|
 |

|
|
Introducción a la segunda etapa del viaje.
Agosto de 2007
Corfú - Malea.
En Abril de 2006 salíamos del Arenal, Mallorca, con destino a Corfú, Grecia, con un programa bien definido, seguir las huellas de Ulises, o mejor la estela ya que la mayor parte de la aventura tiene carácter marítimo, aunque como suele ocurrir siempre en nuestro querido Mediterráneo, la tierra y el mar viajan unidas, se dan a mano en una misma historia.
Nuestra intención era, saliendo del “lejano oeste”, en palabras de Braudel, de las islas más occidentales de Mare Nostrum, tratar de seguir los pasos de un personaje mítico, Ulises, intentando averiguar lo que hay de verdad en las localizaciones clásicas de las escalas del legendario periplo. Para ello contábamos con la ayuda de Homero, queríamos, ese era nuestro objetivo, devolver la palabra al poeta, y con solo la ayuda de sus versos, magníficamente traducidas en prosa por *Carlos García Gual, ver que había de cierto, de irrefutable, en unos lugares, bahías, calas, puertos, islas, que desde la antigüedad clásica, desde la época grecorromana están consideradas como las escalas verídicas, las que inspiraron la epopeya.
Lo curioso fue que tras un recorrido zigzagueante de más de 1200 millas, desde el mar Balear por el Tirreno hasta el Jónico, pasando por los estrechos de Bonifacio y Messina, parando en una docena de islas, en un viaje que duro mes y medio pudimos comprobar que las “supuestas” escalas, cojeaban todas del mismo pie. No se ajustaban nunca exactamente, fielmente, al texto de la Odisea, a las palabras de Homero. Siempre surgía la duda razonable, unas se acercaban más que otras a la posible ubicación real de la aventura, pero ninguna coincidía exactamente con la descripción, las pinceladas, digamos que impresionistas, del poeta. Y como el Mediterráneo es un mar caleidoscópico, cuyos paisajes se repiten infinitamente, los mismos colores del agua, azules, vinosos, las rocas blancas, calizas, ocres, rojizas, doradas, el sol, la luz… uno llega a la conclusión que en todos los países, mares y tierras, ribereños del Mare Nostrum podemos dar/encontrar con los escenarios, las escalas autenticas, por llamarlas de algún modo, y que por esa misma razón/ecuación dejan de serlo a ciencia cierta. El halo de la ficción se proyecta pues con fuerza sobre la Odisea, y no hay que confundir lo que es una gran obra poética, una creación literaria original y magnifica, que abre un nuevo genero, casi la protonovela, con un supuesto y enigmático manual de navegación, un compendio de hechos, geografía de lugares e historia de unos acontecimientos, que desde luego no podemos ni debemos tomar al pie de la letra.
Es decir que de Ulises y de su viaje no sacamos nada en limpio, en claro, al revés pudimos verificar “in situ” lo confuso, lo contradictorio de muchas de estas supuestas localizaciones y de lo fantasioso, quimerico, del itinerario náutico que teóricamente siguió nuestro héroe. Sin embargo y especialmente en el primer tercio de nuestro recorrido, en las etapas que nos llevaron desde Mallorca a Córcega, pasando por Menorca y Cerdeña, pudimos constatar la evidencia de unos lazos culturales comunes basados en la presencia de unos monumentos megalíticos, construcciones ciclópeas, que nos conducen a la edad de Bronce, y a la hipotética, pero de cada vez más seria tesis de la existencia de los, hasta ahora cuestionados, Pueblos del Mar, los Shardana, Pelesets, Turshis…y media docena más de nombres malsonantes, entre los que se encuentran también los Aqueos. Del periplo de Ulises no podemos confirmar nada, pero sí del de otros guerreros, de otros pueblos, contemporáneos, del mismo mundo, momento, época, que la del rey de Ítaca. No nos queda más remedio que admitir que utilizaron la vía marítima para extender su cultura en el ámbito del Mediterráneo Occidental. Y que en el contexto del caótico 1200 AC, cuando la guerra de Troya, estos mismos pueblos debieron realizar expediciones por mar, siguiendo una ruta similar a la nuestra, que les llevaron hasta Grecia, Egipto y Oriente Medio participando de un modo activo, durante esa centuria de crisis, en la destrucción no solo de la mencionada Ilion, sino también de Micenas, Tirinto, Biblos, Sidón, Tiro y un largo etc… podemos pues concluir afirmando que si bien hay serias dudas acerca del mítico periplo de Ulises, y que probablemente la Odisea solo sea una joya literaria, sí hubo, en aquel tiempo, hombres, guerreros que con sus naves realizaron viajes similares y que tal vez marcaron la memoria de su época y posteriormente inspiraron la obra del poeta.
|
|
Foto: Isabelle Moureau- Fortaleza de Corfú. |
La segunda parte de nuestro programa empezó el pasado Junio del 2007 en Corfú para terminar en Septiembre en el mar Egeo, dando por concluido nuestro recorrido, nuestra particular Odisea. En este caso, para este año, los objetivos estaban perfectamente definidos, apuntando en una doble dirección. Por un lado recorrer las islas del Jónico donde según la iconoclasta tesis de Tim Severin podíamos localizar casi todos los escenarios, las escalas, de la Odisea sin salirnos del marco geográfico de Grecia. Y por otra, una vez en Ítaca, tras patearnos la isla en busca de evidencias históricas que casasen con lo descrito en la Odisea, rememorar el viaje de Telémaco, cantado por Homero en el inicio de la obra, cuatro primeros cantos o capítulos, conocidos por los especialistas como la Telemaquia. Se trata concretamente de la travesía que desde Ítaca le lleva a Pilos, en el Peloponeso, unas 130 millas náuticas, que constituyen en el contexto de la obra prácticamente la única referencia a dos escalas, dos puntos geográficos, perfectamente conocidos, que se pueden situar en el mapa y que por tanto pueden abrir alguna luz, pueden ayudar a conocer los promedios, en cuanto a las velocidades medias, de las embarcaciones de la época. Está navegación hasta Pilos se completaría posteriormente con una vuelta al Peloponeso con el objetivo, de ver, doblar, filmar, el temido Cabo Malea, lugar donde empieza la aventura, el mundo desconocido de la Odisea, la última referencia física, real, del viaje de Ulises, el punto clave donde todo bascula. A la vez realizando este tour peloponesico entroncábamos de nuevo con las teorías de Severin, ya que el irlandés situó junto a Matapán, la arista central de la accidentada península, la morada, el país de los Lestrigones, la misteriosa Telepylos, el puerto “de escarpadas riberas” donde los gigantes caníbales destrozaron a pedradas la flota del de Ítaca.
Este aventurero irlandés, geógrafo diplomado por Oxford, especialista en la reconstrucción de viajes míticos, como el de San Brandan a través del Atlántico, Simbad en el Indico y Mar de China, y otros muchos, decidió en el ya lejano 1984 lanzarse tras los pasos de Ulises como ya había hecho el año anterior con Jasón y los Argonautas. Utilizó para ello una replica de una nave, de la época micénica, construida a escala según técnicas artesanales similares a las que se debían utilizar en la edad de Bronce. Con esta embarcación de 15 metros, y con un grupo reducido de marinos voluntarios, a remo y a vela cuando se podía, siguieron una ruta de Ulises, Odisea en mano como nosotros, y conforme a una hipótesis que había trabajado y documentado previamente.
Apoyándose tanto con textos de los autores clásicos grecorromanos, como en obras etnográficas y del folklore heleno, y abundante material digamos que heterodoxo como antiguos derroteros y cartas náuticas, poniendo el acento en la toponimia, nombres de cabos, de puertos, actuales y antiguos, por si habían cambiado… llego a la conclusión de que si viaje, si Odisea hubo, esta tuvo lugar en un marco geográfico local, próximo, en tierras griegas, con la única excepción de episodio de los Lotófagos, localizado en Libia, en la costa de la Cirenaica. Todo el resto tiene puede situarse perfectamente, y ajustándose bastante al texto homérico, en Grecia: Creta para el Cíclope, Mesapo en el Peloponeso para los Lestrigones, Corfú evidentemente para los Feacios, la isla de Paxos como morada de la maga Circe, El Hades en el Necromanteion del Épiro, Lefkas y su cara norte como doble ubicación de Sirenas y Escila y Caribdis, y por fin Meganisi como la Trinacria donde pastaba el rebaño de bueyes blancos de Helios, el dios solar.
Ir a Bitácora completa
|
|  |
|
| |
|
|