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Tras las huellas de Ulises

Córcega - Islas Pontinas.

11 al 15 de Mayo, 2006
Giglio, Archipielago Toscano, Italia
Ponza, islas Pontinas, Italia
Ventotene, islas Pontinas, Italia


METEO. Después de una noche movidita, rayos y truenos asociados a fuertes chubascos en el norte de isla, el tiempo parece que quiere estabilizarse y para hoy dan NW, mistral, flojito 3-4 Beaufort, rolando por la tarde a N fuerza 3, en principio ideal para la travesía que tenemos por delante, las 80 millas que nos separan de Giglio. No obstante sigue anunciando chubascos tormentosos para la zona de Elba hacia donde nos dirigimos. De hecho la salida de sol no es como para tirar cohetes, unos potentes cúmulo nimbos, como enormes coliflores, cubren todo el horizonte por el Este, no obstante y teniendo en cuenta la mejoría que anuncian y la perspectiva de vientos portantes decidimos zarpar. Finalmente tendremos suerte y a partir de la tarde del 11 de Mayo parece que entramos en la fase amable de la primavera y la inestabilidad, la tremenda variabilidad que nos había acompañado hasta ahora, va a dejar paso a unos días amables, sol y brisas térmicas, que harán de la navegación una delicia, un paseo, a medida que nos vamos deslizando hacia el SE, parando en las islas que jalonan la costa italiana.

Rompientes
Foto: Isabelle Moureau - Agua turquesa en el parque Natural de la Magdalena, en el archipiélago Sardo.  Bocas de Bonifacio. Fondeo de Budelli.

El día empieza pues raro aunque el parte meteorológico, como acabamos mencionar parece favorable. Por la noche hubo tormenta al Norte, bastante lejos y hay mucha mar vieja, con olas incomodas que frenan nuestra progresión a motor. El viento irregular y… de proa, por supuesto.

Cubriremos así las primeras horas de travesía, escrutando el horizonte para ver como pinta la cosa, si seguimos o hay que dar media vuelta. A medida que el sol fue ganando altura los nubarrones negros de proa se iban esfumando, desvaneciendo y ello nos animó a proseguir pese a estar picando sal, mojando la proa continuamente. Por la tarde vino el premio, a eso de las 16´00 entro el nortecito anunciado y la navegación cambio de color, con todo el génova fuera y el rizo prudente de fondo sacamos 7 nudos, el barquito va como una moto y Helene no nos deja tocar la caña. Robertiño, nuestro piloto automático, se toma un merecido descanso.

La visibilidad es espectacular, fruto seguramente de los chubascos de la noche y de la atmósfera limpia que trae la tramontana. Cuando hemos cubierto 35 millas parece que seguimos tocando las montañas de Córcega, todos los picos están nevados, a babor la enigmática Isla de Montecristo nos ha ido marcando el rumbo desde casi el principio, y ahora a se distingue, mas al norte, un poco más al fondo, Elba y por la proa se dibuja limpia la silueta de Giglio y e incluso se intuye la tierra firme, el continente italiano, seguramente el promontorio del Argentario.

Finalmente a las 21´00 doblamos el extremo sur de Giglio, con la última luz y ya casi sin viento, increíblemente se sigue viendo en el rojizo poniente el majestoso espinazo de Córcega y estamos a mas de 80 millas, condiciones de visibilidad excepcionales y que nos llevan a pensar en que quizá en la Edad de Bronce y teniendo en cuenta la ausencia de contaminación atmosférica, el hombre aún no había metido mano al planeta, no habíamos ensuciado, ni roto el equilibrio natural, con una atmósfera, un cielo, más limpio, la visibilidad normal tal vez pudiera ser como la de hoy.

Atracamos en Giglio como a las diez de la noche, hemos hecho 85 millas desde Solenzara, y bajamos a tierra, estamos en Italia y vamos a celebrarlo cenando una pizza. El puerto es muy bonito y diminuto. Cuando están los dos enormes Ferrys, bueno no tan grandes aunque aquí lo parecen, nadie se puede mover. Lo ocupan todo.

Giglio será el punto más septentrional de nuestro recorrido, de aquí apuntaremos al Sureste hasta llegar a las islas Pontinas, las Flegree, las Eolias o Lipari y luego a Messina, es decir que vamos hacia abajo, y sicológicamente así lo sentimos, vamos cuesta abajo y de rodada... Todos contentos y de humor festivo a bordo.

Por la mañana, a primera hora, con la mejor luz, salimos a filmar y a tomar fotos de este pueblo encantador que además, ojo al dato, a la anécdota, fue quizás el último en ser asediado por piratas berberiscos en 1799, y los pobladores resistieron el asedio, encerrados detrás de las murallas de su castillo, Giglio Castello, en lo alto de la isla, en el recinto medieval, por más de un mes, sin que nadie viniera en su auxilio. Es increíble pesar que eso pasara tan recientemente, en las barbas del Siglo XIX. Como dato curioso digamos que etimológicamente Giglio procede del griego “Aegilium”, que significa “Cabrera” , lugar donde hay cabras, y como muy bien nos explico nuestro amigo y guía del Parque Nacional del Archipiélago de Cabrera, Biel Servera, en nuestra primera escala, este topónimo que se repite en latín o en griego en diferentes islas e islotes del Mediterráneo, se utilizaba para indicar y recordar a los marinos que en estos lugares en determinado momento se habían introducido cabras, repoblado con cabras, para que de este modo hubiera “alimentos”, carne/caza, en previsión de futuras escalas.

El día, viernes 12, es muy bueno y a las 9 de la mañana, después de haber hecho el lleno de Gasoil y algunas compras, salimos. El tiempo se anuncia tan bueno que Juan decide saltarse las dos etapas que teníamos previstas en la recamara, por si el tiempo no ayudaba, por si se torcía, ambas en tierra firme italiana, Civitavecchia y Anzio, y como a meteó invita vamos a seguir con nuestra particular ruta de las islas, vamos directo hacia las islas Pontinas, 130 millas por delante.

Será una navegación de 24 horas para llegar a Ponza ya de día, y antes, al amanecer, con el sol veremos surgir por estribor el Capo Circeo. Estamos ya en el Tirreno y las referencias la Ulises van a ser constante, entramos en el terreno de los clásicos. En las próximas 300 millas vamos a topar, recorrer gran parte de las supuestas escalas, con los lugares donde según los historiadores, los helenistas, los expertos, llamémosles “ortodoxos”, Ulises vivió su Odisea: Primero será Circe, luego la visita, bajada al Hades, los infiernos, mas tarde las Sirenas, y también pasaremos junto a la gruta del cíclope, Polifemo/Vesubio y finalmente tras parar en el reino de Eolo, trataremos de doblar Messina si nos lo permiten Escila y Caribdis.

A partir de ahora el diario, nuestro relato, será doble, por un lado seguiremos con nuestro viaje real y les iremos situando en la carta y en el tiempo, pero por otro entraremos en los cantos de la Odisea y recrearemos el viaje de Ulises como lo contó Homero y como lo entendió Juan que lleva un par de años dándole vueltas a la historia. Con él, con su resumen del relato, devolveremos la palabra al poeta para comprobar si las descripciones de las escalas, los retratos físicos del relato, se ajustan a los lugares donde tradicionalmente se han situado. Y a continuación revisaremos las diferentes teorías, compararemos los pros y los contras y como siempre ustedes tendrán la última palabra.


Tetradracma; S. V a.C.
 
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