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Menorca - Alghero, Cerdeña (Italia) - II.
1 al 5 de mayo , 2006
Alghero, Cerdeña, Italia.
Stintino, Cerdeña, Italia.
A las 10:30 ya vemos tierra, el imponente Capo Caccia se perfila en el horizonte, el sol sigue brillando, el viento ha rolado a Norte y podemos navegar a vela de nuevo.
A las 17:00 ya estamos amarrados en la bella ciudad de Alghero, o mejor L’Alguer, la ciudad catalana de Cerdeña, una pequeña joya amurallada, intima, única.
Hemos recorrido 200 millas en 34 horas. No está nada mal, un promedio de 5.8 nudos.
El pontón donde estamos amarrados, junto al muelle de Garibaldi, donde la cooperativa de los pescadores, bajo la muralla y el bastión de la Maddonina, es muy pintoresco, aunque autentico, lleno de vida. El dédalo de callejuelas empedradas, un laberinto gótico al que se accede por la puerta del mar, encierra joyas como la catedral, con su vertiginoso campanario, por fin restaurado, ¡gracias Tore!, y las iglesias de San Francisco y San Miguel, la de los jesuitas, con su vistosa cúpula de mosaico, ahora cubierta por un andamio, es su turno. |

Foto:Isabelle Moureau - Las Murallas de Alghero, L’Alguer, al atardecer |
Una maravillosa ciudad, Alghero, que ha sabido mantener su carácter, su personalidad, sin vender completamente el alma al diablo, al turismo, como fácilmente podría suceder con una ciudad tan bella y tan mediterránea que sigue viviendo y mirando, soñando y durmiendo, con el mar.
Aunque oficialmente Cerdeña pertenece a Italia, la isla, la segunda en tamaño del Mediterráneo, más de veinte mil kilómetros cuadrados, cuatro provincias con un gobierno autónomo en la meridional y antigua capital, Cagliari, exhuma un sano aire de independencia y soberanía, como que Italia queda muy lejos y los sardos se las pueden arreglar solos.
La bandera sarda también es curiosa, el fondo es blanco, dividida en cuatro cuadrantes por una cruz genovesa roja y en cada cuadrante la cara de un moro, de un esclavo moreno, seguramente la referencia a un pirata berberisco. La bandera quiere representar el triunfo simbólico de los cristianos sobre los musulmanes que antes dominaron la isla.
Al día siguiente de nuestra llegada Isabelle, cámara en mano, vio entrar en el puerto, y reconoció, la barca de su amigo pescador, Joan del Río a quién conocieron hace años cuando vinieron y pasaron una larga temporada aquí con Juan a principios de los 90.
Unos abrazos, ritual de saludos y presentaciones, y ya tenemos en marcha un agradable mediodía. Siendo hombre de mar y sabiendo que no nos quedaríamos mucho tiempo, que al primer síntoma de buen tiempo largaríamos amarras, sin más preámbulos Joan del Río nos invitó a comer a bordo de su embarcación en ese mismo momento.
La Giovanna de Arco, así se llama la barca en cuestión, un precioso llaud de pesca de unos 10 metros de eslora, luce una enorme vela latina con una antena interminable, 16 metros, y que no es gratuita, de adorno. Muchas veces Joan la despliega la inmensa vela triangular tanto para ir a pescar como para hacer regatas de vela latina, participando en la famosa reunión de Stintino, o en la del mismo Alguer, regatas que se celebran anualmente cada Agosto. Joan es un gran entusiasta de estas citas y él, como jefe de la cooperativa de pescadores de Alghero, la Sant ‘Elm, se encarga de la organización del evento estival en su ciudad, una gran fiesta del mar. Pero no solo pesca, regatas y eventos festivos, Joan en el 92 fue navegando hasta Barcelona, vía Menorca, para participar, a su manera, en la gran parada olímpica.
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