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- Recorrido por Dalt Vila hoy -
El singular Conjunto Histórico-Monumental de Dalt Vila, definido por su cerco de murallas, ocupa una colina de unos 100m de altitud, que se desploma en su frente occidental sobre las aguas del Mediterráneo. El recinto amurallado de Dalt Vila esconde un entramado de estrechas y sinuosas calles, de cuestas difíciles y antiguos edificios que definen a la ciudad como enclave único en todo el mundo.
Las murallas existentes hoy datan del siglo XVI, y no divergen mucho de otras fortificaciones que la Corona española desplegó en el viejo y en el nuevo continente. Aunque sí podemos vanagloriarnos de que sea de las únicas ciudades-fortaleza íntegramente conservadas.
Como hemos explicado anteriormente, las murallas se levantaron para contener la amenaza sarracena, pues las murallas medievales (construidas en el sXIII sobre las murallas árabes) no podían contener un ataque turco como los que padecieron las ciudades menorquinas de Ciutadella y Maó. Por este motivo, el emperador Carlos encargó al ingeniero italiano Juan Bautista Calvi la construcción de la nueva muralla de Dalt Vila. La planta se trata de un heptágono irregular, que abarca dos niveles escalonados (para adaptarse a las irregularidades del terreno), y sobre las aristas se construyeron baluartes de altura moderada (para combatir el ataque de los cañones ,pues a menor altura, menor blanco para éstos) y fortificados con terraplenes para defender el muro del asalto de la infantería. La obra se realizó en sillar de cantería. Los siete baluartes de Dalt Vila, que tenían dependencias internas, comunicaban mediante señales de humo con catorce torres de vigilancia auxiliares distribuidas a lo largo de toda la costa.
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Curiosa gárgola situada en la subida al baluarte de Santa Llúcia . |
El baluarte de Sant Joan guarnecía la entrada principal del recinto amurallado, el Portal de Ses Taules, que constituye el punto de partida ideal para cualquier itinerario a pie por las entrañas de Dalt Vila. El contorno de los sillares almohadillados evidencia su influencia renacentista, aunque las dos estatuas que franquean la entrada recuerdan su origen romano. Las estatuas que se encuentran hoy en la puerta son dos reproducciones de las originales descubiertas durante la construcción del recinto y que actualmente se conservan en el Museo Arqueológico. Ambas tallas reproducen al pretor y cuestor de Roma, Cayo Tulio Getúlico (a quien el ibicenco Lucio Sempronio Seneción dedicó como testimonio de amistad y reconocimiento) y a Juno, esposa de Júpiter y madre de los dioses.
Pasado el portal se accede al patio de armas, obra de Simón Poulet (1727), lugar singular con diez arcos de medio punto, que durante años acogió el primer mercado hippy de la isla. Y si continuamos el recorrido desembocaremos en la Plaça de Ses Ferreries, antesala de Dalt Vila; cobijada en un nicho del muro trasero, se conserva otra estatua romana, la del edil Lucio Oculacio Recto. A mano derecha aparece la Plaça de la Vila, con planta ancha y larga, que alberga hoy comercios y restaurantes que llenan de vida el lugar. Toda esta zona pertenece al barrio de Santa Llúcia, antiguo arrabal árabe más tarde amparado por las fortificaciones renacentistas, que posee edificaciones modestas, inferiores en categoría a las mansiones señoriales del recinto murado superior.
A partir de aquí hay varios recorridos que conducen a la cima, uno de ellos puede continuar por la calle de Sant Rafael y la Plaça dels Desamparats hasta la calle de Sa Carrossa, vía con lateral ajardinado donde abren sus puertas bares y restaurantes. Sobre la muralla y ajeno a todo el ajetreo, el sacerdote Isidor Macabich reposa en un banco, convertido en una estatua de bronce, que le inmiscuye la eternidad sosegada de la que hace gala su mirada reflexiva.
A pocos pasos del monumento de Macabich, se impone el baluarte de Santa Llúcia, erguido sobre Sa Penya. Posee un espacioso terraplén, que en alguna ocasión alberga algún espectáculo musical. Desde sus muros puede observarse una bonita imagen de la Marina, el barrio de los pescadores, y divisar una buena imagen de la bahía.
Continuemos el recorrido por la calle del General Balansat, en cuyo primer tramo encontraremos la iglesia de Santo Domingo, que perteneció al convento de los dominicos, durante siglos el más importante de Vila. Los frailes de la orden de los Predicadores se establecieron primeramente en Jesús, aunque por temor a las incursiones bereberiscas, se vieron obligados a refugiarse en el interior de las murallas, así que la primera piedra de este edificio se puso en 1592 y su obra se prolongó durante más de cien años.
Contiguo a esta iglesia, los dominicos habían construido otro edificio, el convento de San Vicente Ferrer, que en 1835 daba alojamiento a trece religiosos. Ese mismo año la desamortización de Mendizábal disolvió las órdenes regulares y confiscó bienes muebles e inmuebles, por tanto los frailes abandonaron el convento. El edificio tuvo que ser reconstruido tras la terrible explosión del polvorín de Santa Llúcia, en el sXVIII, pero ni así se evitó la ruina amenazara al convento. De esta manera las autoridades civiles se adueñaron del edificio y llevaron a cabo una restauración completa, para que desempeñara diferentes funciones laicas, pues fue cárcel, escuela, hospital y hoy en día alberga la sede oficial del Ayuntamiento de Vila. Iglesia y convento dan la espalda al perímetro amurallado, que aquí tiene como protagonistas a los acantilados.
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Barrio de Sa Peña, junto al puerto de Ibiza |
Continuando el recorrido, ahora nos adentraremos en la antigua ciudad fenicia, púnica, romana y árabe, la parte antigua de Dalt Vila. Subiendo por la calle de Pere Tur, evocaremos épocas legendarias en las que corsarios levantaban señoriales casonas de piedra, que poseen una inmejorable vista sobre el mar. Aunque todavía no son nada comparadas con la increíbles mansiones de la vieja nobleza de sangre que encontraremos en la calle Major; blasones, aleros, dovelas y rejerías distinguen la alcurnia de estas casonas, arracimadas al límite de la ciudadela árabe, tan cercanas a la catedral. En alguna de estas casas todavía se conservan restos de cisternas árabes.
Por la calle Major, y siempre en sentido ascendente, desembocaremos en la Plaça de la Catedral, ágora principal de Dalt Vila. Aquí tenían asiento la Curia, la Universitat, la parroquia (más tarde catedral), la casa rectoral y el castillo de la ciudad. Aunque hoy aparezca descubierta, otrora poseía pórticos que permitían montar el mercado los días lluviosos.
El primer edificio a mano izquierda es el que albergaba la Curia, también sede de tribunales y notarías, y hoy en día es la residencia episcopal. Junto a la Curia, se yergue la iglesia del Salvador, consagrada el año 1364, que en el sXVII hacía las veces de sede de la Cofradía de los Marineros, que se trasladó en 1702 al santuario de San Telmo (en Sa Marina), tras ser adquirido este edificio por la Universitat de Vila, para ser utilizado como casa consistorial. La antigua capilla-ayuntamiento contiene hoy entre sus muros el Museo Arqueológico de Dalt Vila.
Un episodio común enlaza la historia de la catedral ibicenca con su hermana mayor, la Seu de Palma de Mallorca. Cuentan las crónicas que Guillem de Montgrí, Pedro de Portugal y Nuño Sanç confiaron su aventura militar al patrocinio de la Virgen María, haciendo voto firme de fundar una iglesia parroquial bajo su advocación si lograban la conquista de la ciudad. El nuevo templo recibía su pertinente dotación un mes y siete días después de culminada la conquista de la Yebisah musulmana. Cabe la posibilidad de que, durante los primeros años de dominación cristiana, se utilizara para los oficios la mezquita ibicenca, una vez consagrada ésta al nuevo culto dominante; aunque hay datos que apuntan a la existencia de una pequeña capilla. Hasta el sXIII no se iniciarán las obras del templo gótico, nunca concluso y posteriormente reedificado durante el sXVIII.
De la iglesia se ocupaban un cura-párroco y cuatro presbíteros, tres de ellos dedicados al rezo de horas y oficiar las misas de precepto, y el cuarto con la misión de cantar misa diaria en memoria de los cristianos caídos en la lucha en contra de los sarracenos ibicencos. En definitiva, la catedral, de fachadas sobrias (la escasez de ventanales, las baterías de contrafuertes y la torre severa), tiene aspecto de fortaleza, que se integra perfectamente en el entorno amurallado.
El castillo de la ciudad sienta sus cimientos sobre el punto más elevado de la antigua ciudadela, y quizás posea esta ubicación desde los inmemoriables tiempos púnicos, aunque hay más certezas de que fue construido por los árabes. Los perfiles de su torre se alzan entre los baluartes de Sant Bernat y Sant Jordi. Existe constancia escrita de su existencia en el sVIII, aunque los restos más antiguos de su construcción (la torre del homenaje y las murallas exteriores) datan del la época de la dominación cristiana. Las últimas remodelaciones datan del sXVIII, centuria en la que dispuso de una guarnición de tropa. Sometido hoy día a trabajos de restauración, un ambicioso proyecto prevé convertirlo en un parador de lujo.
El castillo de Ibiza se encuentra situado en la zona del Sot Fosc, desde donde puede vislumbrarse la necrópolis púnico-fenicia del Puig des Molins. Desde aquí podremos seguir nuestro recorrido por dos caminos diferentes. El primero de ellos consiste en descender por el paseo Juan Baptista Calvi hacia los siguientes bastiones de la muralla, los baluartes de Sant Jaume y del Portal Nou, ubicados ya sobre el ensanche de la ciudad. Desde el Portal Nou podrá salir a la Vía Romana (en dirección al Puig des Molins) o regresar al baluarte de Sant Joan por la Plaça del Sol. El otro de los caminos nos hace bajar por la calle Major, para callejear un poco más por las insidias de Dalt Vila, y así llegar hasta la iglesia de Sant Ciriac (santo patrono de la ciudad). Un lienzo del tercer recinto amurallado de la antigua alcazaba musulmana discurría siguiendo el trazado de esta calle y por la arcada parcialmente conservada en el nº10 de la calle, penetró el 8 de agosto de 1235 Joan Xicó, primer soldado cristiano que franqueó el cerco sarraceno.
El último rincón que nos queda por visitar en nuestro recorrido es la iglesia de l’Hospitalet, edificada el año 1423 (por tanto uno de los templos más antiguos de la capital y la isla). Pertenecía al contiguo hospital de Vila, y por su estampa exterior recuerda a la severidad de las parroquias rurales. Este templo fue sede, desde el sXV, de la hoy desaparecida Cofradía de la Sangre, cuyos miembros acompañaban a los disciplinantes en las procesiones del Jueves y Viernes Santo; otra de sus misiones era la de acompañar al patíbulo a los condenados a muerte.
Terminada la descripción de la ciudad, sólo nos queda avisar del mejor momento para hacer una visita a estas viejas murallas. Sin duda, el mejor momento es durante la segundo fin de semana del mes de mayo, en el que se celebra el Mercat Medieval, en conmemoración del ingreso de Dalt Vila en el grupo Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España, asociación formada por los ayuntamientos de las ciudades del Estado español que por sus singulares valores históricos, arquitectónicos y culturales han merecido el reconocimiento de la Unesco como Ciudades Patrimonio de la Humanidad. Esta fiesta medieval llena de color, música y aromas las calles de la ciudad amurallada.
Aquí se termina el recorrido por esta antigua ciudad, la Iboshim púnico-fenicia, la Ebusus romana, la Yebisah árabe y por supuesto nuestra Dalt Vila, siempre magnánima haciendo guardia ante el amplio horizonte que contempla, día tras día, siglo tras siglo.
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