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Tras las huellas de Ulises
La Odisea (II).
Navegan del país de los Lotófagos hasta arribar a la tierra de los Cíclopes, seres gigantescos, de un único ojo y preferidos de Zeus, quien les dio la tierra a la que acababan de llegar Ulises y los suyos.

Al desembarcar, Ulises selecciona a doce compañeros y decide llevar una de las tinajas de vino que le proporcionar Marón, a fin de negociar con ella para la obtención de víveres, de los que andaban escasos. En su recorrido por el lugar, descubren una cueva enorme, dentro de la cual había ovejas y calabazas huecas llenas de leche. Al no ver a nadie, decidieron empezar a comer.
Detalle de una crátera en la que se ve a Ulises atacando a Polifemo. S VII a. C. Museo Arqueológico de Argos.

Sin embargo, el propietario del festín “gratuito” que se estaban dando Ulises y los suyos, no era otro que el cíclope Polifemo, que regresaba a la cueva con una partida de ovejas. Al llegar, cerró la entrada de la cueva con una gigantesca piedra, que hacia las veces de puerta, pero notó la presencia de alguien en su guarida. Preguntó, tratando de averiguar si los allí presentes eran piratas, a lo que Ulises contestó que eran, sencillamente, náufragos que venían de la guerra de Troya y que necesitaban ayuda. Polifemo actuó de forma fulminante, devorando a dos de los compañeros de Ulises, echándose posteriormente a dormir, ya que sabía que, al estar cerrada la entrada de la cueva por una gigantesca roca, el resto no podrían salir de allí.

Al despertar a la mañana siguiente, Polifemo devoró a dos compañeros más, salió de la cueva con sus ovejas y cerró la cueva de nuevo con la inmensa roca. Mientras Polifemo estaba ausente, Ulises tuvo una idea, que puso en práctica al regreso del cíclope. Éste, cuando llegó, acabó de nuevo con otros dos marineros, tras lo cual Ulises se presentó como Nadie y le ofreció vino a fin de lograr que se emborrachara. El gigante bebió y bebió hasta que cayó ebrio. En ese momento, Ulises y los suyos le clavaron una estaca en el ojo, dejándole completamente ciego.

Los desesperados gritos de dolor de Polifemo, atraen al resto de cíclopes, quienes le preguntan que sucedía, a lo que Polifemo responde:

  1. "¡Ah! Me atacan. Me han cegado!!!!!!"
  2. "¿Quién te ataca?" – preguntan los cíclopes.
  3. "¡Nadie! Nadie me ha hecho esto!!!"

Obviamente, los cíclopes dan por loco a Polifemo. Que nadie le ataca…luego, ¿de que se queja???. La estratagema de Ulises ha surtido efecto, pero ahora deben salir de allí. Polifemo, al estar cegado y no poder dar con sus agresores, decide esperarlos en la entrada de la cueva y los atrae quitando la gigantesca piedra que tapona la entrada, abriéndoles la posibilidad de escapar.

Para ello, tiene una genial idea: se atan debajo de las ovejas que cuida Polifemo, quien a medida que van saliendo del redil, las va tocando, para comprobar que no se escapaban entre ellas sus agresores. Sin embargo, los que quedan vivos consiguen salir de allí y al llegar a sus embarcaciones, se burlan del cíclope, quien lanza una enorme piedra que casi hunde uno de los buques.





 
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