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Tras las huellas de Ulises

Cerdeña - Córcega.

6 al 10 de Mayo, 2006
Bonifacio, Porto Vecchio, Solenzara,
Córcega, Francia.


El poblado de Filitosa se encuentra en la cara norte del Golfo de Valinco, en la costa suroeste de la isla, junto al fondeo de Porto Pollo, un buen abrigo para el duro mistral, a unos pocos kilómetros en el interior. No se ve el mar, pero está al lado, escondido en un valle, al pie de un peñasco, de un promontorio, verde de encinas moteado de rocas graníticas, rodeado de altas montañas, el telón de fondo de siempre en Córcega. Un curso de agua, entre riachuelo y torrente, corre vecino al estratégico emplazamiento.

La clave, el misterio, y también la importancia de Filitosa radica en sus famosas estelas, estatuas, menhires antropomórficos, con forma humana, representación pétrea de unos guerreros, de unos héroes de la edad de bronce. En una concentración, una densidad, elevadísima, mas del 50% de las estatuas “armadas” de Córcega, y en la isla encontramos hasta 73 megalitos antropomorfos. Casi los mismos que en el resto del estado francés, pese a la importancia y al fuerte desarrollo del megalitismo en Bretaña y en la costa Atlántica.

Nuraghe
Las estelas de Filitosa, en el Golfo de Valinco, Corcega.¿ Representación de los guerreros Shardana?

Un hecho sin parangón ni precedentes en la cultura megalítica mediterránea y europea, pero además, en nuestro caso, en esta aproximación, estudio u observación comparativa que estamos haciendo entre estas culturas del Bronce en las islas del Mediterráneo occidental, es como topar, darnos de narices con uno de estos guerreros, de estos misteriosos “pueblos del mar” a los que llevamos siguiendo la pista desde las Baleares.

Aquí lo de la imagen vale por mil palabras es una realidad y a ellas les remitimos, ya que estos testigos, testimonios pétreos, parecen ser la representación de unos guerreros invasores que a mediados del segundo milenio, pongamos que entre el 1.800 y el 1.500 A.C., siempre coincidencia de fechas, vinieron a romper, a enturbiar, la paz, el tranquilo aparentemente modo de vida de una sociedad primitiva, de unos primitivos pobladores corsos que ya habitaban en este poblado desde hacia varios milenios.

La datación, fecha aproximada de construcción, en el segundo milenio A.C., de las dos Turri del poblado y del perímetro amurallado que lo envuelve y protege, muros ciclópeos en los que se utilizan antiguos dólmenes y menhires, indica que nos encontramos ante una situación de cambio, de convulsión, de conflicto. Probablemente de una invasión, de la llegada de nuevas gentes en son de guerra, enfrentados a la población local y que acaban imponiendo un nuevo tipo de cultura y aportando nuevas técnicas constructivas.

Lo más impactante para nosotros, y también para los arqueólogos por supuesto, es la increíble semejanza entre estas rusticas, hieráticas, estatuas con los bajorrelieves del templo egipcio de Medinet – Habu donde Ramses III celebró, con su construcción, su victoria sobre los terribles invasores, los “Pueblos del mar”, y donde junto a las figuras, guerreros con cuernos y espadas idénticos a los de las estela de Filitosa, encontramos inscripciones como esta :
“ Yo derrote a los Danan de las islas, y reduje a cenizas a los Tjeker, los Phelets, y los Shardin y los Washes del mar fueron anulados y hechos prisioneros… numerosos como la arena de la playa…”

Conviene recordar que estamos en el 1.183 A.C., en el siglo, la centuria negra, en la que desaparecen las más importantes ciudades de Grecia y de Oriente Medio, Micenas, Tirinto, Tebas, Pilos, Mileto… y por supuesto Troya.
Todo apunta a que en este siglo de convulsiones, saqueos y guerra se producen unas migraciones, unos movimientos de población, en diversas direcciones y por diversas causas. Se ha hablado de variaciones climáticas, largos periodos de sequía que acabaran produciendo hambrunas y empujaran, favorecerán estos movimientos en busca de mejores tierras para el cultivo, de agua…y también a crisis puntuales, asaltos y destrucción de los palacios y ciudades micénicas, por centrarnos en un caso, en busca de reservas de alimentos, de grano.

Tampoco se descartan, como ya hemos comentado, catástrofes naturales como terremotos, cataclismos, que forzarían esos desplazamientos, pueblos enteros en busca de nuevos asentamientos, nuevas tierras… Dentro de ese contexto tenemos que situar el misterio de los “Pueblos del Mar” y del conjunto de nombres que salen continuamente a colación, podemos destacar los Phelets o Pheleset, que todo el mundo está de acuerdo en identificar con los Filisteos, los Filisteos de la Biblia, y que acabaran instalándose y dando nombre a Palestina.

Los Akwasha o Akaiasa serian los famosos Aqueos que tras participar en el sitio y destrucción de Troya acabarían envueltos en la misma dinámica de fuego y destrucción que habían puesto en marcha, digamos que ellos encendieron a mecha y luego se vieron afectados de rebote por la explosión.
También podemos reconocer a los Weshesh o Wasasha como los Troyanos, los habitantes de Wilusha, el nombre hitita de Troya-Ilion.

Y por fin, aquí queríamos llegar, uno de los citados con más frecuencia los Shardin o Shardana, o Danan…distintos nombres para un pueblo marino por excelencia, el de los sardos, los primitivos habitantes de Cerdeña. En palabras del faraón Ramses II, en la época del Éxodo bíblico, “ Los Shardana han venido en sus naves de guerra desde en medio del Gran Mar, nadie puede resistirles, hacerles frente…” las referencias a este mítico pueblo son continuas en distintos documentos, papiros egipcios y para un periodo que abarca casi todo el segundo milenio A.C. Y ya que estamos/entramos en citas, las presentaciones, digamos que también dejaron su huella en Creta, donde junto a los Aqueos, los akwasha de las fuentes egipcias, debieron participar en el pillaje, en el ataque a la antigua y refinada civilización minoica como nos lo recuerda Plutarco. De esa lucha, que no dio ser facil, dado el renombre y la fama de la talasocracia, imperio del mar, de la gran isla de Minos, queda un testimonio, una noticia, de Simonides de Ceo, que dará lugar a una leyenda: Algunos guerreros Shardana capturados por los cretenses fueron entregados, para su tortura y muerte, al mitico gigante de bronce, Talos, que era el símbolo de la fortaleza y de la invulnerabilidad de las costas de Creta. Pues bien según este relato los sardos iban al suplicio, a la muerte, riendo, con una sonrisa cínica, de burla, el sardus gelo homérico, que pasaría a la historia como la risa “sardónica”.

Podemos, es tentador, deducir que este mismo pueblo de navegantes, de guerreros insolentes, armados con sus espadas de bronce y sus cascos con cuernos, se movió a sus anchas por todo el Mediterráneo. Que desde Cerdeña invadieron u ocuparon, o se asentaron, en Mallorca y Menorca y antes o a la vez se instalaron en Córcega. Y se enfrentaron, doblegaron, se impusieron por la fuerza a la población autóctona de esas islas.



Tetradracma; S. V a.C.
 
Consell de Mallorca
 
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