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- Los primeros pobladores -

Si por algo es conocido el nombre de Ibiza es por sus increíbles playas y su inagotable fiesta veraniega. Pero detrás de esa imagen de la Ibiza discotequera y hippy, se encuentra una antiquísima historia que se esconde tras los muros de la ciudad que le dio nombre a la isla pitiusa, la historia de la ciudad púnico-fenicia de Iboshim, la más antigua de todas las Baleares.

Durante la segunda mitad del sVII aC, el pueblo fenicio (que vivía su mayor esplendor en Andalucía) empezó su expansión por las Baleares y por el Golfo de León en busca de estaño y otras materias primas.

Hasta hace muy pocos años se creyó que la isla estaba deshabitada cuando los fenicios desembarcaron en sus costas, aunque recientes descubrimientos arqueológicos han demostrado que existía una población autóctona, anterior a los asentamientos semíticos. Estos habitantes eran posiblemente de etnia ibera, establecida ya en 1600 aC, coincidiendo con la cultura megalítica, denominada talayótica en Baleares. Testimonios de aquel tiempo son los sepulcros de Can Sargent, las cerámicas descubiertas en la Cova des Cuieram y las pinturas rupestres de Sa Cova des Ví de Ses Fontanelles.

Portal de Ses Taules, entrada principal a Dalt Vila.

Los fenicios que llegaron a esta isla pitiusa pertenecían a un pueblo inquieto y muy individualista, que se organizó en ciudades independientes que jamás alcanzaron una unidad política ni jurídica. Su presencia en la isla se limitaba a efectos comerciales, por ello nunca se impusieron militarmente en ningún territorio. Cambiaban materias primas por productos manufacturados, pues eran unos magníficos artesanos, creadores de auténticas filigranas de bronce, metales preciosos, vidrios o barro. También fundaron fábricas del preciado garum, una pasta elaborada a base de cabezas y tripas de pescados (mayoritariamente atún y caballa) que constituía el alimento básico de sus tripulaciones.
Sin embargo, aquellas islas en la ruta de Tartessos pasarán a la historia con un nombre griego: Pitiusas (abundantes de pinos, pinosas). Es Estrabón quien da cuenta en sus escritos de la llegada a la isla de unos dorios de Rodas, tras la guerra de Troya. Quizás podamos atribuir a la figura de estos guerreros el origen de los honderos baleares.

A los comerciantes fenicios sucedieron las tropas púnicas de Cartago, que era una antigua colonia fenicia, que poco a poco iría alejándose de la metrópolis y se iría adueñando de las colonias fenicias, creando así un auténtico imperio mercantil, sometido bajo una férrea tutela militar, al contrario de lo que hicieron sus pacíficos predecesores. Es durante esta época cuando se produce la fundación de la ciudad de Iboshim, pues las Pitiusas eran una escala en la ruta del legendario reino de Tartessos (donde los púnicos se proveían de cobre y plata) y escala también en la ruta que lleva a las Kastérides (las islas británicas, productoras de estaño). Las bases cartaginesas en las islas del Mediterráneo occidental cerraban el mar a la competencia comercial griega y romana.

Así fue cuando en el año 654 aC fundaron la ciudad de Iboshim, que significa ciudad de Bes (antiguo dios fenicio), en una colina que divisaba desde su cima toda la bahía. Esta colina no es otra que la que dio origen a la antigua ciudad de Ibiza, hoy conocida como Dalt Vila. El núcleo urbano se componía de una acrópolis y una zona portuaria en la orilla de la bahía. Es en esta época cuando la ciudad se amuralló por primera vez para defenderse de los ataques griegos y romanos. Se calcula que en el S.V a.C. la ciudad tenía entre 4.000 y 5.000 habitantes, convirtiéndose en una de las ciudades más importantes de todo el Mediterráneo.

Por lo que respecta a la necrópolis, el recinto del Puig des Molins, debemos señalar que es una de las mayores de Occidente, pues ya se conocen entre 3.000 y 4.000 sepulturas, entre las que destacan las tumbas en hipogeo. Es la necrópolis púnica-fenicia mejor conservada del mundo, y ha sido considerada Patrimonio de la humanidad por la Unesco.

La administración púnica explotó todos los recursos naturales de esta Ibiza mágica, que se creía habitada por dioses de la fertilidad. Muy afamados según el testimonio de Plinio, eran los higos pitiusos, así como otros productos del campo (cebollas, grano, vino y aceitunas). También fueron de gran importancia las exportaciones de madera de pinos y sabinas, que servían para la construcción de naves y casas. Y no podemos olvidar la preciada sal, el regalo de los dioses que servía para la conservación de los alimentos.

Atardecer sobre el Puig des Molins desde Dalt Vila.


Para sus manufacturas textiles, los cartagineses elaboraron púrpura sirviéndose de las cañadillas (pequeños crustáceos), tan abundantes en las costas. Y especialistas como eran en el tratamiento de los metales, del plomo insular extrajeron minio (ese óxido rojizo, empleado como pintura para las cerámicas). Hasta los fangos ibicencos gozaban del favor de los orfebres púnicos, pues con ellos nimbaban sus cerámicas y ánforas, famosas terracotas (pequeñas figuras de barro cocido), que reflejaron la habitual iconografía de las divinidades cartaginesas (principalmente de los dioses Tanit y Bes) y de sus animales sagrados. Estas figurillas se fabricaron en serie, pues eran objetos que se ofrecían a los dioses en agradecimiento por los bienes recibidos.

Tantos beneficios y dones tenía la isla (sus materias primas, su clima sereno y su bello paisaje), que los dioses cartagineses crearon en la isla su Olimpo. Así, el dios Bes residía en la illa Plana, frente a Iboshim, donde numerosos próceres cartagineses se hicieron enterrar para descansar junto a la divinidad.

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Capítulos de este reportaje
- Época romana, musulmana y cristiana
- Del s.XVII hasta nuestros días
- Recorrido por Dalt Vila hoy
 
 
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