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Tras las huellas de Ulises

Cerdeña - Córcega.

6 al 10 de Mayo, 2006
Bonifacio, Porto Vecchio, Solenzara,
Córcega, Francia.

Un dato interesante y que recoge D. Carrington en su genial libro “Córcega, la isla de granito” es que una pintura, un fresco de época romana, descubierto hace unas décadas en Roma y que adornaba el muro de un pórtico, representa esta escena de la emboscada de los Lestrigones, y el paisaje parece coincidir exactamente con el de la entrada, las cuevas y los acantilados de Bonifacio. En la pintura las fortalezas, las torres de los gigantes Lestrigones, se levantan exactamente en el mismo lugar donde ahora vemos a ciudadela amurallada. Si tenemos en cuenta que los romanos se instalaron en Bonifacio y construyeron una ciudad, probablemente la Marianon citada por el geógrafo Ptolomeo en el siglo II D.C., es más que posible que recogieran alguna tradición oral que guardara memoria de la Telépilo homérica y de ahí la inspiración del pintor y el realismo en la representación. Como siempre les toca a ustedes juzgar cual es el lugar que se ajusta mas al texto de La Odisea, nosotros no hacemos sino seguir la estela de Ulises…
Volviendo al puerto, a nuestra estancia, la tarde se nos fue en un interminable y precioso paseo primero por los acantilados, por el sendero que lleva al capo Pertusato y desde donde se domina, vista única, el paso de las Bocas, islotes, escollos por doquier y Cerdeña al fondo, y también el espectáculo vertiginoso de las casas colgantes del viejo Bonifacio, granito gris y rosa en contraste con el blanco calcáreo del promontorio y el azul verdoso del mar. Luego, tras franquear las murallas, nos perdimos por las callejuelas medievales, trazado laberíntico, de la altiva ciudadela de Bonifacio. Aquí parece como si el tiempo se hubiera parado, y se sintiera aún el olor de la pólvora.

El domingo amaneció tapado, brumoso, con capas de estratos cubriendo el cielo, un cielo gris opaco. Al doblar la bocana vemos delante nubes cargadas de lluvia y a babor también. El viento es flojo, la previsión era de variable fuerza 3 orientándose a WSW, la verdad es que el día no invita a navegar, pero la distancia es corta, unas 30 millas hasta Porto Vecchio, y probablemente mañana aún este peor, o sea que seguimos con nuestra ruta, ¡vamos a por las Bocas!
Llevamos un rizo preventivo en la mayor y desenrollamos el Génova, pero el viento, escasos 8 nudos de Oeste, es demasiado flojo y preferimos apoyar con el motor, no es cuestión de enredar demasiado por estos parajes. Hemos apuntado, hacemos rumbo al escollo, señalizado por una baliza, de Lavezzi, pasaremos entre este y la isla, o mejor dicho el amasijo de rocas, granito rosa, que compone este hermoso, salvaje e inquietante archipiélago. Un ojo siempre en la sonda ya que, aunque el paso esta balizado, todo el perímetro de Lavezzi y Cavallo esta minado de escollos, hay que dar margen, pasar a distancia prudente de estas rocas.

Alghero
Foto: Isabelle Moureau - Saliendo de Solenzara rumbo a Giglio. El impresionante espinazo corso al amanecer.

Cuando estamos al través del faro, rojo y banco, de Lavezzi, y nos aprestamos a cambiar el rumbo, a apuntar ya hacia el norte, vemos el triste monolito conmemorativo del naufragio de La Semillante, un navío de guerra francés que a mediados del siglo XIX, mientras se dirigía hacia Oriente, a participar en la guerra de Crimea, tropezó con estos escollos. No hubo supervivientes, perecieron todos, cuerpos y bienes, como dicen los franceses, más de 1.500 almas… Un pequeño cementerio en la isla desierta queda como testimonio de la tragedia. Y a decir de los testigos soplaba un huracán aquel día en las bocas, probablemente el barco, procedente de Tolón, en el sur de Francia, en un desesperado intento por buscar el abrigo, el sotavento de Córcega y Cerdeña, se la jugo en una maniobra desesperada a través del diabólico paso. En Bonifacio ese día toda la ciudadela estaba envuelta en una nube de salitre, del vapor, de la espuma que levantaba el temporal, la visibilidad era nula y el estruendo, el embate de las olas contra el acantilado, ensordecedor… todas las ventanas y puertas cerradas a cal y canto, el viento arrastraba, se llevaba por delante a quien se atrevía a salir a la calle… eso es lo que recogen los testimonios, las notas de la época.

En la otra orilla, en Cerdeña, en el Capo Testa, el farero de guardia, en servicio, creyó apercibir, antes de la puesta de sol, la silueta de un barco, una imagen fantasmal, a la deriva, con as velas desgarradas internándose en las Bocas… luego, más tarde, un estruendo… el mismo sonido infernal, como un trueno que despertó al pastor que por aquel entonces era el único habitante de las Lavezzi. El hombre, prudente, se guardo mucho de salir en plena tormenta y de noche, pero al día siguiente el espectáculo con el que topo fue desolador, dantesco, cadáveres flotando, maderas, restos de la embarcación… una visión apocalíptica.

Hoy al doblar este siniestro escollo, con este cielo gris y de pocos amigos, la sensación es sobrecogedora y nadie a bordo habla. Es como un pequeño tributo a las almas que allí quedaron.

A nosotros el tiempo parece que nos sonríe, pasamos entre dos chubascos, y al doblar el escollo/islote de Perduto vamos ya a vela, a 6 nudos, rumbo a las Cerbicales, dejaremos a babor el golfo de Santa Manza, el fondeo de Rondinara, escalas de verano, y apuntamos a la Chiapa, el promontorio que marca la entrada sur del majestuoso y acogedor Golfo de Porto Vecchio.

Apenas mediodía, domingo 7 de Mayo y estamos ya amarrados al pie de la ciudadela, también amurallada y de fundación genovesa de Porto Vecchio, el gran puerto natural de SE de Córcega. Aquí esperamos a Helene, economista y profesora universitaria en Paris, buena amiga de Isabelle que además se interesa por la historia, los sistemas/tipos de intercambio en la edad de Bronce y nos dará una mano, nos ayudara a clarificar un poco el oscuro/nebuloso concepto del comercio en épocas tan lejanas… bueno nos dará dos o tres manos, ya que también se ocupara de la cocina, tiene manos de ángel, y del timón, es una apasionada de la vela. Con estas credenciales como se pueden imaginar estamos encantados de tenerla a bordo.
Pero no adelantemos acontecimientos, Helene llegara en el ferry de Marsella el martes 9, y nosotros tenemos aún que recorrer el tercio sur de la isla, mañana alquilaremos un coche, para seguir con nuestra particular encuesta, analizando, comprobando los vínculos que unen las culturas megalíticas del triangulo que acabos de recorrer, Mallorca, Menorca, Cerdeña y Córcega.
Los Talayots, los Nuraghes, se llaman aquí Turri, torres, cultura Torreana y ya que estamos/entramos en nombres y etimologías digamos que Tirreno viene o puede venir de torre, turri, de constructores de torres, como Etrusco, o Teresh, Tursha, Tyrsenoi, Tirrenos… diferentes nombres para señalar a otro de los míticos nombres que formaban la confederación, la heteróclito mezcla, de los “pueblos del mar”. Pero no nos dispersemos, estamos en Córcega, y en esta isla todos los caminos, los de la prehistoria, los de la cultura megalítica, llevan a Filitosa.



Tetradracma; S. V a.C.
 
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