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- Época romana, musulmana y cristiana -

La época romana y la Ibiza musulmana
Cuando llegó el desmoronamiento del imperio cartaginés, con la Tercera Guerra Púnica, vencido por el Imperio Romano, no afectó el declive de la cultura púnica a las Pitiusas, pues éstas se aliaron con Roma, y en el S.II a.C. se convirtió en una ciudad confederada del imperio, y tomó el nombre de Ebusus.

Los romanos supieron explotar la isla al igual que sus predecesores, aunque al parecer dejaron que la cultura autóctona continuara desarrollándose, pues se han encontrado monedas acuñadas por la ceca de Ibiza, que poseen en una de sus caras la figura del dios Bes. En el tratado de alianza firmado por Ibiza y Formentera con Roma se especificaban una serie de cuestiones, como la exención del servicio militar por parte de los ibicencos y la autonomía fiscal con respecto a Roma. Estos privilegios se terminaron con la inclusión de Ebusus como municipio de Hispania en el año 70 d.C., bajo el reinado de César Vespasiano.

Últimas casas de Ibiza junto al dique de entrada al puerto.

Durante el siglo V dC y después de la caída del Imperio Romano, la ciudad entró en decadencia y fue conquistada por los vándalos, después por los bizantinos y a principios del S X d.C. pasó a formar parte del emirato de Córdoba con el nombre de Yebisah. La madina de Ibiza (la antigua Iboshim) fue pertrechada con tres recintos amurallados que debían protegerla de las incursiones cristianas. Como hicieron con otros lugares donde habían asentado su cultura y civilización, los musulmanes ibicencos explotaron la agricultura insular, creando una red de acequias (Ses Feixes) que convirteron en huerto los llanos de Yebisah.


La dominación cristiana
La Reconquista llegó también a las islas, atraídos los cristianos por el gran desarrollo económico insular. Así la corona catalano-aragonesa envió a Guillem de Montgrí, arzobispo de Tarragona, para conquistar Ibiza y Formentera el año 1235, junto con dos lugartenientes de Jaime I, Pedro de Portugal y Nuño Sans, conde del Rosellón. El pago por los servicios prestados a la corona sería la propiedad de tierras conquistadas.

La conquista de la medina se llevó a cabo el 8 de agosto de 1235, con cierta facilidad, pues las tropas cristianas eran superiores en número a las musulmanas. Acerca de la conquista de la ciudad, se conoce una leyenda que cuenta cómo el hermano del gobernador musulmán, despechado al serle arrebatada su mujer por su propio hermano, entrega la madina a los cristianos, conduciéndoles dentro del recinto amurallado a través de unos pasadizos secretos, que desembocaban en la actual capilla de Sant Ciriac, en Dalt Vila.

Los nuevos colonizadores aniquilaron prácticamente todo vestigio de la época musulmana, aportando su religión (aunque cabe la posibilidad de la existencia de núcleos cristianos tolerados por los musulmanes), su lengua (el catalán), sus costumbres y su derecho. Se dividieron la isla entre los vencedores e implantaron un sistema feudal que no benefició en nada a la isla.

En Dalt Vila, los cristianos edificaron sobre la mezquita musulmana la primera iglesia cristiana, Santa María la Mayor o Nuestra Señora de las Nieves, parroquia perteneciente a la diócesis de Tarragona y que se convertiría posteriormente en la Catedral de Ibiza. Y en 1299, el rey Jaime II mandó construir la Universitat (sistema de autogobierno que perduró hasta el 1717). La Universitat de Ibiza celebró sus primeras sesiones en Santa María la Mayor, para más tarde establecer su sede en el edificio anexo a la capilla de San Salvador. Su Consejo Secreto (que se ocupaba de la administración del municipio) reunía a los legados de la Mà Major (estamento de nobles y caballeros), la Menor (los marineros, comerciantes y artesanos) y la Forana (integrada por los campesinos que vivían fuera de las murallas de la Vila). Existía también el Consell General, que se reunía en ocasiones de extrema gravedad.

La ciudad cristiana se fue transformando y adecuando a las necesidades de la nueva sociedad. La disposición tripartita de la madina islámica fue desapareciendo gradualmente, así como las fachadas intermedias de la muralla quedaban integradas dentro de las nuevas edificaciones que se iban construyendo. Pero el recuerdo de los tres recintos árabes se conservó durante siglos en la denominación de las diferentes partes de la ciudad: Vila de Dalt, Vila d’Enmig y Vila d’Avall.

En el año 1354, como consecuencia del conflicto bélico entre el rey de Aragón y el de Castilla, la ciudad sufrió el ataque de Pedro el Cruel, que produjo innumerables daños a las murallas además de saquear el entorno urbano de Vila. En esta época la ciudad todavía estaba protegida por la fortificación de origen árabe, que se tuvo que reforzar después del conflicto.

Entrada principal a Dalt Vila con la catedral al fondo.


Durante la Edad Media se levantaron nuevos edificios, tanto de carácter civil como religioso. En la parte más elevada de la ciudad se construyó la sede de la Universitat (como hemos mencionado anteriormente) y junto a ella la capilla del Salvador y la Curia. También se amplió la iglesia de Santa María con la construcción de un ábside gótico y la torre del campanario. Todas estas edificaciones se dispusieron alrededor del cementerio, que hasta el sXVII estuvo en la actual plaza de la Catedral. El recinto del Castillo fue adaptado a las nuevas necesidades militares y políticas, y fue la residencia de los representantes feudales y gobernadores.

En esta época (y durante un par de siglos más), Ibiza y Formentera se vieron sacudidas por numerosas incursiones piratas, que dificultaron enormemente el comercio marítimo y obligaron a los ibicencos a tomar serias medidas de protección para salvaguardar sus enseres y sus vidas. En 1392, sólo 500 familias habitaban la Pitiusa mayor, progresivamente despoblada a causa de los ataques berberiscos. Y más sorprendente es el abandono de Formentera, ante la imposibilidad de sus colonos de defenderla, dejándola a merced de unos y otros malhechores. Para frenar los ataques de la piratería nace la Milicia ibicenca, cuerpo militar formado por todos los hombres útiles de entre 16 y 60 años de edad.

Los ibicencos contrarrestaron la amenaza ibicenca con sus buques corsarios ya en el sXIV, y consiguieron una patente de corso, concedida por el rey de Mallorca, Jaime III, para ir en busca de esclavos a las costas norteafricanas. Los ibicencos practicaron el corso hasta 1828, que desapareció por orden gubernamental. Estas actividades corsarias supusieron el único factor de desarrollo económico hasta principios del sXIX.

Sincrónicamente a la piratería berberisca, la sociedad ibicenca conoció entre los sXIV y XV, una profundización de las diferencias económicas surgidas entre los habitantes de Vila y los pagesos foráneos. Esta situación explica la expedición militar de la Germanía de Mallorca contra la Vila de Ibiza, el año 1522. Sin embargo, los disturbios sociales no alcanzarían el relieve de la sublevación agermanada mallorquina, ni sirvieron para evitar una miseria endémica prolongada hasta bien entrado el sXVIII. Los masivos ataques turcos de 1536 y 1585 y la peste de 1652 contribuyeron a agravar la crisis económica insular.

Sin embargo la historia está repleta de paradojas y a esta larga etapa de inseguridad física y zozobra social y económica (S.XIV-XVIII) deben los ibicencos el principal de sus monumentos, como son las fortificaciones de Dalt Vila, el recinto amurallado renacentista, erigido para su defensa contra la tan temida invasión turca, que nunca llevó a producirse. Por lo que respecta al ámbito de la ciudad, durante el s XV fueron apareciendo nuevas casas y otras construcciones con elementos decorativos renacentistas; la iglesia de Santa María se ve ampliada de nuevo con la adhesión de capillas a la nave central.

Durante los S.XVII y XVIII, la ciudad va creciendo más allá de las murallas y se forma un arrabal en la Marina, donde vivían marineros y otras personas relacionadas con la  actividad portuaria. Este barrio se protegió con la construcción de s’Estacada. La relevancia comercial del barrio llegó a superar la de la ciudad amurallada, a pesar de que el crecimiento se limitó por las exigencias militares que intentaban reducir su expansión.

Ibiza se convirtió en sede episcopal en 1782, y al siguiente año tomó posesión del cargo el primer obispo: Manuel Abad y la Sierra. Con él llegaron a la isla los nuevos criterios de la Ilustración que contribuyeron a la modernización de las estructuras sociales, a la mejora de los servicios existentes y a la creación de nuevos. El crecimiento  urbano continuó a lo largo del sXIX, cuyo final de siglo se vio marcado por la construcción de la Peixateria y el Mercat Vell, frente a la entrada de Dalt Vila. El barrio de la Marina volvió a crecer con la construcción de un nuevo ensanche: el Poble Nou, que conllevó la demolición de la primera estacada y la construcción de otra parelela, a lo largo de la actual calle del Conde Roselló.

A finales del XIX se produjeron tres cambios importantes para la ciudad: la demolición de la segunda estacada, que permitió el crecimiento urbano en la zona de Vara de Rey; la construcción de nuevas carreteras y la ejecución de las obras del puerto, que favorecieron el aumento de las comunicaciones marítimas con la Península y Mallorca, que incidieron positivamente en la vida urbana y rural de la isla.


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Capítulos de este reportaje
- Los primeros pobladores
- Del s.XVII hasta nuestros días
- Recorrido por Dalt Vila hoy
 
 
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