Cerdeña - Córcega.
6 al 10 de Mayo, 2006
Bonifacio, Porto Vecchio, Solenzara,
Córcega, Francia.
Para el caso de Córcega, volviendo a Filitosa, y según el prestigioso arqueólogo Roger Grosjean, que fue el responsable, encargado de supervisar y controlar, los trabajos de excavación/investigación del poblado corso en la década de 1960, no cabe ninguna duda de que se produjo esa invasión. La construcción tanto de las Turri como de las murallas ciclópeas solo se pueden explicar en el contexto de un periodo bélico, de ocupación, lucha armada, con la llegada de un pueblo desde fuera, desde la vecina Cerdeña, en torno al 1.800 A.C. que se impone a los locales y trae sus propias técnicas constructivas, su propia cultura. Dentro de este periodo de lucha, de enfrentamiento, las estelas de estos guerreros armados, estas estatuas antropomórficas, serian para Grosjean la representación de los jefes enemigos, de los caudillos sardos muertos en combate. Con estas estelas los habitantes del poblado, los locales, pretendan exorcizar e inmortalizar en la piedra la fuerza de los guerreros enemigos, para que atrapada en el granito esta no pudiera manifestarse más.
Grosjean no se plantea ninguna duda en cuanto a la procedencia o a la identificación de dichos guerreros, parece evidente que se trata de “nuestros” Shardana, los mismos que en distintas oleadas se enfrentaron a los faraones egipcios entre los siglos XIV y XII A.C. y que encontramos como mercenarios y como piratas en distintos saqueos, Troya entre otros, en el siglo “negro” en el que desaparece la cultura Micénica.
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Finalmente, para cerrar este capitulo dedicado a la común cultura megalítica de estas islas occidentales, y para terminar también con estos misteriosos “Pueblos del mar”, cabría avanzar la hipótesis del investigador sardo Leonardo Melis, según la cual, dichos Shardana llegaron a Cerdeña procedentes de Oriente Medio entre el tercer y el segundo milenio A.C., trajeron con ellos las técnicas constructivas megalíticas y de ahí la asociación entre las construcciones ciclópeas de Chipre, Mícenas, Malta… Luego desde Cerdeña, por mar, ocuparon e impusieron su cultura a las vecinas Córcega, Menorca y Mallorca. Y a la vez, posteriormente, en un movimiento boomerang, pendular, de vuelta, participaron en las invasiones de Egipto y lucharon, tomaron parte como mercenarios, en los episodios de saqueo y destrucción que marcaron Grecia y Oriente Medio durante la crisis del 1.200.
De confirmarse tal hipótesis y teniendo en cuenta su condición de experimentados marinos, de grandes navegantes, la tentación de ver en ellos el retrato de los Feacios homéricos, Alcínoo y su corte, aquel pueblo maestro en el arte de la navegación: “Porque no usan timoneles los Feacios, ni gobernalle alguno, como tienen las demás naves. Sino que sus barcos conocen por si mismos los planes y rumbos humanos, y se saben las ciudades y los fértiles campos de todas las gentes y cruzan el abismo marino velozmente cubiertos de brumosa niebla. Nunca hay temor de naufragar o hundirse con ellas.” La tentación, decimos, es fuerte.
Pero hay un punto más, otro interrogante singular, cuando perdemos la traza, el rastro, a los Shardana, casi justo en esa centuria negra, cuando muchos poblados talayoticos y nuraghicos son abandonados, en ese preciso momento y de nuevo en la costa de Oriente medio, aparece otro pueblo mítico, los Fenicios, los “hombres púrpura” de los griegos.
La súbita aparición de los fenicios está también envuelta en un halo de misterio, y su condición de intrépidos navegantes, los primeros, cuentan, en practicar la navegación de altura, en guiarse por las estrellas de noche, en escribir/conservar derroteros, instrucciones náuticas… Parece como si la sombra primero de los Feacios y luego de los Shardana, pueblos del mar por excelencia, se proyectara sospechosamente sobre los Fenicios. No olvidemos que son geográficamente vecinos de los Palestinos, de los Filisteos, Pheleset, primos/aliados de los Shardana… la asociación de ideas se hace fácil, viene rápido, por soñar que no quede… ¿Son los Fenicios los herederos de una tradición marítima milenaria? Lo más apasionante de esta historia es el número de interrogantes y de incógnitas que quedan por despejar.
Tras nuestra visita a Filitosa, y nuestra escapada, paseo mitológico e histórico por la Edad de Bronce y las islas del Mediterráneo, nos toca carretera, esta vez real y sinuosa de vuelta a Porto Vecchio, mas de 150 kilómetros de montaña, podríamos escribirlo con mayúsculas, a través de un paisaje mas propio de los Alpes que de una isla. No tenemos palabras, no hay, para calificar el espectáculo de la montaña, del interior, de los pueblos… Levie, Santa Lucia de Tallamo, L’Ospedale, las Agujas de Bavella…ahora, aquí, solo nombres, pero hay que verlo, hay que recorrerlo, Córcega vale el viaje.
Un viaje que para nosotros, y con Helene ya a bordo, se terminara el miércoles 10, una corta navegación costera, incomoda por la mar de fondo que llega rebotada desde las Bocas, ayer había temporal, pero atractiva por la visión, el panorama de la costa, la montaña verde hasta el mar, las torres genovesas de vigía… pocas millas, apenas 20, que nos acercan hasta la marina de Solenzara, punto de recalada, escala ideal para poner luego rumbo, apuntar, al archipiélago Toscano, concretamente a Giglio, la más meridional del grupo que se extiende en torno a Elba. Mañana cambiamos de pagina, de país, de isla…y más que nunca le seguiremos estela a Ulises, saldremos en busca de la isla de Circe, de la morada del Cíclope, de las Sirenas… vamos a navegar por el Tirreno. No se lo pierdan.
Viendo a posteriori, rememorando nuestra estancia en Córcega, la “kalliste” de los griegos hace honor a su nombre, creo que es quizás una de las islas más bonitas y menos estropeadas que conozco. Con sus montañas majestuosas donde aún ahora en Mayo hay nieve, sus bosques aún intactos, las bellísimas playas vírgenes y las pequeñas aldeas escondidas en las montañas…es un verdadero paraíso.
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