Cerdeña - Córcega.
6 al 10 de Mayo, 2006
Bonifacio, Porto Vecchio, Solenzara,
Córcega, Francia.
“Córcega apareció al salir el sol. Su silueta incolora, de contornos inciertos, parecía flotar sobre la bruma matinal, como ectoplasma inmaterial de un mar en estado de trance…Las montañas surgían en el cielo en cadenas ordenadas unas detrás de otras, unas encima de las otras, culminando en líneas irregulares cónicas, de picos o de extrañas formas cuadradas, como gigantescos molares. Sus flancos, completamente recubiertos de vegetación, parecían inhabitados e impenetrables.” Dorothy Carrington. “Córcega, isla de granito”.
METEO. Dejamos Cerdeña con una previsión de Meteo France ara el Sur de Córcega de vientos variables, fuerza 1 a 3, con la posibilidad de chubascos al atardecer y rolando a SW por la noche. Para el día siguiente se mantenía el pronostico de vientos variables, con redominio de Libeccio, SW, el viento dominante en Córcega, pero con un BMS ya valido para la zona de Lion con el anuncio de una vaguada, asociada a núcleos tormentosos, que entraba en el Mediterráneo por el NW y teniendo en cuenta que una baja de 1008 hPa cruzaba el norte de Francia la noche del 7, podíamos irnos reparando para un poniente o un mistral fresco. Y así fue, tanto el lunes 8 como el martes 9, los pasamos en Porto Vecchio con aviso de temporal W, poniente pues, de fuerza 8 en las Bocas de Bonifacio. Finalmente el miércoles 10 de Mayo una ligera mejoría, con role de nuevo a Libeccio, SW, de 3 a 5 Beaufort, nos permitió navegar hasta Solenzara, para recortar y ganar unas 20 millas en nuestra próxima travesía hacia el archipiélago Toscano, no obstante pudimos comprobar como la mar de fondo residual de los dos días anteriores tenia aún mucha fuerza y hacia la navegación incómoda.
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“Apenas brilló matutina la aurora de dedos rosáceos”, como Ulises solía hacer, salimos de Stintino, rumbo a Bonifacio, Córcega. La mañana preciosa, con sol limpio y el mar como aceite. El terral que nos acompaño durante la primera hora de navegación se esfumo a medida que el sol se levantaba y cubrimos las casi 50 millas de travesía a motor, con la mayor izada como siempre para estabilizar el barco.
Con Asinara aún bien a la vista ya se recorta en el horizonte el impresionante perfil de Córcega, la isla montaña. Corsica, o Kersica, como también se la conocía en la antigüedad, deriva del radical tirrenico “Ker”, que no significa otra cosa que montaña. Y ciertamente la isla de granito hace honor a su nombre, con siete picos por encima de los 2000 metros, una altura máxima de 2700, el Monte Cintu, y una altura media de 567 metros que la convierten en la más alta de todas las islas del mediterráneo. Los griegos la llamaron “Kalliste”, la mas bella, la más hermosa, un superlativo aún valido hoy en día.
Llegamos a Bonifacio a las 16’00 con una línea gris de chubascos acercándose amenazantes por el norte. Es uno de estos días en los que te alegras de llegar a buen puerto… y desde luego de llegar pacíficamente, no como un invasor. Y es que la entrada, el espectáculo de la llegada a Bonifacio se las trae, mejor llegar en son de paz. El mar penetra más de un kilómetro, como en un estrecho fiordo, entre verticales paredes calcáreas, blancos acantilados, un muro infranqueable, cortado a pico y que culmina en toda su vertiente meridional con una vertiginosa ciudadela, bastión amurallado, desde donde debía llover fuego sobre las embarcaciones que no eran bien recibidas.
Así ocurrió en numerosas ocasiones y solo para ceñirnos, remitirnos al pasado común, que la une con Cerdeña, pese a seguir caminos y suerte distinta, digamos que llegó también a finales del siglo XIII, concretamente en 1297, a manos de la Corona de Aragón por donación, expreso deseo del papado, recordemos que el papado tenia el dominio titular de las dos grandes islas desde la época de Carlomagno. De este modo trataba de poner fin a la querella, litigio, que enfrentaba a las republicas de Génova y Pisa por el control de estas islas vecinas.
El Papa en cuestión, Bonifacio VIII, coincidencia con el nombre/puerto, en ese momento se inclino por la Corona de Aragón, intereses y visión de futuro tendría al jugar a favor del gran reino emergente, que en cuestión de un siglo se convirtió en la mayor potencia mediterránea. Pero el designio y los votos papales no fueron suficientes para que los aragoneses ocuparan/dominaran efectivamente la isla.
Génova y el pueblo corso, envuelto en luchas feudales, opuestos/enfrentados a la nobleza dominante hicieron lo posible, y lo imposible, para impedir la efectividad del tratado/donación. Durante más de un siglo y hasta 1430 fracasan los intentos de la Corona de hacerse con la isla, fue Alfonso V de Aragón quien más cerca estuvo de someter Córcega y fue precisamente a los pies de la inexpugnable ciudadela de Bonifacio en 1420 donde tuvo que renunciar al intento cuando ya había sometido y doblegado al resto de las altivas fortalezas corsas.
Antes, a finales del XIV, el caudillo local, el noble Arrigo Della Rocca, aliado de los aragoneses, había estado a punto de controlar la isla, pero un complot, una traición orquestada por Génova acabo con su frágil dominio. Finalmente la isla quedará en manos de un “Oficio de San Jorge”, una especie de banca, compañía comercial de la época, bajo los intereses comerciales de la Republica de Génova y pese a continuas revueltas, también intentos de ocupación por parte de los franceses, y otros avatares históricos, incluido un corto y brillante episodio independentista, con constitución, la primera constitución liberal europea, iniciativa de Pascal Paoli en 1755, en los que ahora no vamos a entrar… Córcega acabará incorporándose a Francia, tratado de Versalles 1768, tras un arreglo amistoso, en realidad una venta, por parte de los genoveses que ya no dominaban realmente la isla. La ocupación fue a sangre y fuego, y así desde entonces… pese a Napoleón y…cortamos aquí que la historia es larga y complicada. Mejor volver al pasado y a nuestro viaje que es lo que nos interesa.
Un puerto, Bonifacio, que tras la decepción de Porto Pozzo, parece ajustarse más que nunca a la descripción de Homero : “Cuando allí llegamos a su celebre puerto, que un muro de rocas escarpadas protege alrededor por todas partes, mientras que las riberas se enfrentan paralelas y avanzan hacia la embocadura dejando una angosta entrada, allí dentro atracaron las naves de curvos costados. En el interior del redondo puerto quedaron varadas muy juntas. En él nunca se encrespaban las olas, ni grandes ni pequeñas; reinaba una clara bonanza.” Todo encaja, salvo quizás el “redondo”, si bien al fondo del puerto, el tajo de Bonifacio parece abrirse, dibujar un circulo, y las paredes retroceden un poco, se hacen más suaves, no se… igual es sugestión nuestra.
En cualquier caso es un abrigo perfecto, e incluso en su entrada, en la cara norte, el peñón, la roca de la Madonetta, podría corresponder con el lugar donde Ulises amarra/fondea su embarcación, fuera del puerto, y se encarama al promontorio para ver, otear, si acecha algún peligro. Esta precaución es la que le permitirá salir vivo de la encerrona. Así lo dejan entender algunas versiones/traducciones: “Mis compañeros entraron y amarraron sus naves muy juntas en el fondo del puerto, en donde no hay oleaje ni siquiera mar rizada, pues reina una plácida calma. Pero yo dejé la mía fuera del puerto y bajo uno de los promontorios la amarré a un peñasco al que me encarame para otear desde lo alto…” Pero en esta misma versión en el momento de escapar, tras cortar las amarras con la aguda/afilada espada y exhortar a sus hombres para que remen con fuerza, concluye “Con gran alegría nos vimos a salvo después de haber doblado los promontorios,” lo cual se presta a la confusión, si estaban fuera ¿Qué promontorios doblan?, o ¿Se refiere tal vez al “muro de rocas escarpadas” que “protege alrededor por todas partes,”? No queda muy claro si nuestro héroe estaba dentro o fuera, el caso es que emprende la huida ante lo desigual de la lucha.
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