronta en la ciudad de Palma. En la foto, los Baños Árabes.

Para los musulmanes, lo que sucedió en el año 1229 no deja de ser más que “una cruel acción de unos bárbaros sedientos de sangre que no conocen más señor que el dinero o los bienes terrenales”. Ante sus acciones violentas, los musulmanes, sean almorávides, almohades, andalusíes, beréberes (lo que implica a su vez diferentes concepciones de la fe islámica) o incluso renegados que han apostatado del cristianismo, se presentan ante el lector como las civilizadas víctimas que no practican la guerra de agresión, y que entienden que siempre se puede llegar a un arreglo económico para salvar la propia vida.

La Mallorca islámica de la época, estaba constituida por una población variopinta que se alejaba del estereotipo del moro aceitunado con turbante tirando a mameluco, Las representaciones pictóricas de la época, corroboran que Mallorca acogía a personas de procedencia diversa sin poner demasiadas trabas. El mismo comerciante y marino cristiano que sugirió la conquista catalana, Pere Martell, había visitado la Isla varias veces; los catalanes encontraron tras la toma de la ciudad al renegado Gil d'Alagó (islamizado con el nombre de Mahomet y del que anteriormente hemos mencionado, asaltaron su casa dejándole con un par de monturas), así como a comerciantes pisanos, genoveses y provenzales que vivían entre el mahometanismo sin demasiadas molestias.

La Medina era maravillosa y ya el primer valí, el yemení Isam al Hawlani, se distinguió por construir mezquitas, posadas y baños, lo que equivale a establecer una civilización refinada, con preocupaciones espirituales, que disponía de lugares de encuentro social y comodidades atractivas. La Medina constaba de tres recintos amurallados y se registraban entre 32 y 48 mezquitas en toda la Isla, la mayor de ellas en el emplazamiento que hoy ocupa la Catedral. Mallorca producía cultivos de secano y regadío, leña, mulas (estos dos últimos productos equivalentes a combustible, materia prima y transporte, muy tenidos en cuenta en la intendencia militar medieval), aceite y sal en abundancia en las salinas de Ibiza y Mallorca.

Pero la prosperidad y la tolerancia religiosa y étnica no traían aparejada la calma y paz social. De hecho, cuando la escuadra de centenar y medio de naves cristianas desembarcó en Santa Ponça en septiembre de 1229, Yahya estaba a punto de ejecutar a 50 prohombres de la ciudad implicados en una conjura contra su persona.

Estas disensiones en la sociedad mallorquina islámica se originaban tanto en la propia personalidad de Abú Yahya como en las tensiones entre almorávides y almohades. Los últimos, más ‘puritanos’ (salvando las distancias, ya que este calificativo es cristiano y no musulmán) que los primeros, se apoderaron de Mallorca en 1203 por orden directa del califa almohade Muhammad ben Yaqub ben Yusuf, llamado Al Nasir.

Años antes de la llegada de los almohades, ciertos magnates almorávides habían ofrecido la sumisión a Yaqub, pero a la iniciativa se opuso la familia más prestigiosa de los almorávides mallorquines, la Banu Ganiya, que gobernaba de forma independiente desde la razzia pisana. La muerte del califa/emir Yaqub en la batalla de Arcos fue aprovechada por Alí ben Ganiya, ‘al Mayurkí’ en las crónicas, para abrir un frente bélico anti-almohade en Ifriquiya (Túnez). Pero durante su ausencia, circunstancias demasiado extensas para narrar ahora, determinaron la adscripción de los mallorquines a la causa almohade. Baste decir que Alí comisionó a su hermano Abd Allah para que regresara y recuperara la Isla.

Logrado esto, Abd Allah se enfrentó a las tropas almohades que desembarcaron en varias ocasiones mientras su hermano Alí seguía combatiendo a los almohades en Túnez, hasta que el emir Al Nasir consiguió combinar sus fuerzas con las de otros mallorquines afectos a su causa. Estando sitiada la Medina, Abd Allah acudió ebrio a repeler el ataque a una de las puertas; se cayó del caballo y un kurdo llamado Omar le arrebató su propia espada con la que le cortó la cabeza. El cráneo se envió a Marruecos, centro político del movimeinto almohade, en tanto su cuerpo se colgó en un lienzo de la muralla de Medina Mayurqa.

De esta forma, los almorávides Ganiya pasaron de ser invasores de los almohades, a invadidos por éstos, de libertadores en proscritos y exiliados.

Esta larga -y enmarañada- digresión era necesaria para calibrar hasta qué punto era complicada la sociedad balear musulmana. Si bien una parte deseaba adscribirse a la dominación almohade, otra mantenía fuertes lazos con las familias almorávides que habían reconstruido la Medina tras ser arrasada e incendiada en la cruzada pisano-catalana de 1114-1116. En este clima, el walí Abú Yahya se sentía obligado a hacerse fuerte. Por circunstancias no aclaradas, Yahya gobernaba desde 1208 sin que hubiera sido rotado o cesado, lo que le confería cierta autonomía: en 1224 se le ordenó que se trasladara a Túnez para un destino militar, pero este encargo no fue cumplido.

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